Nuevo Cuaderno: En el Chota como una chota.

La verdad es que parece una verdadera locura estar aquí, en medio del Valle del Chota, en el profundo Ecuador, intentando aprender… pero si la locura se pudiese medir a través de la realidad… estoy hablando de realismo mágico y sensibilidad… porque como dijo Dürr: «las utopías de hoy son las realidades del mañana». Me preguntarán, en generaciones posteriores, quién es Dürr, y yo siempre les responderé que no lo sé ni me importa saberlo o no saberlo pero, como siempre soy tan curioso en mis expediciones a lo largo y ancho de este mundo de los conocimientos, saco mis apuntes periodísticos y escribo en mi Diario: Hans-Peter Dürr, físico alemán; Doctor en Física, Filosofía y Ciencias Humanas; Profesor de la Universidad de Múnich. Fue alumno y colaborador de Werner Heisenberg y Director del Instituto de Física Max Planck de Múnich. Estoy cansado cuando llega la noche, tengo sueño, ya he cenado un poco de sancocho que llevaba en una tarrina de plástico y, junto a la ribera izquierda del río Chota, miro y observo. No hay peligro. Saco la cobija de mi mochila y, tumbado sobre el verde suelo, entre la maraña de la vegetación, la extiendo sobre el suelo y comienzo a dormir. Menos mal que es verano, sopla una brisa ligera en medio de la calurosa noche y mi sueño es profundo. A veces soñamos, los que nos da por viajar, que estamos como chotas y quizás sea verdad que estar aquí, en estos momentos (habiendo renunciado a la comodidad mientras juego al mus con mis amigos Carlos, José Luis y Andrés) en el Valle del Chota sea estar como una chota. Pero no importa. Busco algo interesante para mis experiencias vitales y lo voy a conseguir. Ser viajero supone saber estar donde se debe estar. No es un deber de mi conciencia sino un deber de mis placeres. Me quedo dormido soñando con mi Princesa sin bandera alguna por la que morir: «Y quiero volar contigo quiero soñar contigo y descubrirme el mundo siempre junto a ti».

Nace de nuevo la luz porque amanece. Desayuno el café negro que me ha preparado mi Princesa y que llevo dentro del termo y vuelvo a leer mis apuntes periodísticos poniendo suma atención mientras un colibrí se afana en su labor de libar de las flores: «El Valle del Chota tiene una población aproximada de 2.000 habitantes de raza negra afro-ecuatoriana. Está situado a 34 kilómetros al noreste de Ibarra y al oeste de la parroquia Ambuquí, a orillas del río Chota y cerca de la cuenca del río Mira. Su clima es seco, tiene una temperatura promedio de 24 grados centígrados. Es una región caracterizada por ser un asentamiento histórico del pueblo afro descendiente y cuyo poblamiento está ligado a las haciendas coloniales que concentraron importante población esclavizada. El Chota es una región pobre, una de las de mayores carencias del Ecuador, sus ingresos principales constituyen economías campesinas, cuyo eje principal son “las siembras a medias”, las que permiten una rotación de tierra, trabajo y capital que se integran para un monocultivo comercial. La población negra desde la época de la colonia ha trabajado en la cosecha de la caña de azúcar, como principal cultivo. Las tierras del Valle del Chota están regadas por el río Chota que las hace fértiles y aptas para el cultivo de frutas tropicales. El valle del Chota, un lugar bastante reconocido por ser cuna de la mayoría de futbolistas de la selección ecuatoriana y por su peculiar y pegajosa música que ellos llaman Bomba, se encuentra muy adentro del imaginario de todos los ecuatorianos. Su alegría a través de los bailes, el color uniforme de su piel negra, las características de su rostro y la picardía de la población de este lugar, hace ver que tienen mucha influencia de los poblados del continente africano». Me levanto y me dirigo hacia la población donde, como un turista más para no llamar demasiado la atención, voy observando para dar a conocer a mis lectores la realidad que, mañana, puede ser transformada en algo diferente. Acabo de descubrir, una vez más, que soñar es vivir una realidad mejor. Así que me gusta la frase y la anoto en mi Diario mientras regreso a un lugar llamado Destino.

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