Pseudopoemario

«Me das la mano y tu calor me habla de ti.
¿Qué puedo decirte que tú no sepas?
Soy un extraño que vaga entre líneas,
que siente la vaguedad de lo inconcluso,
que trata de ser cada día, como el viento.
Soñando aprendí a callar.


Sin palabras navegué entre las horas y los días.
¡Qué extraño es estar vivo!
Pero, alguien me expresó su deseo de hablar
y regresé a la palabra, como el niño que sonríe
ante un rostro de luna!
Delira el rayo cegador de cada noche,
y esa luna, con cara de niño pálido,
es preludio de la Aurora de dedos rosados.
Me das la mano, extensión prolífica
de lo que la mente llama sus pensamientos.

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