Más allá de la libertad (Ensayo) 3.- Consecuencias.

Más allá de la libertad (Ensayo)

3.- Consecuencias: Camino, Verdad y Vida.
3.1.- Elegir las certezas.
3.2.- Elegir la alegría.
3.3.- Elegir las ideas.
3.4.- Elegir la formación positiva.
3.5.- Elegir la moralidad.
3.6.- Elegir la liberación.

He estado hablando de las causas y terminé hablando de una construcción determinada del edificio de nuestra libertad individual, de nuestras libertad personal en medio del mundo social en donde habitamos. Hablando de las consecuencias, son muchos los seres humanos que predican y van filosofando sobre que son prácticamente imposibles de cambiar. Yo opino al contrario. Aunque parezca que voy en sentido contrario de la opinión racional de la mayoría de la población humana, estoy convencido de que me baso en la razón para afirmar tales cosas. Las causas son, efectivamente, mucho más radicales que las consecuencias. En multitud de ocasiones (en la mayoría de las ocasiones) las causas se enraizan tan dentro de la personalidad de las gentes que les resulta imposible del todo, o casi imposible del todo, luchar contra ellas para derrotarlas. Está demostrado que con las consecuencias se puede hacer lo contrario. En principio parece entenderse que las consecuencias son inevitables y nos hacen ser de una manera determinada nos guste o no nos guste ser de esa manera determinada. Pero voy a demostrar que los filósofos y pensadores que promueven tales creencias están totalmente equivocados.

Me planteaba la pregunta de si la libertad o no existe o es una utopía irrealizable. Muchos creen que las utopías acaban cuando comienza la realidad de los seres humanos y yo, sin embargo, puedo afirmar y afirmo que las utopías comienzan cuando dejamos que el sueño se apodere de nuestra razón. Estamos viendo un mundo que va a la deriva, precisamente porque la inmensa mayoría de la población mundial ya no cree que los sueños sean realidades tranformadoras. ¿Y no será que la libertad siempre tenga que pasar por una fase de transformación del ser humano para ir más lejos de ella? Cuando hablo de transformación no hablo solamente en términos de espiritualidad como muchos pensadores hablan; yo hablo de una transformación espiritual pero basada, por supuesto, en una transformación física porque os puedo también afirmar que la sensibilidad del corazón, que es un elemento físico y espiritual al mismo tiempo, puede hacer y puede lograr que los sueños se conviertan en realidades. Si la libertad es un sueño, más allá de la libertad hay una liberación completa.

Las consecuencias de nuestros actos, producidos por una causa suficiente como para controlar nuestas vidas, parecen indestructibles y, lo que es más grave, imposibles de cambiar. Y eso no sólo es erróneo sino que es totalmente falso. Si las utopías humanas no fuesen posibles de llevarse a cabo y convertirse en realidades, todavía estaríamos viviendo en cavernas, no habríamos descubierto la escritura y andaríamos por el mundo tan errantes como en los principios de la Historia de la Humanidad. Si las utopías no pudiesen transformar las consecuencias de nuestros actos, batiendo y rebatiendo a las causas que las produjeron, no podríamos estar soñando con construir la posible libertad de los seres humanos. Construir una utopía tiene mucho más de realidad de lo que la inmensa multidud de los seres humanos creen o les han estado siempre haciendo creer desde las cúspides de los poderes fácticos. Dichos poderes son las causas que nos conllevan a ciertas consecuencias que nos presentan como imposibles de cambiar. ¿Es eso la libertad de la que hablan los poderes fácticos con la ayuda de los filósofos y los pensadores? ¿Es eso la condición que nos quieren imponer para que claudiquemos a la hora de luchar por la realización de nuestras utopías? Transformación. Lo que necesitamos es creer firmemente en la transformación tanto espiritual como física, tanto física como espiritual. Mente y corazón unidos en una sola dirección.

Entonces, si estamos hablando de una sola dirección, ¿estamos hablando de una sola vida para cada ser humano separada del resto de la sociedad? No os hablo de eso. Os hablo de una vida propia para cada ser humano unidos en una vida común para todos los seres humanos. A eso es a lo que ellos, los de la modernidad globalizadora, lo llaman un imposible y lo llaman una utopía irrealizable. Piensan que al tener una pluralidad de muchas heterogéneas personalidades no se puede alcanzar una unidad de mundo global donde cada ser humano, con la propia personalidad de su mundo interno, pertenezca a un lugar llamado universo de personalidades humanas. Si dijimos que cada ser humano (hombre o mujer) tiene personalidad propia y que no existe nadie sin personalidad propia es hora de entender que las transformaciones humanas, tanto en lo espiritual como en lo físico, y en lo físico como en lo espiritual al mismo nivel transformativo, no sólo es una posibilidad imaginativa sino una realidad tangible. Nos han querido hacer pensar que lo tangible es lo que no contiene sueño y, sin embargo, la gran verdad de los seres humanos, la gran verdad de las construcciones de la posible libertad de los seres humanos, no se puede alcanzar nunca si no nos iniciamos en un sueño. Partiendo de la realidad que nos han creado los poderosos de las sociedades humanas no podemos llegar a ninguna otra realidad que la que nos han impuesto. Partiendo de un sueño propio, cada ser humano, sea hombre o sea mujer, tiene la posibilidad de revertir esa realidad (la de las consecuencias producidas por el efecto de sus causas) para convertirla en una liberación. Y es a la liberación a la que, en verdad, tienen miedo los poderosos que no quieren que las sociedades humanas sean algo más que gentes sometidas a la realidad.

No es que la vida sea un sueño como se dice en las obras del teatro. Tampoco es que la vida misma sea un teatro y estamos representando papeles con «máscaras» como nos predican insistentemente muchos y muchas que no conocen de la comunicación humana más que la parte que ellos y ellas manejan. No. La comunicación humana no tiene por qué ser una «mascarada» y yo os invito a que no lo sea. Estoy en total desacuerdo con quienes afirman rotundamente, sin dejar lugar a las dudas razonables, que nos manifestamos en la sociedad con «máscaras». No es cierto en el caso de quienes vivimos en la sociedad tal como somos y no como los demás desean que seamos. Y eso es vivir de verdad sin «máscara». Hay muchas personas, las que hablan como si tuvieran la razón absoluta, que predican que vivimos así. El mundo no es un teatro. La vida no es un teatro. La vida puede ser un sueño que, de repente, despierta tranformando la realidad que parece inquebrantable porque va más allá de la libertad.

Algunos y algunas vivimos porque creemos en los milagros de la transformación humana. ¿Por qué nos empeñamos tanto en decir y predicar a los humanos que sólo existe la «máscara del conocimiento» para aparentar ante los demás? Hay muchos seres humanos que viven sin «máscaras». El asunto determinativo; el paso que determina que somos capaces de transformar las consecuencias tranformándonos en nuestra totalidad espiritual y física es saber encontrar el Camino buscando la Verdad y amando la Vida. Incluso desde muchos púlpitos de oradores sociales o religiosos he escuchado muchas veces el lamento de la impotencia. Desde muchos púlpitos de oradores mundanos y/o espirituales he escuchado multitud de veces hablar de la imposibilidad de ser algo más que «máscaras». Quizás es que no están acostumbrados o acostumbradas a ver y descubrir a muchos hombres y muchas mujeres que viven tal como son en sus sueños. Es increíble que incluso quienes creen en los milagros no sean capaces de entender que éste, el de la tranformación en todos los sentidos tanto espirituales como físicos, es el mejor y mayor milagro de cada humano, de cada hombre, de cada mujer, de cada ser humano que deja de ser gente para convertirse en persona sin «máscara» alguna. No es cierto que todos y todas vivimos con «máscaras» ante los demás. Es lo que escucho muy a menudo incluso desde los púlpitos de los oradores del espíritu. Y no es verdad. Lo que hay que entender es que las causas pueden ser imposibles de combatir pero son posibles de derribar si somos capaces de cambiar las consecuencias y la primera consecuencia que hay que asimilar, si es que queremos decirle al mundo que somos capaces de ello, es dejar de seguir predicando que vivimos con «máscaras» porque esa creencia es lo que quieren que creamos pero no lo que debemos creer. La vida es un teatro. Es cierto. Pero no tiene por qué ser un teatro de la simulación («mascarada» nada más) sino un teatro de la fantasía, de la ilusión, de ser tal como somos para poder llegar a ser tal como deseamos.

Me parece que estoy dejando bien claro que podemos vivir con claridad de ideas suficientes para no tener que manejar «máscaras» de ocultación como tantos siguen predicando porque no creen, en verdad, en el poder de la palabra que cambia, en el poder de la palabra que convierte, en el poder de la palabra que transforma. Así que hablemos de elecciones. No hablemos más en el sentido en que siempre nos han hablado, en el sentido inmovilista de la resignación y la falta de fe en las transformaciones. Hablemos de las elecciones, de saber qué es lo que debemos elegir para de verdad transformarnos en algo que, más alla de la posible o la imposible libertad, nos libere definitivamente de los lugares comunes, de los prejuicios sociales, de las carencias intelectuales y de lo aparentemente real pero incierto y falso en la realidad. Para poder transformar a los demás hay que haber vivido primero la transformación en nosotros mismos y en nosotras mismas. Dijimos que la fuerza de la inteligencia es un don superior de los seres humanos con sensibilidad humana sobre los seres humanos con irracionalidad animal. Y el conocimiento de las causas que producen la inteligencia humana son básicos y determinantes para poder enfrentarnos al mundo y llevarle la palabra de la verdad; la que se centra en que la vida no es una «mascarada» como llegan a decir incluso quienes creen en los milagros pero no parecen estar seguros o seguras de ello. Si creeemos en la transformación de los demás debemos de creer, en primer lugar, en la transformación de nosotros mismos. Ya es hora de hablar de que la vida no es una «mascarada» (como tantas veces nos repiten oradores y oradoras que dicen creer en los milagros pero no parecen tan seguros ni tan seguras de ello). No es cuestión de seguir diciendo a los demás que somos «simuladores» de la verdad, «máscaras» de la interpretación de la verdad. No es cierto. Por fe y por razonamiento os digo que no es cierto. No debemos ser apariencias de la verdad sino la verdad misma, la verdad en sí, la verdad de hechos concretos y no de apariencias teóricas. Asi que hablemos de las elecciones que debemos saber determinar para no vivir con esas
«máscaras» de libertad sino para construir el mundo que, en verdad, necesitamos construir en lugar de seguir predicando, machaconamente al mundo, que todos somos «máscaras» cuando eso es totalmente falso y equivocado. Muchos seres humanos no somos «máscaras» en el teatro de la vida, sino actores y actrices de verdad, sin «máscaras» ocultadoras de nuestra personalidad. Y todo ello porque somos personas naturales y no un artificio cualquiera.

La primera elección que debemos saber escoger es la verdad, pero la verdad no es posible si no se presenta como una certeza o un conjunto de certezas. Lo que crea incertidumbre no es verdadero porque no contiene el fundamento primordial de la certeza. El mundo actual está inmerso en una gran incertidumbre, en una especie de caos, porque muy pocos son los hombres y las mujeres que expresan las certezas de la verdad. Si todo es una incertidumbre, si todo es una duda existencial, la vida naufraga en su búsqueda de la verdad, por la verdad y para la verdad. Sólo si sabemos lo que es la verdad, sólo si queremos expresar lo que es la verdad y sólo si podemos transmitir lo que es la verdad, es cuando podemos ser líderes de la verdad y presentarnos como líderes de la verdad.

Hablemos, como ejemplo significativo, de la comunicación social. La comunicación social (los periodistas y las periodistas) es un saber, es un querer y es un poder. Y eso sólo lo podemos llevar a cabo, en el plano de lo práctico y no sólo de lo teórico, quienes de verdad tenemos conocimiento amplio de lo que es la comunicación social porque somos profesionales de la comunicación social. Es el único y verdadero camino para transmitir la certeza y no la incertidumbre a la hora de comunicar. La aproximación a la posible libertad o se presenta como una certeza o no puede ser verdad que los demás lo comprendan o lo entiendan como una verdad. Corresponde, en el ejemplo que he puesto, a los verdaderos profesionales de la comunicación social transmitir, expresar y explicar, lo que es la verdad de la comunicación social.

La certeza o conjunto de certezas de la verdad, ni radica en hablar en voz muy baja (la murmuración) ni radica en hablar en voz muy alta (la grandilocuencia). He visto ya muchos casos de hombres y mujeres que, queriendo ser lo que no son, han ejercido primero la voz muy baja (la murmuración) para, una vez que han conseguido crear las dudas sobre el conocimiento de otras personas (hombres o mujeres superiores a ellos o ellas), subirse a los estrados para hablar en voz muy alta (grandilocuencia) sin tener conocimiento suficiente sobre lo que están hablando. Pero la murmuración (que es siempre una consecuencia de una causa llamada envidia) destruye mucho antes de lo que nos imaginamos a la persona que murmura. Y la grandilocuencia (que es siempre una consecuencia de una causa llamada ignorancia) descubre mucho antes de lo que nos imaginamos a la persona que comete intrusismo profesional.

Si queremos tener certezas sobre la verdad de la medicina, por ejemplo, un buen recurso es llevar a cabo algún taller de medicina que sea pensado, elaborado y transmitido por profesionales de la medicina. Eso es algo que está tan claro que es totalmente comprensible y fácilmente comprendido por toda clase de personas. Entonces yo lo que me pregunto es ¿por qué no sucede lo mismo con los talleres sobre la comunicación social? ¿Por qué hay ciertos talleres sobre la comunicación social que no están pensados, elaborados y transmitidos por los periodistas y las periodistas que son profesionales de verdad? Por lógica, tanto deductiva como inductiva, si queremos llevar a acabo un taller sobre la comunicación social, lo que es justo y necesario (justo y necesario al mismo tiempo) es que corresponda a los profesionales de la comunicación social, pensarlos, elaborarlos y transmitirlos a los demás; y no cualquier persona (hombre o mujer) que pueden tener conocimientos muy básicos y elementales de lo que es la comunicación humana pero que no están capacitados ni capacitadas para transmitir lo que es, en verdad, la comunicación social.

Elegir siempre las certezas como aproximaciones más adecuadas hacia la verdad. Los líderes y las líderes de la comunicación social son los únicos y las únicas capaces de transmitir las certezas de la comunicación social siempre que sepan, quieran y puedan. Porque saber, querer y poder es transmitir con la serenidad y la tranquilidad y no con la murmuración para luego ser grandilocuente. La murmuración de alguien no es un ejemplo de profesional suficiente para alcanzar el grado de líder. Y, de la misma manera, ocurre con la grandilocuencia para ocultar la ignorancia. Una vez leí unas declaraciones del ex entrenador de fútbol (ya fallecido) Ladislao Kubala, en las que explicaba que para aprender a jugar bien al fútbol hay que saber, querer y poder. Por eso mismo, poder ser líder de las certezas conlleva también en querer ser líder de las certezas y esto conlleva, igualmente, a tener los conocimientos suficientes para saber ser líder de las certezas. La verdad que debemos buscar en un liderato no es la apariencia de un líder o una líder sino la certeza de un líder o una líder. Poder es querer pero ¿qué sucede con el saber? ¿dónde dejamos al saber? El mundo entero está desorientado porque se ha despreciado a la sabiduría.

La verdad siempre es producto de lo natural y para poder ser una certeza hay que tener la experiencia de un profesional sobre la verdad de la que se está hablando o escribiendo. La apariencia de dar a entender que se sabe lo que no se sabe produce en quien escucha o en quien lee, una incertidumbre. Si ocurre eso es que no es la certeza o el conjunto de certezas que necesitamos elegir. Si observamos a alguien que está ocupando un lugar que no le corresponde ocupar (cuando existen dentro de su mismo grupo otros y otras profesionales de verdad), ¿qué podemos entender salvo que solamente es una apariencia nada más? y ¿no es la apariencia una incertidumbre en lugar de una certeza? Saber, querer y poder es el trípode fundamental para ofrecer certezas que nos acerquen a la verdad que estamos buscando y estamos necesitando escuchar y/o leer. Elegir las certezas que os ofrezcan las garantías suficientes de que quien os está transmitiendo sus conocimientos porque es un verdadero profesional, o una verdadera profesional, porque no sólo quiere y puede transmitir sino que sabe muy bien lo que transmite. El voluntarismo está muy bien para ayudar, para complementar, pero el voluntarismo no sirve para liderar si no se tiene el profundo conocimiento de lo que es liderar. Quien tiene este conocimiento suficientemente bien consolidado jamás habla en voz muy baja (murmuración) para crear la confusión general y aprovecharse de la confusión general para subirse a los estrados y hablar en voz muy alta (grandilocuencia) para ocultar que tiene muchas ignorancias sobre el asunto del que está hablando. Un ser humano (hombre o mujer) que transmite verdades es porque conoce la realidad de lo que está transmitiendo y esas verdades las conoce con profundidad (profesionalismo) pero no por los deseos (que es una forma equivocada de querer ser líderes de la verdad) sino por el gran esfuerzo que ha desarrollado a través de sus estudios pertinentes para conseguir el conocimiento profundo de las verdades que está capacitado o capacitada para transmitir sin necesidad de hablar muy bajo (murmuración) para luego hablar muy alto (grandilocuencia).

El verdadero líder o la verdadera líder transmite siempre las certezas que queremos elegir para salir de la incertidumbre y del caos que produce la incertidumbre. Sólo los verdaderos profesionales transmiten las certezas suficientes para comprobar que transmiten verdades incuestionables o que, si son cuestionables, ellos y ellas las pueden resolver usando las capacidades que la naturaleza les ha dado (el don) y las capacidades que el estudio les ha otorgado (el conocimiento). No es el deseo lo válido para transmitir certezas hacia los demás porque un voluntarismo no es lo que estamos necesitando para elegir dichas certezas. No es el deseo sino la capacidad innata y, a la vez, desarrollada, por quienes poseen la suficiente sabiduría para transmitir certezas. La voluntariedad es muy loable pero no es sinónimo de certeza si no va acompañada de la profundidad que otorga el conocimiento de las verdades que se quieren transmitir. Eso sólo lo pueden desarrollar los verdaderos profesionales (hombres y mujeres) que dominan las áreas de las que se están tratando para exponer verdades. El dicho de «zapatero a tus zapatos» es algo muy propio de la sabiduría popular y eso es algo que muchos y muchas deberían comprender, entender y asumir antes de lanzarse a la labor de fomentar dudas a través de la murmuración para lograr auparse a los estrados para hablar con grandilocuencias que son apariencias en lugar de certezas. Lo de querer solapar la verdad de los profesionales y las profesionales es causa de múltiples incertidumbres que, a su vez crean dudas que, igualmente, producen abandonos cuando llega el desengaño final. No es ese el camino que debemos seguir para elegir certezas o para ofrecer a los demás la oportunidad de elegir certezas.

El liderazgo no se consigue por desear ser líder. El liderazgo sólo se consigue cuando estamos suficientemente preparados para ser líderes. No es el método de la persuasión (muy usado por las personas dictatoriales y autoritarias) el que debemos usar para ofrecer certezas, sino el método de la convicción. La persuasión está muy estudiada para anular a los seres humanos. La convicción es lo que el mundo necesita para ser liberados de la persuasión. ¿Y quién o quiénes convencen de verdad? Los persuasivos sucumben y hacen sucumbir porque sólo quieren vencer cueste lo que cueste. Los convincentes nunca sucumben ni hacen sucumbir porque no buscan vencer cueste lo que cueste sino solamente convencer sin pagar ningún precio por ello. A veces observo anuncios de talleres, o de campamentos para formación, o de jornadas de convivencia, etcétera, que tienen unos precios tan abusivos que llego a pensar que no son lícitos porque se hacen selectivos para los más pudientes mientras rechazan a los más necesitados. Y son los más necesitados los que más nos necesitan y los que más necesitan nuestras certezas. Algo que me parece que muchos dirigentes deberían analizar lo suficiente para darse cuenta de algo muy esencial antes de pedir tan alto coste monetario por sus servicios: la necesidad es la que necesita ser atendida, ser educada, ser asesorada, ser dirigida, ser liderada. Los no necesitados ya tienen suficiente. ¿O no es esto una certeza de la verdad?

El carisma no es la apariencia grandilocuente (signo de ignorancia) sino lo que, en principio, es connatural desde que un ser humano (hombre o mujer) nace con dicho carisma; pero es necesario trabajar durante muchos años para poder consolidar el carisma que se posee desde el nacimiento. El carisma es la condición natural (no artificial del marketing o la manipulación de creadores de líderes artificiales y artificiosos) sino un don con el que se nace. El carisma se refleja en cualquier lugar y situación favorable o desfavorable en que se encuentra el líder o la líder con carisma; y no lo que se desarrolla solamente cuando se está en un ambiente favorable donde nadie te la va a cuestionar. Porque el carisma triunfa en cualquier ambiente o no es un carisma. Quienes se forjan en los estudios necesarios para asimilar conocimientos de los temas que explican a los demás, en cualquier circunstancia o ambiente, no persuaden sino que convencen. ¿Comprendida ya la diferencia que existe entre la persuasión interesada y la convicción sin ninguna clase de interés? Para elegir siempre la certeza hay que saber hallar la verdad de quienes nos están dirigiendo por el camino del conocimiento. Buscar la verdad es, al mismo tiempo, huir de la apariencia; porque lo verdadero nunca es lo aparente y lo aparente nunca es lo verdadero. Las apariencias solamente terminan por hundir en la incertidubmre mientras que el conocimiento nos lleva a descubrir las certezas que estamos buscando.

Si todos los seres humanos tenemos personalidad es porque todos los seres humanos somos inteligentes y la inteligencia nunca es una persuasión obsesiva sino una convicción que nos conciencia para saber que sabemos lo que transmitimos hacia los demás. Hay quienes viven con «máscaras» porque carecen de la sabiduría suficiente para vivir sin ellas. Me parece que estoy siendo claramente convincente a la hora de demostrar que sé lo que digo sin necesidad alguna de tener que subir a un estrado sino solamente usando el querer de mi personalidad basada en el poder de mis conocimientos sabiendo que estoy seguro de lo que sé. Elegir las certezas de los profesionales es el camino de la realización humana que no necesita «máscaras» para actuar en el teatro de la vida.

Entramos ahora en la parte más psicológica de nuestras bíusquedas en las elecciones que nos permitan ser seres humanos íntegros. Muchos filósofos de la modernidad (entre ellos Fernando Savater) pertinaces seguidores de los epicúreos y del epicureismo existencialista, van diciendo, escribiendo y profetizando, que lo mejor para vivir nuestras vidas con plenitud es la búsqueda y las vivencias del placer. Ellos dicen que el placer por el placer configura a la persona feliz; lo cual es totalmente falso o bien porque confunden a las personas sin quererlo o, lo que es peor y más verdadero, porque les interesa confundir a las personas de manera alevosa o, lo que es todavía peor, porque en el fondo sólo son unos ignorantes. El placer por el placer, el placer mismo ¿es sinónimo de felicidad o necesita alguna víctima inocente para serlo o aparentar serlo? Nunca es cierto que el placer en sí mismo produza felicidad por mucho que defienda este desatino alguien con tanta fama (pero quizás no con tanto talento como se cree) aunque se llame Fernando Savater y escriba demasiados libros para convencer que es bueno lo que es necesario decir que es malo. El placer por el placer, el placer mismo, es siempre una morbosidad, un morbo millones de veces demostrado. En el placer por el placer siempre hay una víctima y un victimario. Es por todo el mundo conocido que el placer, para ser placentero, necesita victimas inocentes. El placer es un morbo (una enfermedad morbosa) que configura a muchas gentes que se sienten felices solamente porque hay otras personas que sufren. ¿Por qué los filósofos y pensadores de la modernidad como el tal Fernando Savater dejan de lado la existencia de las víctimas que sufren dolor para que otros sientan placer? La verdad, la certeza de la verdad, es que hay mucho de sadismo (y masoquismo) en el placer por el placer. Todos los epicúreos (antiguos y modernos) ocultan la verdad. Y la verdad es que el placer produce siempre una insatisfacción que creen poder superarla aumentando el placer; con lo cual van quedando cada vez más insatisfechos a medida que van dejando por el camino a sus víctimas a solas con sus dolores.

El placer no es la felicidad sino la ecuación de dos premisas necesarias para que exista: la persona víctima y la gente victimaria. ¿Dónde existe, en esa ecuación, la felicidad o la libertad de todos los seres humanos? Si para sentirse libre, o artificialmente libre mejor dicho, se necesitan personas víctimas ¿de qué clase de libertad nos están hablando los que piensan de tal manera apicúrea aunque se llamen Fernando Savater o cualquier otro famoso personaje de los que están «subidos» en la fama? ¿De qué libertad pueden gozar las víctimas del placer de los demás? ¿O es que existen personas qiue tienen derecho a la vida placentera mientras a otras personas se les niega dicho derecho porque tienen que servir para el placer de los demás? ¿Me váis comprendiendo? ¿Sabéis a dónde quiero llegar? ¿Dónde está nuestra libertad si no nos dejan elegir y nos someten a tener que ser las víctimas de los placeres ajenos?Todo placer es, en sí mismo, sinónimo de egoísmo. Es por pura naturaleza del placer. El placer siemrpe necesita víctimas para serlo y, en este caso, nos encontramos ante el sometimiento, en contra de su voluntad, de las personas que tienen que representar el papel de víctimas.¿Qué clase de libertad puede existir cuando se vive esclavizado o esclavizada para que otros sientan placer? La verdad de la libertad, si es que la libertad existe, es que el mundo debe gozar del equilibrio; pero el placer es siempre desequilibrante, es siempre un desequilibrio a favor de los victimarios y en desfavor de las víctimas. Y sin equilibrio, al no existir igualdad de decisión, no es libertad. ¿Puede existir un equilibrio real cuando el placer se produce a costa de otros y de otras? ¿Dónde encontramos el equilibrio de la libertad en el placer que siempre es egoísta? ¿No es la egolatría un desequilibrio a favor del yo y en contra del ello? No elijáis el placer como consecuencia de vuestra libertad de elección. Elegir la alegría.

Elegir la alegría para no equivocaros nunca a la hora de ser felices. Contra lo que predica Fernando Savater, que quizás nunca haya conocido la profundidad del dolor en toda su vida, elegir la alegría, porque la alegría produce gozo y el gozo produce felicidad. El placer siempre termina en dolor porque se inicia en el egoísmo individualista. La alegría siempre termina en felicidad porque se inicia en el gozo desinteresado. Una sociedad con egoísmo es una sociedad putrefacta. Una sociedad desinteresada es una sociedad saludable. Mientras el placer corrompe, la alegría sana. Mientras el placer dispersa, la alegría reúne. Mientras el placer contamina, la alegría limpia. El gran error de muchos filósofos y pensadores de todas las épocas es que han confundido el placer con el gozo. Gozar es sinónimo de compartir al mismo nivel mientras que el placer, repito, es la balanza desequilbirada que sitúa en el platillo de arriba a los victimarios y en el platillo de abajo a sus víctimas.

Observad ahora que he citado a la felicidad como principio y final de la alegría. Porque la felicidad es, a la vez, causa y consecuencia de la alegría, mientras que el placer es, a la vez, causa y consecuencia del dolor. El placer es una morbosidad del cuerpo que corrompe al alma. La alegría es un estado del alma que sana al cuerpo. ¿Descubrís la enorme diferencia? La morbosidad es una manifestación solamente externa pero un vacío de nuestro mundo interno (y de ahí su gran peligrosidad social) mientras que la alegría no sólo es una manifestación externa sino, sobre todo, una enorme satisfacción de nuestro mundo interno. Y esto se produce porque el placer sólo es una ansiedad mientras que la alegría es una sensibilidad. El placer no es lo mismo que el gozo porque el gozo siempre desemboca en la alegría mientras el placer siempre desemboca en la tristeza. Elegir la alegría para vivir felices y rechazar el placer para no vivir insatisfechos. Para llegar al estado de la felicidad hay que seguir el camino de la alegría y no la ruta del dolor. Y recordar siempre lo que tantas veces digo de que la felicidad empieza por fe.

El «Himno de la Alegría» es un canto universal porque contiene una fe sin límites y busca la consecución de la felicidad para todos y todas los habitantes de este planeta sin ninguna clase de distinción ni marginando a nadie. Al rechazar al placer y sustituirlo por la alegría nos colocamos al lado de la alegría universal en la que podemos vivir todos y cada uno de nosotros y de nosotras, los seres humanos que creemos en la fe como el inicio de la felicidad. Pero demos otro paso adelante. La felicidad y la fe no pueden ser dos mezquindades sino dos grandezas y por eso hay que escribir Felicidad con F mayúscula y Fe con F mayúscula también, porque ambas cosas deben ser de carácter universal. Elegir la alegría es elegir el deseo de cambiar el mundo para convertirlo en un verdadero hogar; un mundo donde podamos ir mucho más allá de la libertad si es que la libertad no existe o existe con condiciones. La manera de romper dichas condiciones es bucar una liberación que nos produzca un hallazgo mucho mayor que gozar de libertad. Elegir la alegría para ser una forma de vida en lugar de un estado de cosas. Os voy aclarar estas dos cuestiones.

Sólo una forma de vida nos libera de los condicionantes exclusivamente materialistas y nos permite unir a la materia la clase de espíritu que toda libertad necesita y que siempre nace desde nuestro mundo interno y fluye hacia el mundo externo; mientras que un estado de cosas es algo estático, una forma de estar siempre sujetos a lo que proviene del mundo externo únicamente materialista y falto por completo de espiritualidad. Por eso la alegría contiene Fe liberadora y el placer es Egoísmo castrador. El desarrollo del bien común necesita la Fe de la Felicidad y eso se produce a través de la alegría. El subdesarrollo del placer sólo produce gentes que gozan y personas que sufren.

¿Qué sucede cuando a la posible libertad o a las posibles libertades las politizan los ideólogos? He escrito mucho sobre eso. La respuesta está muy clara. Cuando a nuestras búsquedas de libertad las cargamos de ideologías políticas sucede que perdemos la posibilidad de movernos dentro de la libertad de manera independiente y de manera autónoma porque nos vemos obligados a tener que constreñirnos a la ideología a la que, libremente o dirigidos por el mundo externo, nos hemos adscritos. ¿Qué sucede con nuestra libertad cuando nos constreñimos y la reducimos a una ideología? Lo que ocurre es algo completamente lógico: o cumplimos con lo que nos dirigen desde la cúpula del partido al cual nos hemos adscritos aunque vaya en contra de nuestra voluntad o quedamos anulados si vamos en contra de lo que nos dicen desde la cúpula del partido. ¿Dónde queda el sentido práctico de nuestra libertad cuando, en algún momento, no estemos de acuerdo con lo que nos dictan desde la cúpula de nuestro partido? Una de dos. O guardamos silencio y nuestra voz ya no tiene validez alguna porque no la escuchan ni la tienen previstas en sus planes o, simplemente, nos quedamos marginados. ¿Existe la libertad cuando nos silencian o nos marginan? Es obvio que no. Que nuestra posible libertad queda anulada porque lo que predican desde la cúpula de nuestro partido no es lo que nosotros deseamos para sentirnos libres. ¿Es la libertad sólo un sentimiento? En realidad sí. En realidad la libertad es sólo un sentimiento que únicamente se hace patente en la práctica cuando tenemos la ocasión de expresarla, de vivirla y de transmitirla a los demás. ¿Cómo podemos expresarla, vivirla y transmitirla a los demás si nos la han anulado desde la cúpula de nuestro partido porque no somos ortodoxos con el pensamiento de los que dirigen el partido «desde arriba»? Yo planteo una cuestión. ¿Es «desde arriba» cómo podemos sentirnos libres o es desde nuestro «mundo interior» cómo podemos no sólo sentir sino vivir nuestra posible libertad?

Este asunto se merece una seria reflexión. Si buscamos en una ideología la fórmula exacta que nos ofrezca la plena garantía de nuestra libertad cometemos el error de anular nuestra propia libertad y ponerla al servicio de los intereses de quienes dirigen nuestro partido. Eso, en realidad, es una anulacìón de nuestra libertad si ésta no coincide con lo que dicen que es la libertad personal ajena a nuestro mundo interior por mucho que sean nuestros representantes ante la sociedad; porque o somos libres para expresar nuestra voz o si nos anulan nuestra voz ya no somos libres. ¿Cuál es la elección más aconsejable cuando nos encontramos ante esta tesitura social? Elegir las ideas.

El mundo de las ideologías empieza y acaba desde el exterior de nuestro propio mundo. Empieza por las órdenes que nos transmiten desde la cúpula del partido y terminan donde deciden que terminan desde la cúpula del partido. Sin embargo, el mundo de las ideas (idealogía en lugar de ideología) nace en nuestro mundo interior, en nuestro propio pensamiento, y no tienen ningún final mientras estamos viviendo ya que, mientras las ideologías son finitas, las ideas son infinitas. Y la libertad, si es que existe la libertad, no puede ser parcelada por intereses ajenos a nuestra propia libertad. Esa sensación de infinitud sólo se hace realidad cuando nos movemos en el mundo de nuestras ideas y las podemos contrastar con otros seres humanos que, al igual que nosotros, también se mueven en el infinito espacio de las ideas. Eso sí que es una aproximación a la libertad. Somos libres cuando somos como deseamos ser dentro de las normas sociales y las reglas de convivencia que existen en toda sociedad democráticamente libre. No sólo es cuestión de filosofía política, no sólo es cuestión de filosofía social, porque es cuestión de ser o no ser. De ser nosotros mismos o nosotras mismas y no lo que quieren que seamos nosotros mismos o nosotras mismas. No hablo ni de libertarismo ni de libertinaje (que son dos conceptos iguales de antidemocráticos y hasta iguales de irracionales) sino de una liberación que sólo se produce cuando vivimos desde nuestro interior hacia nuestro exterior y no al contrario. Si vivimos desde nuestro interior hacia nuestro exterior estamos sintiéndonos libres porque expresamos lo que somos dentro del repeto hacia los demás. Pero ¿qué respeto nos otorgan los demás cuando nos imponen, desde nuestro exterior, sus ideologías que no concuerdan con nuestras ideas?

Elegir las ideas. Elegir el espacio infinito de vuestros pensamientos y el espacio infinito de vuestros sentimientos. Las ideas liberan nuestra manera de ser, nuestra manera de vivir siempre dentro de las premisas condicionadoras (no condicionantes sino condicionadoras proque ambas cosas no son lo mismo) para poder ser. Sometidos a cualquier tipo de ideología estamos entregando a «los de arriba» grandes partes de nuestro libre pensamiento. Y yo creo que si existe la libertad no consiste en entregar grandes partes de nuestro libre pensaminto ni tan siquiera pequeñas partes de nuestro libre pensamiento que deja de ser libre en toda su plenitud. Algunos predican que es necesario el sacrificio para poder vivir en libertad. Falso. Dentro de las premisas condicionadoras que nos señala nuestro mundo interno, a través del sentido común y racional de la convivencia con los demás seres humanos, podemos aspirar a ser tan libres como todo el conjunto de nuestras ideas, que es evolutivo y no se estanca por culpa de ninguna ideología ni de ninguna otra clase de sacrificio. Esto nos indica que somos libres o podemos ser libres. En sentido contrario, las ideas condicionadoras no son condicionantes sino impositivas. ¿Se puede entender una libertad personal cuando estamos siendo sometidos a una imposición que va en contra de nuestra voluntad democrática? Si la sociedad que estructuran «desde arriba», desde el mundo externo a nosotros y a nosotras, va en contra de nuestro mundo idealístico ¿cómo se puede decir que sómos libres para elegir? Muchos creen que el hecho de tener la libertad de voto, la libertad de elegir a una u otra idelología, ya es libertad de elección. Eso es falso cuando la ideología a la que hemos entregado nuestro voto se adueña de nuestros pensamientos internos y nos obliga a obedecer el pensamiento de nuestros «representantes» que viven de acuerdo con sus intereses y node acuerdo a nuestra libertad de elección. Así que elegir las ideas.

Fernando Savater es un político. Puede ser un fillósofo pero está fuertemente ideologizado y desea, aunque sea actuando de buena fe y creyendo que piensa lo mejor para nosotros, que seamos como él quiere que seamos. Pero nosotros, dentro del marco constitucional de una sociedad democrática, ni somos Fernando Savater ni tenemos por qué ser como Fernando Savater desea que seamos. Cuando estamos lo suficientemente preparados para forjar nuestro mundo interno (ideas y sueños reales) debemos comprender y ellos deben entender que, respetando los derechos de todos los seres humanos del planeta Tierra y hasta los derechos unviersales connaturales con la misma Naturaleza de la Creación, tenemos un derecho inalienable a ser tal como nuestro mundo interior (dentro del marco de la Democracia para todos y para todas) nos indica y no anima a que seamos. Uno de los defectos de muchos filósofos metidos a la labor de ser educadores, es que se convierten en educadores de masas. Sin embargo nosotros nos somos masas sino seres humanos y lo que necesitamos buscar es educadores de personas. La diferencia que existe entre ser masas o ser personas no radica en las ideologías (que siempre producen masas) sino en las ideas (que siempre producen personas). Elegir las ideas es elegir ser personas para poder aspirar a las libertades. Elegir ideologías no nos convierte necesariamente en personas sino que siempre tenemos el problema de la alienación dogmática y nos convertimos en masas. Dicen que la democracia debe ser el gobierno de las mayorías aunque sean masas. ¿Y qué pasa entonces con quiénes no queremos ser masas sino personas? ¿Dónde están esas libertades que tanto proclaman nuestros «representantes» que no escuchan nuestras ideas o no hacen caso a nuestras ideas cuando no son las suyas y cuando jamás les preocupan nuestras ideas porque van en contra de sus intereses? ¿Y qué podemos decir de nuestros sueños? Si nuestras ideas son olvidadas, son marginadas o son presentadas como utopías irrealizables porque no concuerdan con sus intereses creados, imagináos lo que sucede o puede suceder con nuestros sueños cuando no son los suyos.

Está demostrado, tantas veces como han sido necesarias y siguen siendo necesarias, que nadie puede ser feliz si no tiene alguna oportunidad para ser feliz. ¿Y dónde radica nuestra felicidad dentro del marco constitucional de una democracia libre? ¿En el mundo externo que nos imponen nuestros «representantes» o en nuestro propio mundo interior? Si nuestros sueños son diferentes a los sueños de las mayorías masificadas, ¿dónde están las libertades individuales de las personas con personalidad propia? ¿Es la alienación la libertad o es la alienación el fin de la libertad? Elegir ideas para poder ser libres o para poder soñar que somos libres. Hablamos de consecuencias y yo afirmo, una vez más, que sin sueño previo no hay posibilidad de sentirnos realizados dentro de nuestra búsqueda de la felicidad. Sometidos a cualquier acción ajena a nuestros sueños (cuando nuestros sueños no rompen ni atacan la libertad del resto de los seres humanos sino que nos enriquecen nuestra personalidad dentro de la generalidad del mundo social a donde pertenecemos) ninguna acción externa nos puede otorgar la libertad que o la sentimos de verdad o no es de verdad una libertad.

Hablamos de consecuencias. Hablamos de un mundo feliz o de un mundo infeliz. ¿Cuántos filósofos ideologizados pueden ofrecernos nuestra verdadera felicidad cuando nos encontramos lejos de sus intereses ideológicos? No existe esa categoría de filósofos liberadores, y mucho menos si se trata de filósofos ideologizados como Fernando Savater, mientras no exista la posibilidad de alcanzar a ser nosotros mismos y nosotras mismas con nuestra propia condición de filósofos y filósofas de nuestras vidas. Las vidas ajenas nos pueden enriquecer el pensamiento o nos pueden empobrecer el pensamiento. Cuando las vidas ajenas nos dan espacios libres para elegir nuestras ideas y nuestros sueños, nos enriquecen. Cuando las vidas ajenas nos imponen sus ideologías y sus intereses, por mucho que nos digan que son los intereses de la mayoría, nos empobrecen. La Historia de la Humanidad siempre ha demostado que es cierto lo que os escribo.

Hemos tocado el tema de los educadores. Entramos, por lo tanto, en el área de la formación. Todos desean formarnos. ¿Cuántos dejan que nos formemos a nosotros mismos pudiendo elegir toda la gama posible de alternativas que existen en el mundo infinito de las ideas? He visto, con mis propios ojos, a educadores (o profesores) llenar las mentes de sus pequeños alumnos y alumnas o a sus adolescentes alumnos y alumnas, de ideologías políticas cuando se trataba de la asignatura llamada Historia. Hablemos de esto. Hablemos de los numerosos educadores (más bien seudoeducadores) que se toman la libertad de alienar a los niños y a los adolescentes de ambos géneros, con sus ideologías políticas en lugar de llevar a cabo un claro análisis histórico e imparcial de la Historia Humana. ¿Tienen o no tienen intereses creados ciertos educadores ideologizados por sus decisiones que quieren imponer, mediante la persuasión, a sus alumnos y alumnas? Ya dijimos antes que la cuestión de la educación es la formación y la formación no puede ser tal si se impone a través de la persuasión (que siempre es ideológica) sino que se transmite (no se impone sino que se transmite) a través de la convicción) que siempre es ideálogica, y no ideológica, porque se basa en el mundo de las ideas.

Siendo educador de personas, y no educador de gentes, siempre he presentado las propuestas de las libertades individuales para poder crear las libertades sociales cuando he tenido que trabajar de educador de la juventud. No hablo de ninguna alienación hacia las derechas, hacia las izquierdas o hacia los centros más o menos democráticos. Hablo y escribo de seres humanos (niños y niñas, adolescentes, jóvenes y jovencitas y personas de cualquier edad) que tienen derecho irrenunciable a tener sus propios pensamienmtos, sus propios ideales y hasta sus propios sueños concuerden o no concuerden con mis pensamientos, con mis ideales y con mis sueños. La única manera de crear una Humanidad basada en las libertades de cada ser humano es convencer a la Humanidad de algo muy esencial: no somos humanos cuando nos educan para no ser humanos. Me explico. Quienes educan a través de ideologías contrarias a las formas de pensar, de vivir, de soñar de otros seres humanos difrentes, es que están abortando las libertades humanas de esos seres humanos diferentes. Por eso elegir las ideas para poder construir ese edificio llamado Libertad (si es que tal edificio puede ser posible).

Estoy totalmente de acuerdo con la formación activa. La formación humana debe activar nuestras capacidades humanas. Una formación pasiva nos convierte en gentes manipulables según el capricho de quienes nos educan y les interesa, por sus intereses de poder, que seamos pasivos; que no nos movamos en ninguna dirección ajena a sus intereses. Y para que no nos movamos en ninguna dirección ajena a sus intereses, el mejor método es convertirnos en seres pasivos, en gentes que nunca van a poner en duda o van a cuestionar sus conocimientos que no son, muchas veces, los que nosotros queremos sino los que ellos nos imponen. Ser pasivos es decir a todo que sí por la inercia de la falta de movimiento en nuestras capacidades críticas. La crítica no tiene por qué ser destructiva (postura negativa de la formación humana) sino que debe servir para construir (postura positiva de la formación humana) contrastando nuestras ideas con las ideas de los demás. En un plano impositivo siempre se educa para que los alumnos o las gentes que nos atienden sean seres meramente pasivos, simplemente pasivos, absolutamente pasivos. ¿Me puede decir alguien dónde está la lbiertad si no nos movemos en ningún sentido propio? ¿Es posible ser libre cuando sólo somos una pasividad que siempre termina en un quemeimportismo? La respuesta es la formación activa. Dar conocimientos no debe ser simplemente dar conocimientos para que los demás los asuman de manera pasiva e incuestionable. Dar conocimientos sólo puede ser positivo si quienes reciben esos conocimientos tienen la oportunidad de poder elaborar una activa producción de sus propios conocimientos a través de los nuestros. Cuando somo pasivos somos tan negativos como cuando somos violentos (las dos caras extremas de la irracionalidad humana) pero cuando somos activos somos creativos (las dos caras positivas de la racionalidad humana).

El asunto está totalmente claro: o nos movemos a través del mundo de las ideas propias, contrastadas y cuestionadas con las ideas ajenas, o no nos movemos en ningún sentido intelectual, con lo cual no somos personas libres sino gentes atrapadas en los intereses ajenos y no los nuestros. Educación activa es sinónimo de educación positiva. Por el contrario, educación pasiva es sinónimo de educación negativa. ¿Qué es ser positivo y qué es ser negativo? No consiste en decir a todo que sí para ser activo. Tampoco consiste en decir a todo que no para ser activo. Para ser activo debemos haber aprendido a saber decir sí a lo que creemos que es sí y saber decir no a lo que creemos que es no. En el extremo opuesto se encuentra el ser negartivo, el ser al cual le da lo mismo decir que sí o decir que no a cualquier propuesta vital que se le ofrezca. Si ofrecemos propuestas de vida debemos ofrecer formación activa positiva. Si ofrecemos propuestas de inmovilidad (la inmovilidad es todo lo contrario a la vida) estamos ofreciendo formación pasiva negativa. La crítica no es una destrucción como piensan muchas personas sino que es una construcción que cuestiona lo que es malo o negativo para llegar a una conclusión de los que es bueno y positivo. Y eso sólo se puede producir cuando no sólo hay libertad de expresión sino cuando, además, hay libertad de opinión y, sobre todo, libertad de participación. ¿Os imagináis a alguien que se le pueda llamar participativo o participativa si no opina jamás hacia un sí o hacia un no? ¿Qué clase de libertad es la de no saber lo que se debe saber? Parece una paradoja, pero en el mundo actual muchos no saben lo que se debe saber porque son o bien pasivos o bien negativos.

En este sentido, en mi Ensayo, ya publicado por la Casa de la Cultura de Guayaquil en 1998, titulado «El pensamiento vivo de Benjamín Carrión», expongo esta cuestión a través de una anécdota del mismo Benjamín Carrión Mora, un insigne pensador y escritor de la República de Ecuador, del Siglo XX, que además fue maestro y profesor. El asunto es que cuando Carrión pedía a sus alumnos y alumnas que realizaran algún trabajo práctico a todos les ponía la calificación de «bueno» o «muy bueno». Esto suscitó la sorpresa y hasta la envidia del resto de sus colegas de profesión que se lo echaron en cara pidiéndole explicaciones de por qué calificaba de «bueno» o «muy bueno» a todos los trabajos cuando, supuestamente y por lógica, los debía de haber «malos» o «muy malos». Carrión se limitó a contestar que los calificaba de «buenos» o «muy buenos» por dos razones fundamentales: la primera es que eso servía para activar a sus alumnos y alumnas a que siguieran trabajando (formación activa) y la segunda es que, motivados por esa buena calificación, el siguiente trabajo siempre lo hacían mejor o mucho mejor (formación positiva). Creo que con este ejemplo queda todo bien explicado.

Volviendo a Fernando Savater, él siempre aconseja a quienes quiere educar que elijan la ética, sin tener en consideración alguna a la moral o poniendo a la moral muy por debajo de la ética. Opino lo contrario. Opino que la elección debe ser la moralidad y, debajo de ella o muy debajo de ella, debemos considerar a la ética. Porque resulta que existe una corriente del relativismo que enseña la falacia de que ética y moral vienen a ser la misma cosa; lo cual es totalmente inexacto. Es lógico pensar que ética y moral tienen una estrecha relación entre sí mismas y, sin embargo, muchas veces se demuestra lo contrario. Lo voy a intentar explicar.

La ética es el comportamiento humano y se llama la ética del comportamiento humano pero ¿cuántas veces hemos sabido de hombres y mujeres que actúan con mucha ética -o al menos eso es lo que nos quieren hacer creer- mientras son completamente amorales o inmorales? Muchas más veces de las que considero como suficientes. La Historia del Mundo, y especialmente en los últimos tiempos, ha demostrado y sigue demostrando que numerosos hombres y numerosas mujeres realizan actos que ellos creen o dicen que son éticos mientras que, al descubrir cómo son en verdad, una vez despojados y despojadas de sus «máscaras» resulta que no sólo son éticamente incorrectos sino que, sobre todo, son ejemplos de amolaridad y/o inmoralidad. La ética puede ser un comportamiento humano hacia la bondad o puede ser un comportamiento ético hacia la maldad. Sin embargo, la moral (cuando no se usa la «máscara» de la doble moral con la que algunos y algunas también suelen actuar) debe ser siempre un comportamiento humano hacia la bondad. Lo ético puede ser falsamente positivo y ser muchas veces negativo; pero lo moral debe ser siempre verdaderamente positivo si es que es moral. Ante la disyuntiva de tener que elegir entre la ética y la moral, yo no sitúo a la ética en primer lugar (como al parecer hace Fernando Savater porque tiene sus propios intereses de que sea así) sino que sitúo siempre, en cualquier momento y en cualquier circunstancia, a la moral individual (y la moralidad colectiva) en un lugar privilegido; un lugar que no tiene ni alcanza la ética en sí misma. Una ética sin moral es una falsedad siempre y un valor negativo. Una moral sin ética siempre puede ser un valor positivo y, acompañada de la ética, es siempre todavía mejor valor positivo. La verdad sea dicha, desde que la ética ha suplantado a la moral el mundo está cayendo en picado en la amoralidad (falta de moral) o la inmoralidad (asalto denigrante a la moral humana). Elegir siempre la moralidad.

No es que intente reducir a la ética a una expresión humana sin valor alguno. La ética tiene, para mí, un alto valor educativo; pero no llega al grado de bondad -en muchísimas ocasiones se ha comprobado que es maldad- que tiene la moral. Lo que debemos llevar al mundo, si es que queremos que el mundo no sólo se comporte como la sociedad le pide sino que, además, se comporte como Dios exige, no es una ética sin más sino una moral sin reduccionismo alguno. Sucede que, sin embargo, muchos que se llaman filófosos, pensadores y educadores, están ninguneando a la moral (quizás porque ellos son amorales o incluso inmorales) y el mundo está perdiendo valores humanos positivos porque se les da a entender que la moral y la moralidad son asuntos religiosos cuando eso es totalmente falso y una gran mentira. La moralidad no es un concepto religioso sino una actitud sensorial hacia la vida. La ética, por sí sola, reduce a la formación de los seres humanos a un simple estar en la vida (desprovista por supuesto de la moralidad que es lo más fácil para «lavarse las manos» ante lo que está sucediendo) mientas que la moral siempre es un ser en la vida. La ética, por sí sola, es un estar muchas veces en negativo y sirve sólo para aparentar que se está cumpliendo, mientras que la moral es un ser dentro de un estar siempre en positivo. La moral (a la que tanto atacan desde todas las ideologías sean mayoritarias o sean minoritarias) no proviene de la religión sino de un modo de vivir en plenitud. Dicha plenitud nunca nos la otorga la ética en sí misma, sino la moralidad (si es acompañada de la ética mucho mejor) que, en sí misma, y sin la ayuda de cualquier otro complemento (como es la ética) contiene la plenitud que necesitamos para comportarnos tanto con nosotros mismos y nosotras mismas como con los demás seres humanos con los que tenemos la obligación de convivir y, lo que es de mayor magnitud, de convivir hacia el bien.

He conocido casos éticos verdaderamente deleznables una vez que se ha demostrado lo que ocultan de amoralidad e inmoralidad y, sin embargo, cuando nos comportamos con moralidad nunca caemos en esas ocultaciones. La ética es, en muchos casos, la «careta» mientras que la moralidad nunca puede presentar «careta» alguna. Y hay una razón fundamental que viene a demostrar lo que digo: la ética viene del mundo exterior hacia nuestro mundo interior y nos puede estar engañando por las «máscaras» con que se cubren los del mundo exterior, mientras que moral siempre nace en nuestro mundo interno, en nuestro interior, y al pertenecer a nuestro propio mundo nunca nos engaña cuando la vemos en nosotros mismos y cuando la ven los demás. La ética es un comportamiento mientras que la moral es una actitud. El comportamiento puede ser una apariencia de bondad ocultando una maldad, pero la actitud es siempre una expresión visible y nunca oculta su bondad o su maldad. Si vives con moralidad nunca defraudas a nadie. Si vives con amoralidad o con inmoralidad (por mucha ética en la que vaya envuelta) siempre defrauda a todos y, sobre todo, a nosotros mismos. ¿Qué ha sido la «muerte» de tantas familias sino una total inmoralidad? ¿Qué es el crimen que se está cometiendo con los abortos voluntarios sino una total amoralidad? ¿Qué es el absurdo ético de ir enseñando que se puede formar un matrimonio de un hombre con otro hombre o de una mujer con otra mujer sino una falta total de valores naturales y connaturales de la pareja humana? ¿Qué decir de los vicios, de las guerras, del odio, del racismo, de la xenofobia, del machismo, del feminismo, etcétera? Elegir la moralidad antes que la ética porque la ética es un valor secundario cuando damos como valor preferente a los actos morales que son siempre positivos y activamente buenos mientras que los actos éticos siempre nos dejan con la duda de si son positivos o negativos y activamente buenos o activamente malos. ¿Descubrís ya la trampa con la que nos quieren engañar a la hora de planificar la educación y la formación de valores cuando hablan de libertad de educación? ¿Es una libertad de educación diseñar planes destructivos de valores morales? Que venga Dios y lo vea y que le pregunten a Dios a ver qué es lo que Dios, o la Naturaleza creada por Dios, dice.

Termino el Ensayo. Entro en la última y definitiva conclusión. ¿Por qué lo he titulado «Más allá de la libertad»? Por una razón contundente. ¿Existe o no existe la libertad? ¿Existe, en verdad, esa libertad que tantos oradores y predicadores nos quieren demostrar que existe desde todos los estrados públicos, sean filosóficos, sean sociales o sean religiosos? Estoy harto de oír hasta la saciedad que somos libres, que la libertad es el mejor componente de la vida o hasta que Dios, en este caso Jesucristo, creó la libertad para que gocemos de la libertad. Estoy verdaderamente cansado de escuchar esa sempiterna canción que es totalmente falsa y falta de conocimiento verdadero. Siempre he puesto el ejemplo de la cometa y lo voy a poner una vez más para ser claro y contudente.

Los seres humanos somos como las cometas. Estamos siempre unidos a algunos hilos con los cuales podemos volar en libertad si nos dejamos atrás los complejos y las inhibiciones. Pero una cosa es que volemos con libertad y otras cosa es que volemos sin hilos. Las cometas (y los seres humanos somos como las cometas) vuelan libremente porque tienen unos hilos que la guían y la orientan. ¿Qué le sucede a una cometa cuando se cortan los hilos que la guían y la orientan? Simplemente sucede que, en un primer momento, ya no vuela hacia donde ella quiere sino que vuela a merced del viento, completamente a la deriva y, momentos después, se viene abajo, se cae al suelo y ya no puede volver a volar porque no se puede levantar. ¿Dónde está esa libertad de la que tanto hablan los políticos, los filósofos, los sociólogos, los educadores, los medios de comunicación de masas, los religiosos, etcétera, desde sus lujosas tribunas y púlpitos de grandes oradores? ¿Creó Dios la libertad de la que tanto hablan, repitiendo hasta la saciedad la palabra libertad? La libertad es una palabra muy bonita y es muy bonito ir diciendo, escribiendo y predicando que somos libres. Y además algunos añaden que somos libres gracias a Dios. ¿Y los hilos? ¿Qué sucede con los hilos que nos atan? ¿Existe o no existe la libertad? Sólo existe una libertad condicionada, siempre condicionada, a los hilos que nos atan. Si los hilos se cortan se viene abajo por completo la libertad y toda la parafernalia que se ha montado alrededor de la libertad. Bella palabra pero nada más que bella palabra. Pero una irrealidad.

Si fuéramos, en verdad, libres, no tendríamos ninguna necesidad de tener hilos; pero resulta que, a pesar de la ceguera de muchos predicadores y predicadoras, los hilos sí que fueron creados por Dios o por el Diablo. Lo importante del tema no es que somos libres porque no somos libres; sino saber elegir bien o saber elegir mal los hilos a los que nos queremos atar. Eso no se llama libertad eso se llama liberación. Hay que atarnos a algo que sea bueno o que sea malo. Vuelvo a repetir que eso no es una relatividad sino algo absoluto. Si te atas a los hilos de la bondad, de la salud física y espiritual, de todo lo que te convierte en persona, estás volando gracias a la bondad; pero si te atas a los hilos de la maldad, a lo que te destruye tanto en lo físico como en lo espiritual, a todo lo que te convierte en gentuza en lugar de persona, estás volando hacia la maldad. Los hilos sanos nos hacen volar como seres humanos sanos y por lo tanto nos hacen bondadosos. Los hilos corruptos y podridos nos hacen volar como seres humanos corruptos y podridos y por lo tanto nos hacen malvados. Lo que os recomiendo es que busquéis ataros a los hilos sanos para saber elegir el Camino buscando la Verdad y amando la Vida. Y resulta que Camino, la Verdad y la Vida, lo que no nos da la libertad sino algo muchísimo mejor y más valioso que se llama Liberación, es solamente y únicamente, Jesucristo. Y cuando digo solamente y únicamente Jesucristo es que digo solamente y únicamente Jesucristo y nadie más. Amén.

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