Pena en los huesos

Llueve, no hago más que mirar a través de los cristales de esta habitación con la esperanza de ver un rayito de sol a lo lejos, pero nada ni la más mínima luz se distingue a través de la tupida cortina de gotas. Y es un día más de mi eterna agonía. Intento buscar en mi algo de la antigua alegría de vivir, buf, es algo difícil cuando hasta el recordar tu propia risa te produce tan profundo dolor que acabas llorando como si te estuvieran arrancando el corazón. No dejo de repetirme que si resisto, que si aguanto un poco más, solo un pelín más, mañana será otro día y al otro quizá todo mejore un poquito…¿la vida no siempre puede ser mala? ¿no? Pero bueno, qui lo sa, a mi me ha tocado esta y no puedo cambiarla. Primero perdí a mis padres, y con ellos la oportunidad de tener algun día un hermano.

Siendo hijo único de dos hijos únicos, de un dia para el otro estaba solo en el mundo y para colmo de males ahora te he perdido a ti. Maria, se que te he amado, no se porque, pero lo hice desde el mismo momento en que tu ser y el mío se encontraron aquella mañana en el aula de medicina de la UB, yo como profesor no podía dar a entender mi interés por ti, pero no podía dejar de mirarte, tu eras toda pureza, blanca, inmaculada, esbelta hasta el delirio. A pesar de la diferencia de edad entre nosotros saltó la chispa y en los meses posteriores nos dedicamos a pasear nuestro amor por las calles de barcelona. La verdad es que fuiste como un soplo de aire fresco, eras seda y acero, dulce como la miel cuando eras tierna y dura muy dura en la pasión con deseo desbocado. Llegó un momento que esa pasión de tan intensa me hizo dudar de si no seria insana pero hacia latir mi corazón y después de tanto tiempo muerto me dio igual la respuesta. Todavía llevo las marcas de tu deseo en mi piel. Para mi eras como el tierno aliento que exhala un pecho abierto en dos. Quería enredarte en la dulce bruma de mis besos, quería encerrarte entre las cuatro paredes de mi cerebro, quería que me quisieras por mis arterias, por mis pulmones por todas mis entrañas, esas mismas entrañas que se removían cada vez que tu alma se acercaba a ellas. Temblaban de emoción mis neuronas al verte aparecer y ahora no te hallo, no se donde estás ni como alcanzarte. Continuo buscándote en cada poro de mi ser, intentando adivinar tus huellas, pequeños sorbos de aquel amor viejo que elevó mi alma hasta los más exóticos elixires de una civilización remota. Nuestra civilización, nuestro mundo a parte, paraíso de susurros, de labio contra labio, esperanzas de una eternidad inexistente, porque ya somos eternos desde el mismo momento que mi pupila se encontró como en casa dentro de la tuya. Era el tiempo de lo inmortal, un tiempo efímero que duró para siempre en mi cerebro.
Maria, Maria, que dulce nombre, miro tu fotografía en blanco y negro una y otra vez, pero gracias a dios cada día estás más lejos. Lejos de ti he comenzado a ver más objetivamente nuestras diferencias y los abismos entre nosotros, yo en tu mundo moriría y tu en el mío no sobrevivirías, es decir, no creo que el destino sea tan cruel de crear un amor que es imposible que nos haga felices a los dos. Todavía recuerdo aquellas tardes que con tus dedos helados entre mis cálidas palmas nos sentábamos en aquella pequeña cafetería de las Ramblas, juntos mirábamos a los transeúntes pasar. Conseguías que viera el mundo a través de tus ojos. Tu con tu alegría hacías comentarios jocosos sobre las mujeres que pasaban. Que si esta no sabe vestir, que aquella era demasiado gorda, vaya nariz que tiene esa otra y yo te miraba a ti. Para mí no tenías ningún defecto, un poco delgada quizás, un poco fría a veces, pero igualmente maravillosa. Cuando te comentaba que fumar tanto como fumabas te podía matar y que debías comer un poco más, tu te reías, porque decías que para sermones ya tenias los del jefe de laboratorio que cada vez que te veía entrar en el aula te cantaba la canción de los burros “ tu eres huesos, huesos, tu eres solo huesos unidos por muy poca piel….”.
Nunca pensé que te marcharías y volverías a dejarme solo……
– Buenos días profesor Nacho.
Nacho se sobresaltó al oír el saludo, apartó su diario y bajando ligeramente sus gafas miró al bedel de la universidad por encima de la montura.
– Buenos dias Eugenio ¿que haces tu por aquí en sábado? Pensaba que los bedeles de la universidad no trabajaban los fines de semana.
– Huy y no trabajamos, pero hoy venían ha hacer una entrega para usted y como no sabía si iba a estar pensé en venir y abrirle yo al mensajero. Lo cierto es que es un regalo de sus alumnos. Saben lo triste que fue para usted perder a Maria después de tantos años en sus clases y han pensado que esto le animaría.
– Ahhhh que bien!!!! Una sorpresa!!!!!!! Me encantan las sorpresas. ¿y que es? ¿un nuevo microscopio tal vez?
– No señor, es algo mucho mejor- dijo el bedel sonriendo.
En ese momento entró un mensajero con una caja enorme de dos metros de alto por uno de ancho y con toda parsimonia lo colocó al lado de Nacho que miraba incrédulo el tamaño del paquete. El bedel se acercó al paquete y con gran ceremonia abrió la tapa.
– Profesor Nacho le presento a Aurora, la sustituta de Maria.
– Hooooo dios mio!!!!!!!! Es preciosa. -dijo Nacho impresionado.
– Jejeje profesor Nacho, ¿Qué?¿le gusta? Es un el último modelo en esqueletos, yeso de la mejor calidad de un blanco inmaculado y resistente, sobre todo muy resistente porque ya sabe desde lo de Maria que ya no se hacen huesos como los de antes ¿verdad?…

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