Más allá de la libertad (Ensayo) 2.-Causas.

Más allá de la libertad (Ensayo).

2.- Causas: Esencias de la libertad.
2.1.- El principio del ser humano.
2.2.- Apariencias y realidad.
2.3.- ¿Hacia dónde? ¿Por dónde?
2.4.- Entre lo acertado y lo equivocado.
2.5.- La falsedad del libre albedrío.
2.6.- Construcciones de la libertad.

Todo empeño por desarticular un concepto para hacerlo realidad práctica surge, desde el principio de sus esencialidades, en una causa general que conlleva, por propia inercia de nuestra naturaleza humana, diversos parámetros de acción a los que llamo esencias de la libertad para llegar al descubrimiento final a través de las consecuencias de dichas causas.

¿Qué son las causas de las que hablo? No me refiero a las casualidades de la vida; esas casualidades que algunos manejan para intentar demostrar lo que ellos desconocen y que, por eso mismo, las definen como casualidades del existir. La existencia humana no es una casualidad superior formada por un conjunto de casualidades inferiores; sino, todo lo contrario, la existencia humana es una causalidad; una acción determinada -nunca indeterminada como dicen tantos filósofos de la modernidad- que nos configura como entes pensantes; seres que podemos actuar e interactuar en base a causas que conllevan consecuencias y, por eso mismo, no dependemos de casualidades más o menos a favor o más o menos en contra de nuestros deseos. Somos el resultado final de unas causas que predeterminamos a través de la libertad. ¿Las predeterminamos realmente a través de la libertad? De eso se trata, precisamente, el presente Ensayo. De poder acercarnos al conocimiento de nosotros mismos para terminar por descubrir qué es la libertad. ¿Existe o no existe la libertad de la que tanto nos hablan los pensadores de la modenidad? ¿Hay algo más allá de la libertad que la confirma o la niega? Si abrimos suficientemente nuestra capacidad de pensar, podemos encontrarnos con un mundo interior mucho más significativo del que, en principio, podemos pensar; porque muchos son los que creen, y escriben en sus sesudos libros, que el mundo nos configura como entes pertenecientes y dependientes de dicho mundo. Si eso fuera cierto, ¿no están anulando precisamente a la libertad que tanto proclaman? El callejón sin salida de tantos y tantos pensadores de la modernidad es que, mientras nos hablan de la libertad nos hablan de un mundo que nos condiciona a ser lo que el mundo nos impone. ¿Comprendéis tal paradoja? ¿Existe la libertad mientras existe un mundo que nos condiciona? Si entendiéramos la libertad de esa manera (de la manera que nos hacen creer) estamos entendiendo, sencillamente, que no somos libres o que el mundo no nos deja ser libres. ¿Es esto una verdad?

No podemos construir nuestro pensamiento propio basándonos en premisas que, mientras nos hablan de que somos libres, nos imponen que somos dependientes de unas causas primarias que nos imponen desde el exterior de nuestro mundo. Y es que hay un mundo exterior y hay un mundo interior en cada uno de nosotros y en cada una de nosotras. ¿Dónde se encuentra entonces la libertad? ¿Dentro de nosotros mismos o proveniente del mundo exterior a nosotros mismos? ¿Es la libertad un concepto igualitario para todos los seres humanos? Si eso fuera verdad tendríamos un mundo exterior igualitario para todos los seres humanos y eso no es cierto. Luego tenemos que plantearnos, seriamente, cuáles son las verdaderas causas de nuestras personalidades humanas; porque, razonando de manera axial, o la libertad de la que tanto nos hablan nos confirma la personalidad o es un manera falsa de filosofar para ocultar que existen muchos seres humanos que carecen de personalidad. Deduzco que si la libertad define a la personalidad, para esos seres humanos que carecen de personalidad no existe la libertad porque no tienen posibilidades de alcanzarla y poder asumirla como propiedad fundamental de una personalidad que no tienen. ¿Tenemos o no tenemos todos una personalidad? Esa es la primera respuesta que debemos encontrar en el mundo de las causas que construyen o deconstruyen el concepto de la libertad a la hora de llevarlo a la práctica. Así que comencemos con el principio del ser humano.

Muchísimos filósofos (pensadores, sociólogos, politólogos de la existencia humana) siempre comienzan basando sus discursos intelectivos por «el principio del hombre». He aquí la primera causa equivocada de todos esos filósofos que intentan explicarnos la causa primaria de la libertad. Existe, a lo largo de toda la Historia de la Humanidad y, por ende, todavía en el pensamiento moderno y contemporáneo una enorme carga da machismo intelectual que es, bajo mi punto de vista, tan coercitivo, tan negativista y tan nocivo, como el machismo físico. No podemos comenzar por querer entender la libertad si comenzamos por analizar nuestro pensamiento humano hablando de «el principio del hombre». No es cuestión simplemente semántica sino cuestión que se encierra en el interior de muchos hombres que aplican al sentido de la vida una prioridad férreamente masculinizada y, por lo tanto, peyorativa no sólo en el lenguaje sino en las prácticas de las libertades humanas que ellos arrogan y aducen principalmente como causas del macho humano.

Lo que tenemos que proponer como primera causa, en la búsqueda de la libertad, es la concienciación de «el principio del ser humano». Quitemos las comillas para liberarnos de las primeras cadenas de nuestros pensamientos. No hay libertad posible (o acercamiento a la libertad) si se nos habla del principio del hombre (como hace precisamente Fernando Savater) en lugar de hablarnos del principio del ser humano. Porque si la libertad existe es causa primordial, prioritaria y principal, del alma humana. ¿Pueden decirme todos esos filósofos y pensadores que tanto hablan del principio del hombre a qué género pertenece el alma humana? ¿Es el alma humana masculina o femenina? Interpretarnos como seres humanos nacidos a imagen y semejanza de Dios conlleva tener bien asumido, como premisa primordial, prioritaria y principal, que el alma no tiene género o que si el alma tiene género es la unidad de su principio masculino con el principio femenino.

Yo, que pertenezco a la ONG MUAD (Mujeres Unidas Apoyando al Desarrollo) ya he demostrado que también podemos definirnos como Muchos Usamos Autonomía Democrática. He aquí un punto básico y fundamental para definir el liberador principio del ser humano en lugar del constreñidor principio del hombre. En el principìo es la palabra. Vuevo a hacer la misma pregunta a los famosos y célebres filósofos y pensadores de la modernidad. ¿A qué género pertenece la palabra humana procedente de la palabra divina? ¿Es la palabra solamente de género masulino o se compone de la unidad inseparable del género masculino con el género femenino? Si el lenguaje humano es causa findamental de la posible libertad humana ¿a qué género pertenece esa posible libertad humana?

El principio del ser humano es el primer enfoque de debemos desarrollar para hablar de la libertad. Y contestando a mi propia pregunta anterior, ningún ser humano carece de personalidad. Es totalmente falso, por lo que tiene de erróneo, que existe un solo ser humano que carezca de personalidad; porque la personalidad no nos la otorga el mundo externo sino el mundo interno que todos los hombres y que todas las mujeres (sea cual sea su edad y su condición social) poseemos como definición de nuestro propio mundo interno. En este sentido, el principio de la posible libertad (¿es posible o es imposible la libertad?) nace, en todo caso y en todo momento, del principio del ser humano de ambos géneros. O somos libres para poder demostrar que todos, hombres y mujeres, tenemos personalidad o hemos perdido la posible libertad porque hemos simplificado la esencia de la libertad a la esencia masculina de la libertad cuando la esencia de la libertad es, por igual, masculina y femenina.

Nacemos libres. ¿Nos hace el mundo exterior libres? ¿Respeta el mundo exterior esa posible libertad con la que todos nacemos? La realidad dice lo contrario. La realidad histórica (que no es la realidad humana en su verdadera dimensión) demuestra que hay seres humanos (muchas mujeres entre dichos seres humanos) a los que el mundo exterior a ellos les presenta ante la sociedad eliminándoles su condición de seres l¡bres porque les anulan señalando que carecen de personalidad. ¿Qué es entonces la libertad si eliminamos la personalidad de un ser humano sea de género masculino o sea de género femenino? Quizás sería muy útil y muy necesario descargarnos de tanto machismo inoculador para poder entender esta causa primaria que todos poseemos en nuestro mundo interior. Es necesario saber que es en el mundo interior de los seres humanos (hombres y mujeres por igual) donde se radica la posible libertad de los seres humanos. Existen muchos mundos internos muy enriquecidos de personalidad propia pero muy anulados a la hora de poder tener la suficiente voz como para expresarlo. ¿Y no es la libertad una expresión humana? ¿Cómo podemos definir a la libertad si no la consideramos como expresión del mundo interno de los seres humanos? Si la libertad sólo fuera lo que «vemos», la libertad dejaría de serlo; simplemente porque todo lo que «vemos» de los seres humanos no es todo lo que son los seres humanos.

Entramos en el juego de las apariencias y la realidad. ¿Es la realidad de los seres humanos aquello que aparentamos ser según nos definen los demás o es la realidad de los seres humanos todo lo contrario a la apariencia de los seres humanos? El mundo exterior a nosotros mismos está lleno de máscaras. ¿Qué son las máscaras humanas sino solamente apariencias ajenas a la realidad? ¿Mostramos de verdad nuestra realidad o estamos forzados por el mundo externo a vivir con la máscara humana de nuestra escondida personalidad? Yo me contesto a mí mismo que si fuésemos únicamente la apariencia que los demás nos imponen desde fuera de nosotros mismos es que no hay posibilidades absolutas de vivir en libertad. La mujer del César sólo puede ser libre, si la libertad existe, siendo la mujer del César sin tener que aparentar que lo es. Vaya esta deducción para tantos y tantos machistas que he podido conocer y lo ponen en duda. Cuando nos obligan a tener que aparentar lo que somos es que nos eliminan la libertad de ser quienes somos.

¿Son las máscaras humanas las que dominan al mundo desde los altos poderes de la sociedad? Lamentablemente sí. Y lamentablemente eso condiciona la posible libertad tanto de los que dominan el mundo social (porque se ven obligados a tener que obligar) como de los dominados por el mundo social (porque se ven obligados a tener que ser obligados). De ello se deduce algo muy importante: la libertad deja de serlo cuando se convierte en obligación porque lo esencial de la libertad es la liberación. ¿Puede ser libre un ser humano obligado a ser libre o, lo que es peor, obligado a aparentar que es un ser libre viviendo con la «máscara» de su personalidad verdadera? ¿O es la libertad una verdadera liberación de las «máscaras» con la que muchos viven para revestirse de una personalidad dominante aún careciendo del carisma necesario para ello? ¿Es por esta carencia real de un carisma que no poseen lo que les hace actuar de manera autoritaria, dictatorial, impositiva y violenta? Miremos al mundo actual (desarrollo final del mundo a lo largo de toda la Historia Humana) y veamos cómo es cierto que la falta de libertad se demuestra por la acción autoritaria, dictadora, impositiva y violenta, de quienes carecen del carisma suficiente para tener un personalidad que convenza y que la sustituyen por una «máscara» de personalidad que, cuando la vemos con total claridad, nos muestran a patéticos personajes queriéndose imponer por el poder coercitivo de la violencia (incluso la violencia de las armas) ya que no saben utilizar el poder de convicción porque les falta inteligencia y formación humana suficientes para hacerlo. Formamos Sociedad Humana. Y, al formar esa sociedad humana, lo justo, lo igualitario y lo equitativo (si es que la libertad existe) es que tendríamos que mostrarnos tal como somos en nuestro mundo interior y no como nos obligan sus deseos de poder, de dominar, de querer ocultar complejos de inferioridad intelectiva para actuar con complejos de superioridad falta de conocimiento verdadero de lo que son los seres humanos.

¿Hacia dónde vamos? ¿Por dónde queremos ir? Dos buenas preguntas que van más allá del «quien soy, de dónde vengo y a dónde voy». Sí importa (y no como nos cantan tantas veces hasta la saciedad los cantantes que se las dan de bohemios pero no saben lo que es la libertad de los verdaderos bohemios) saber quién soy, saber de dónde vengo y saber a dónde voy. El principio de la posible libertad se basa, fundamentalmente, en saber quiénes somos y saberlo con tanta profundidad que podamos decirle al mundo entero quiénes somos en verdad. El principio de la posible libertad se basa, fundamentalmente, en saber de dónde venimos y saberlo con tanta profundidad que podamos decirle al mundo entero de dónde venimos en verdad. El principio de la posible libertad se basa, fundamentalmente, en saber a dónde vamos y saberlo con tanta profundidad que podamos decirle al mundo entero hacia dónde vamos en verdad. Pero yo voy más lejos todavía. Yo planteo que la posible libertad, si es que la libertad es posible, es por dónde queremos ir. Esa sí que es una buena propuesta liberadora.

No podemos conformanos solamente con saber quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos (porque esas son condiciones innatas de nuestra propia personalidad desde el mismo momento en que nos engendran nuestras madres) y pertenecen inequívocamente a nuestro mundo interno. Yo lo que asumo es que el asunto de ¿por dónde queremos ir? es el que de verdad nos determina si es posible ser libres o la libertad está condicionada de tal manera que nos inmoviliza, que nos anula, que nos hace ser seres sin destino. Es el destino la parte que más esperanza contiene a la hora de buscar el significado de nuestra posible libertad. Es más que una esperanza. Es la libertad misma.

Llegados a estas alturas de nuestra conciencia expositiva nos tropezamos con una de las más grandes falsedades y falacias que han construido los filósofos y pensadores de la modernidad. Me estoy refiriendo a esa trampa «mortal» que han edificado en el pensamiento humano como falsa libertad de nuestro accionar como personas. Si de verdad somos personas y podemos definirnos comos personas es necesario saber que todos esos agentes que dirigen el mundo de las acciones humanas de la actualidad, son realmente farsantes. Me refiero a la filosofía del relativismo. Es totalmente falso y errático, promovido para vivir de cualquier manera menos en verdadera libertad como manda la Naturaleza humana, que nuestras acciones sean siempre relativas. Voy a explicarlo con facilidad y no como ellos que lo hacen de tal manera incomprensible que llegan a convencer a quienes no tienen preparación intelectiva suficiente como para descubrir dónde están sus trampas y cómo jugan con naipes trucados.

En primer lugar, cuando hablamos de acciones humanas, tenemos que saber distinguir entre lo que es trivial y lo que es trascendente. Ambas cosas son importantes; pero lo que es trivial sólo tiene importancia relativa (aunque no deje de ser importante por ello) mientras que lo que es trascendente es transcendente. Explico. Lo que es trascendente, al ser también transcendente para nuestro futuro, no puede ser relativo sino que entra en la categoría de los absolutos. No hablo de fundamentalismo alguno sino que hablo de determinismo social, de saber entender algo que es fundamental (no fundamentilista pero sí fundamental que son dos cosas opuestas) para entender la vida y la existencia humana.

Nuestras acciones triviales nos aportan cualidades complementarias a nuestra personalidad pero nuestra personalidad se basa, sólidamente, en nuestras acciones trascendentes. Y es ahí donde los del relativismo han querido engañar al mundo entero. No es cierto que nuestras acciones determinativas, las que de verdad forman las bases fundamentales de nuestras personalidades, no sean buenas o malas sino que todo sea relativo como se les ha educado a generaciones enteras de seres humanos que han perdido su rumbo, que han perdido su destino, que al final no saben por dónde deben ir para liberarse de las cadenas que les han impuesto los filósofos y pensadores de la relatividad.

Lo voy a ejemplarizar fácilmente. Se sabe que de una fuente no puede manar agua dulce y agua salada al mismo tiempo. Por eso o elegimos la fuente de agua dulce o elegimos la fuente de agua salada. No podemos elegir las dos al mismo tiempo. Eso no es una relatividad sino de un valor absoluto. Los valores absolutos (en contra de lo que dicen los teóricos del relativismo) existen, y vienen dados por la misma Naturaleza, precisamente para saber por dónde debemos caminar para vivir en libertad. No es cierto que ciertos asuntos primordiales de la condición humana sean relativos. Algunos cantan que todo depende del color del cristal con que se mira; pero eso es totalmente falso, erróneo, equivocado y hasta errático en las cuestiones verderamente básicas y fundamentales de nuestras existencias. Hay cuestiones que no dependen del cristal con que se les mira sino que son como son por naturaleza propia las miremos con el color del cristal como las queramos ver. Pueden ser vistas con «colores» diferentes pero son absolutas y no relativas; porque no es el «color» de las cosas lo que las hace relativas sino la importancia de las cosas las que las hacen absolutas. Lo que tiene importancia no puede ni ser trivial ni ser presentado como relatividad. Pongamos el ejemplo del futbol. Un penalty nunca es una relatividad porque un penalty acaba por ser gol o acaba por no ser gol. Eso es un absoluto. El penalty termina en gol o no termina en gol. No hay relatividad alguna. Si el penalty entra en la portería es gol pero si no entra en la portería no es gol. Nadie puede ser neutral. No existe lo neutro (ni lo neutral) ni en el lanzamiento del penalty ni en las cuestiones verdaderamente trascendentes y transcendentales de la vida humana o, mejor dicho, de las acciones trascendentes y transcendentales que llevamos a cabo los seres humanos. En este asunto vamos a dar una definición exacta (para no llamar a engaño como hacen los del relativismo) comenzando por las mujeres, por lo de ser caballeros.

Entre lo acertado y lo equivocado (de lo cual hablaremos después) se puede expresar así: quien fue una buena nieta, quien fue una buena hija, quien fue una buena esposa, quien fue una buena madre y quien fue una buena abuela es una buena mujer. Y en cuanto al género masculino, quien fue un buen nieto, quien fue un buen hijo, quien fue un buen esposo, quien fue un buen padre y quien fue un buen abuelo es un buen hombre. Aquí sólo tenemos dos ocpciones: o somos una buena mujer o no somos una buena mujer y, de la misma manera, o somos un buen hombre o no somos un buen hombre. Esta cuestión no es trivial luego no puede ser relativa. Observad que hablo en presente; porque no depende de ninguna circunstancia etaria sino que así ha sido desde el principio de los seres humanos hasta la actualidad. Luego sigue siendo tan presente como siempre lo ha sido, aunque lo nieguen los que se las dan de modernistas creyendo, o intentando hacer creer porque así son de falsos y de mentirosos, que los demás seres humanos (los que no pensamos como ellos porque no nos han eliminado la libertad de pensar en la verdad, con la verdad y por la verdad) estamos ya obsoletos. En cuestiones de naturaleza humana tan trascendente y tanscendental no existe diferencias etarias. Son siempre tal como son, sea cual sea el período histórico que estemos viviendo. Lo bueno es siempre bueno y lo malo es siempre malo. Y entramos en el punto esencial de elegir entre lo acertado y lo equivocado para ver si dejamos ya con la boca callada definitivamente a los que defienden el relativismo como fórmula de vida cuando el relativismo es una fórmula de muerte. Lo voy a demostrar.

Es una realidad obvia y verdadera que, mientras estamos viviendo y con cualquier edad que tengamos, siempre estamos actuando entre un hacer o un no hacer. Continuamente, y momento tras momento, hacemos algo o dejamos de hacer algo. La vida es un sistema binario. Hacemos algo (Sí) o no hacemos algo (No) y, tanto al hacer algo como al dejar de hacer algo, estamos produciendo una causa que tendrá sus consecuencias. Hacer algo (Sí) produce una consecuencia diferente a no hacer algo (No). Lo interesante del asunto es que al hacerlo o al no hacerlo hemos producido algo bueno o hemos producido algo malo. La posible libertad de elección (si es que la libertad de elección no está sometida por la dictadura de quien o quienes nos impiden ejercitar la libertad de elección) es la que produce la libertad de acción. Mientras estamos viviendo, y a lo largo de toda nuestra vida, accionamos o no accionamos. Eso es connatural de la vida misma. Sólo los muertos ni actúan ni dejan de actuar porque ya no pueden decidir entre hacer o no hacer. ¿Véis cómo no existe la relatividad en las acciones que llevamos a cabo mientras estamos vivos? No puede existir ninguna clase de relatividad cuando hacemos algo o dejamos de hacer algo; puesto que son valores absolutos de los cuales depende el momento siguiente que vamos a vivir. Ningún momento de nuestras vidas se dirige por la relatividad sino por lo absoluto de la trascendencia y la transcendencia de cada uno de nuestros momentos de vida.

Y aquí es cuando nos la jugamos todo al Sí o al No. En este sentido, lo fundamental es saber elegir lo acertado o cometer el error de elegir lo equivocado en cada momento de vida que, al ser una causa determinativa, influirá poderosamente en el siguiente momento de vida que vayamos a experimentar. Es una cadena binaria que dura desde el principio de nuestra vida hasta el final de la misma. Lo que no da pie a ninguna clase de duda es que debemos aprender, porque la vida sin aprendizaje no tiene ningún sentido, a saber elegir lo adecuado y a saber no elegir lo equivocado. ¿Cómo decidimos lo adecuado y cómo evitamos lo equivocado? En primer lugar hay que aprender que lo adecuado es aquello que nos libera de imposiciones ajenas a nuestro mundo interior y lo equivocado es aquello que nos ata a las imposiciones procedentes de un mundo exterior que no coincide con nuestro mundo interior. Ahora bien, lo que algunos quieren hacernos creer, es que nuestro mundo interior es relativo; lo cual es totalmente falso puesto que nuestro mundo interior puede ser diferente al mundo interior de otra u otra personas pero es lo que nos califica como seres humanos con personalidad propia y nunca la personalidad propia es relativa. Somos de una manera determinada y no de muchas maneras sin determinar. ¿Qué es lo que conforma nuestro mundo interior? Hablaremos, al final de este planteamiento de las causas esenciales, sobre este tema.

Ahora tengo que decir que discrepo, en algo, del gran Antonio Machado. Aunque coincido con él en la mayoría de sus pensamientos no estoy de acuerdo en uno de sus plantemaientos más conocidos a escala mundial. Y es que no es cierto, o al menos no es totalmente cierto, lo de «caminante no hay camino se hace camino al andar» porque resulta que los caminos sí que existen y, por lo tanto, caminamos gracias a que hay caminos. Lo que es cierto es que tenemos que caminar en algún sentido y que es ese sentido el que nos hace creer que no hay caminos pero cuando caminamos nos damos cuenta de que si no hubiese caminos no podríamos caminar. Quienes nos dedicamos a la afición de ejercitar el Senderismo sabemos, por experiencia propia y no porque nos lo imponga nadie, que cuando caminamos es porque sabemos que hay caminos por caminar. Yo no diría, para nada, «caminante no hay camino se hace camino al andar» sino que diría: «Caminante sí hay caminos y los debes de caminar». Por supuesto que si no ejercitamos la labor de caminar (No) estamos dando a entender que no hay caminos; pero si ejercitamos la labor de caminar (Sí) comprobamos que lo importante no es que haya caminos sino que sepamos elegir aquel camino que nos libera y no aquel camino que nos condena. O libres o atrapados. Caminar supone hacerlo por algún camino ya existente pero quizás novedoso para nosotros (por eso decía Antonio Machado que «no hay camino» pensando que lo hay pero tenemos que caminarlo para saber que lo hay). Con todo esto quiero decir que o elegimos caminar (Sí) para descubrir nuestra personalidad de seres humanos vivos o elegimos no caminar (No) y nos quedamos sin descubrir nuestra personalidad de seres humanos vivos. Elegir lo adecuado y evitar lo equivocado.

¿En qué consiste esa dualidad binaria de adecuado-equivocado o, dicho de otra manera más práctica, bueno-malo? En estar lo suficientemente preparados (algo que debe ser obligatorio para todo ser humano y evitar así la confusión de las mentiras y las falsedades ajenas a nosotros mismos) para saber elegir lo que nos favorece como seres humanos (Sí) como lo que nos desfavorece como seres humanos (No). Pongamos un ejemplo que continuamente se produce y reproduce miles de veces cada año y en cada lugar del planeta Tierra. Me refiero a los casos de violencia de género (por poner un ejemplo). Si observamos una injusticia de tal calibre (la violencia de género es una de las peores violencias que protagonizan los seres humanos que no son personas sino solamente gentes) podemos actuar de tres maneras: lo denunciamos, no lo denunciamos o simplemente lo ignoramos y nos «lavamos las manos». ¿De verdad creéis que tenemos tres alternativas y con ello me contradigo al decir que las acciones sólo son binarias entre un Sí y un No ya que creéis que existe la neutralidad? Si creéis eso estáis cometiendo un error de discernimiento que lo voy a aclarar. Lo adecuado es denunciar dicho caso de violencia y lo equivocado es no denunciarlo. No existe la alternativa del quemeimportismo y «lavarse las manos» porque ante una injusticia o estamos en contra de la injusticia o estamos a favor de la injusticia y en este sentido ¿qué hacen los que se encogen de hombros y se «lavan las manos»? Sencillamente, al no actuar de ninguna manera, están apoyando a la injusticia y están poniéndose a favor de quien comete la injusticia. Esto demuestra que no hay un camino medio, que o estás a favor de la justicia (atacándola) o estás a favor de la injusticia (apoyándola directamente o «lavándote las manos» que es otra manera de apoyarla). Sistema binario. Sólo hay dos alternativas. Recordemos lo sucedido con Jesucristo. Hubo quiénes le condenaban y hubo quiénes le admiraban. ¿Qué sucedió con Poncio Pilatos? Que al lavarse las manos y no querer intervenir en la decisión se puso del lado de quienes le condenaban y no solo eso sino que fue el principal culpable de su condena. Desde un punto de falsa neutralidad (la neutralidad no existe ni tampoco existe lo neutro) lo que hizo fue ser el máximo exponente de la culpabilidad.

Como desenlace de la cuestión del planteamiento general entre saber elegir lo adecuado y rechazar lo equivocado, entramos en un asunto realmente apasionante. Las gentes lo llaman «libre albedrío». Libre albedrío significa hacer algo libremente. Pero ¿qué significa, en verdad el libre albedrío cuando descubrimos las tapadera del engaño que conlleva tal denominación? No es muy difícil darse cuenta de ello. Muchos son los que piensan y creen, no por maldad sino porque no se dan cuenta suficiente de lo que encierran ciertas «propuestas», que el libre albedrío es la libertad de elección de las personas y caen, rápìdamente, en la falsa deducción de que «el libre albedrío» es, sencillamente, hacer lo que a cada uno le dé la gana hacer y sin tener que dar cuentas a nadie por hacer lo que libremente hacen porque les da la gana hacerlo. ¿Es esa la verdad del «libre albedrío» o es una de esas mentiras que se creen porque no se ha pensado lo suficientemente bien antes de determinar lo que significan ciertos conceptos de la libertad?

Supongamos que la libertad existe como valor absoluto. Sólo supongamos que es cierto y verdadero que existe. ¿Qué sucede con el conjunto total de las libertades de todos los seres humanos que viven en una sociedad? Si «el libre albedrío» (como señalan los ácratas y/o anarquistas) supone hacer lo que a cada uno le de la gana de hacer sin tener que responder ante nadie por lo que hace entramos en la situción (que se da muy a menudo cuando existe la dominación autoritaria, el despotismo ilustrado o sin ilustrar, el poder de los mafiosos, la delincuencia y toda clase de maldades y de acciones insanas que os podáis imaginar) de que al hacer lo que nos da la real gana estamos injeriendo en la vida de otros seres humanos a los cuales les asaltamos su libertad de acción. Si hacemos todos lo que nos da la real gana muchos sufren las consecuencias de hacer lo que nos da la real gana. Supongamos el caso de un violador. Él hace lo que le da la real gana porque dice que «el libre albedrío» le da derecho a hacer lo que le da la real gana; pero ¿qué sucede con la libertad de las personas que son víctimas de sus violaciones? Si un ladrón roba porque «el libre albedrío» le da derecho a robar porque le da la real gana, ¿qué sucede con la libertad de quienes sufren sus asaltos, sus robos, las pérdidas de propiedades privadas y que al ser privadas sólo les pertenenen a ellos? Si un mentiroso miente porque «el libre albedrío» le da derecho a mentir, ¿qué sucede con la libertad de las personas que sufren por causa de sus mentiras? ¿Qué es la injusta difamación que sufren las personas dignas e inocentes que sufren por culpa del «libre albedrío» de los violentos, los terroristas, los difamadores? ¿Cómo llamamos a ese sufrimiento que se padece por culpa de los que hacen lo que les da la real gana contra las personas que tienen que sufrir sus injusticias porque dicen que tienen «libre albedrío»? ¿Cómo podríamos llamar a todo eso? ¿Es esa la libertad del «libre albedrío» del que tanto hablan y defienden los filósofos y pensadores del modernismo? ¿Libertad para quiénes y libertad para qué cosas? Podríamos poner un verdadero montón de más ejemplos ilustrativos pero sólo me hago una pregunta crucial ¿cómo llaman a todo eso del «libre albedrío» los filósofos y los pensadores a los cuales al parecer no les interesa más que defender la libertad de todos, absolutamente todos, sin distinguir entre la bondad y la maldad porque van predicando que todo es relativo? ¿Qué pasa y qué sucede con las víctimas que sufren toda su vida por culpa del «libre albedrío» de quienes no respetan la libertad a la vida de los ajenos (que es el máximo ejemplo de libertad que existe y podríamos hablar mucho de ello trantando el tema del aborto voluntario en contra de la libertad de vida de los bebés y las bebés) porque van pregonando que hacen lo que les da la real gana? Ver para callar. Quizás lo que proclaman esos filósofos y pensadores que defienden el «libre albedrío» sea ver para callar. O ver, oír y callar. Que es la fórmula más cobarde que existe para silenciar que están totalmemnte equivocados y que defienden sólo lo que les interesa defender; sólo las causas que les den más fama, más gloria, más popularidad en la sociedad, antes que defender las causas más justas, más solidarias, más humanitarias pero que precisamente por ser las más justas, las más solidarias y las más humanitarias son las menos populares, las que menos gloria y fama dan en una sociedad llena de egoísmos «libertarios» por todas partes; por todas partes menos por una que nos le deja dormir en paz ni vivir con tranquilidad porque le remuerde continuamente sus conciencias. Esa parte que no pueden callar ni acallar jamás se llama alma humana. Y es esa alma humana la que proclama a los cuatro vientos que algo no funciona en esto del encuentro con la libertad y el hallazgo de la libertad. ¿De verdad que la hemos encontrado, la hemos hallado y la hemos puesto al servicio del bien la sociedad? Muchos no sólo pecan por ingenuos sino que pecan, además y sobre todo, por ignorantes.

¿Existe o no existe la libertad? ¿Es la libertad algo que debemos construir con nuestros propios medios o somos tan impotentes que esa construcción nos resulta imposible de edificar? Y si tenemos la obligación de construir una posible libertad justa, igualitaria y equitativa para todos los seres humanos hombres y mujeres por igual y sea cuales sean sus edades, ¿cuáles son los materiales adecuados para intentar construirla? Entramos en el terreno de las consecuencias de las cuales es mejor hacerlo en el siguiente capítulo. Antes de ello sería necesario que tomásemos un poco de tiempo para pensar en esa posible edificación de esa clase de lbiertad que nos favoreciese a todos y a todas y no a unos pocos y unas pocas. Porque la libertad es algo que podría ser hasta una utopía. Pensar en ello mientras tanto.

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