Once. Punto. Once

Entro, como todas las noches, en el Lyon y me siento en mi lugar preferido. Allí está, como siempre, ella. Sentada cuatro mesas más allá, en la fila de enfrente. No es guapa. Tampoco es fea. No es atractiva. Tampoco es desagradable. Es glauca. Es transparente. Es enigmática. Es atrapadora. Sorprende sobremanera su forma de mirar hacia ninguna parte. Sorprende la pirámide invertida que tiene grabada en la frente. Sorprende su sonrisa mientras mueve el azúcar del café…

Tiene el mismo libro de todas las noches. Es Lobsang Rampa. Es El Tercer Ojo. No lee. Sólo parece recitar algo de memoria. Después escribe versos en un grueso cuaderno de páginas azules. Hasta que se enciende una lucecita en su móvil. Son las once punto once de la noche. Exactamente las once punto once de la noche. Toma el móvil. Marca un número. Suena el mío…

– ¿Sí?.
– ¿Cómo estás?.
– Yo muy bien. ¿Y tú?.
– Muy contenta de verte. ¿Vendrás mañana?.
– Sí. Vendré mañana.
– ¿Vendrás siempre…?
– Siempre…

Corta la conversación. Como todas las noches termina de beberse el café. Deja el euro con veinte sobre la mesa. Se levanta. Camina hacia la puerta. Sonríe cuando pasa junto a mí. Su grueso cuaderno de poemas se titula Infinita Sensación. Sonríe pero sólo va mirando hacia ninguna parte hasta que sale del Lyon. Termina el último segundo de las once punto once de la noche. Vuelvo a quedarme solo… pero sé que mañana volveré al Lyon y estará nuevamente ella sentada cuatro mesas más adelante en la fila de enfrente. Y cuando suenen las once punto once de la noche, exactamente la once punto once de la noche, ella volverá a llamar…

– ¿Sí?.
– ¿Cómo estás?.
– Yo muy bien. ¿Y tú?.
– Muy contenta de verte. ¿Vendrás mañana?.
– Sí. Vendré mañana.
– ¿Vendrás siempre…?.
– Siempre…

No es guapa. Tampoco es fea. No es atractiva. Tampoco es desagradable. Es glauca. Es transparente. Es enigmática. Es atrapadora con su pirámide invertida grabada en la frente. Termino de beber la última gota de café y señalo un párrafo en el libro de Rampa…

2 comentarios sobre “Once. Punto. Once”

  1. Soy perfectamente capaz de sorportarles
    una nariz que sacaría el primer premio
    en una exposición de zanahorias;
    ¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono,
    bajo ningún pretexto, que no sepan volar.

    Oliverio Girondo.
    Me ha recordado, no sé por qué razón, al poema Me importa un pito.
    Saludos.

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