Rumbo al sur

Es por pura seducción que escribo sobre lo malo
y alargo el tiempo, taciturno y doliente

El hachís me excita extrañamente
pero recubre mis ambiciones
de una monotonía antiálgica
que reduce mi esencia a una gota insípida

Me dirijo al sur


Resulta una tentación anidarse en la parra
colgarse del árbol vivo
buscar, plácido, el instinto de supervivencia
atravesar otra ventana al paraíso.

Ahora escribo lágrimas en una máquina
Pero hace tiempo escuché a los médicos
Que debían extraerme del vientre con ventosa
Y desde entonces mis neuronas impactan
en lugar de comunicarse.

Mi mundo de cinco años
No logra expresar una frase;
Cerré la puerta y la mantengo
Por miedo a que alguien
Se parezca a mis padres
(aquellos eternos inexpertos)

¿Para qué comunicar una necesidad?
No es un mal castigo, en mi opinión.

Allí entonces y aquí ahora
me siento aislada de ustedes
Sin ningún motivo razonable
para abrir los ojos y contemplar
que un nuevo acercamiento
me quiebra en dos partes

Creo que siento hondas pasiones por la literatura y el arte
El comportamiento humano y su raíz en la biología
Hacerle el amor a la música

No debería refugiarme ni desconfiar
Pero el pasado vuelve al presente en forma de bebé recién nacido
Y me hace sentir perdida, derrotada y desatendida
La vida me ha trastocado el alma

Usted no me ama
pero yo a usted quizás sí

Y es que puede que intente ayudarme
Y puede que yo desconfíe demasiado
Pero, doctor,
el sufrimiento temprano y la incultura
me hacen retroceder

Rumbo al sur

6 comentarios sobre “Rumbo al sur”

  1. Marianela: te digo lo contrario. Que sigas escribiendo cada vez más y con tanta intensidad como lo estás diciendo. El silencio al que me refiero, solo en esta ocasión y nada más que en esta ocasión, es que a veces comprender lo que alguien te transmite es guardar silencio para captarlo en profundidad. Por eso a veces el silencio (solo a veces y nada más que en algunas ocasiones) es una gran compañía. Yo soy partidario de «hablar» cuanto puedas y cuanto desees a través de la escritura que es, muchas veces, más profundo que las propias palabras habladas. Muchas veces en la vida me costó esfuerzos para mantener silencios con los que irme llenando de contenidos para luego poder escribir. ¡Escribe, Marianela! ¡La escritura, sobre todo cuando está realizada de la manera inteligente en que lo haces es tu es muy liberadora!. Era eso lo que te quería decir. ¡Escribe, escribe y no dejes de escribir!. El silencio que hice, en esta ocasión, era para «escucharte» mucho mejor. Quizás ahora ya me hayas entendido.

  2. De corazón te digo, y sabes que soy un amigo tuyo sincero desde el primer día que te leí en Vorem.com, es que eres muy buena escribiendo aunque tengamos opiniones a veces coincidentes (es verdad que hemos coincidido muchas veces) y a veces no concidientes (es verdad que a veces no coincidimos) pero la amistad es un valor que sobrepasa cualquier otra circunstancia cuando es una maistad verdadera. Resulta que por cosas vividas por mí en el pasado (AHORA GRACIAS A DIOS TODO ES DISTINTO) tener un amigo verdadero era una fortuna, cuando llegaba a tener dos amigos verdaderos era un tesoro y si alcanzaba a tener tres amigos verdaderos ya era un milagro… pero con las chavalas era muy diferente: siempre tuve miles de amigas verdaderas y te considero a ti una de ellas y te lo digo de corazón (aunque no tengas por qué creer en todo lo que creo yo). Gracias a Dios ahora también ya estoy teniendo no solo miles de amigas verdaderas sino también miles de amigos verdaderos. Un beso amistoso, Marianela… y si algunas veces uso el humor no es por molestarte sino para hacerte sonreír porque te lo mereces.

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