Seres peligrosos (Novela y Guión Literario para Cine)

Cuando Joseph Gold Road San Vincent aparcó su Buick La Crosse rojo, modelo del 2008, en el aparcamiento del Motel Travelodge, en el 2035 de la Paramount Boulevard de Amarillo, en el Estado de Texas, miró su reloj de pulsera, comprobó que eran ya las 10 de la noche y se sintió cansado.

– Necesito tomar algo porque estoy medio dormido y todavía me queda un largo camino -pensó.

Así que Joseph salió del automóvil y se dirigió hacia la entrada del motel. Al entrar en el bar, sólo encontró a una jovencita sentada ante una de las mesas. Pero ¡qué jovencita!. Era la chavala más impresionante que había visto en su experimentada vida de escritor errante y eso que ya había dado varias vueltas al mundo. ¡Impresionante! ¡Verdaderamente impresionante la belleza de su rostro sensual y un cuerpo que se adivinaba escultural y mil por mil sexy! Pensó que no era un ser humano sino un ángel bajado del cielo y se acercó a ella para comprobarlo.

– Perdona chavalilla, pero ¿eres real?…

Norah Tatiana Towers Decastle se le quedó mirando sin decir palabra alguna.

– Ya sabía yo que sólo era una imaginación mía… debe ser que estoy alucinando…

– Te equivocas tío, porque soy real.

– ¿Puedo sentarme contigo para poder comprobarlo?

– Te advierto que estoy esperando a alguien y no le va a gustar nada verte a mi lado.

– ¿Y si en lugar de ponerme a tu lado me siento frente a ti?

A Norah Tatiana no le quedó más remedio que sacar a relucir una de sus explosivas sonrisas.

– ¿Eso quiere decir que sí?

Ella se encogió de hombros antes de hablar de nuevo.

– Si quieres morir joven ese no es mi problema.

Así que Joseph pensó en cualquier cosa menos en morir y se sentó frente a ella…

– Soy escritor y no pìenso morir ni joven ni nunca…

Ella pensó que era uno más de los miles de locos que había tenido que soportar en su todavía corta existencia pero había algo diferente en la mirada de este tipo… y volvió a sonreír…

– Aquí falta algo que nos sirva de canal de comunicación, chavalilla.

– ¿Pero de verdad crees que me has conquistado nada más conocerme?

– No me estoy refiriendo a ninguna conquista sino al peppermint. ¿Aceptas que te invite a un peppermint?

Realidad o irrealidad, aquella chavala era un verdadero estallido catártico en el cerebro de Joseph…

– ¿Sigues creyendo que no soy una realidad? ¡Acepto el peppermint!

Joseph hizo un gesto al barman y éste se acercó a la mesa…

– Dos peppermint, por favor.

– ¿Al go más?

– De momento, no… pero la noche empieza a ser joven…

– ¡Espera un momento, tío! ¡Sólo un peppermint y nada más! Nos lo tomamos y desapareces para siempre de mi vida. ¿Vale?

– ¿Aunque sea yo el que pague las dos copas?

– Aunque seas tú el que pagues las dos copas.

– Interesante. Esto empieza a ponerse interesante.

– Entonces… ¿nada más, caballero?

– ¡Sírvanos los dos peppermint y vuelva a su mundo, por favor! En el mío sólo cabe, además de mí, una persona y ya la he encontrado.

Ella no pudo hacer otra cosa que volver a sonreír porque aquel tipo sí que era realmente original pero, mientras Antoine Seder Aram se retiró para cumplir la orden, quiso dejarlo todo muy claro…

– No sé ni cómo te llamas y no me importa saberlo. ¿Me comprendes?

– ¿Y si te digo que soy escritor y me llamo Joseph Gold Road San Vincent?

– ¿Y eso qué importancia tiene? ¡Hay millones de escritores sin interés alguno para mí!

– Mi importancia es que todos me llaman Adán.

Lo que hizo ahora Norah Tatiana fue soltar una alegre y espontánea carcajada.

– ¡Jajaja! ¡Se te nota por la forma de vestir!

– Lo cual quiere decir que tengo una personalidad primitiva diferente a todos los escritores que hayas podido conocer… ¿no es cierto?…

– Estoy empezando a creer que sí tienes personalidad suficiente como para ser Adán… pero lo que más gracia me hace de esta ridícula situación es que yo me llamo Norah Tatiana Towers Decastle pero todos me llaman Eva.

– Hay algo más gracioso en esta ridícula situación. ¿Lo adivinas?

– ¿Es que te crees más inteligente que El Principito?

– Si te refieres a Antoine de Saint-Exúpery soy más inteligente que él.

– ¿Y qué es eso que crees tan gracioso en esta ridícula situación?

– Que soy un tipo ridículo del cual se enamoran las más inteligentes y me parece que tú eres la – más inteligente de todas, lo cual quiere decir…

– ¡Espera! ¡Espera! ¡Vuelas demasiado deprisa!

– Iba a decir algo sin importancia alguna.

A ella le picó la curiosidad…

– ¿Y?

– ¿De verdad estás interesada en saberlo?

– No es que me importe… pero no quiero aburrirme resolviendo acertijos…

– El asunto es muy sencillo. Si yo soy Adán y tú eres Eva, formas parte intrínseca de mi personalidad porque has nacido gracias a una de mis costillas.

– ¡Eso es un disparate!

– Pues no tengo yo la culpa de que lo sea sino Dios.

– ¿Por qué todos los tíos interesantes de verdad le echáis siempre la culpa a Dios de todos vuestros fracasos?

– ¿En tan pocos segundos he fracasado ya? ¡Esto sí que es batir mi propio récord!

Norah Tatiana no sabía si aquel atractivo joven llamado Joseph hablaba en broma o estaba hablando en serio.

– ¿Has dicho tu propio récord de fracasos?

– Si no tienes ningún inconveniente en aceptarlo eso mismo he dicho…

– No puedo creerme que hayas fracasado tantas veces. No eres de esos tipos que los demás llaman perdedores.

– ¿Ni tan siquiera los envidiosos?

– ¿Lo envidiosos te tratan como a un perdedor?

– Supongo que sí… pero tú tienes la última palabra… y la última palabra es la única que a mí me iimporta porque es la única que me interesa conocer.

– Yo no creo que seas un perdedor ni soñando… pero es mejor que te vayas cuanto antes…

– ¿Por que va a llegar de un momento a otro el hombre con quien te has citado esta noche en este motel?

– Tú lo has dicho. No le va a gustar, para nada, verte conmigo y como dijiste que no vas a morir nunca evita que te encuentre a mi lado.

– ¿Puedo saber quién es ese hombre?

Eva se animó a contarle algo quizás por culpa del peppermint o tal vez solamente porque le veía tan ingenuo como un adolescente.

– ¿Cuántos años tienes, tío?

– Ya he cumplido los 25. ¿Y tú? ¿Cuántos años tienes tú?

– ¿Si te digo que solamente acabo de cumplir los 18 te lo crees?

– Tienes un rostro de 16 y un cuerpo escultural de 20 así que haciendo la media numérica creo que sí, que tienes 18. ¿Puedo saber ya quién es ese hombre que te ha conquistado mucho antes que yo?

– No me ha conqusitado jamás ningún hombre todavía aunque no te lo creas. Mi cita es sólo cuestión de trabajo.

– ¿Y de qué puede trabajar una chavalilla como tú cuando la cita es en un motel?

– Tengo muchos estudios de Arte Dramático en Nueva York; así que no me consideres una pardilla cayendo en las garras de un gavilán.

– ¿Y qué hace entonces una neoyorquina en Amarillo?

– ¡Voy a dar el salto a la fama que tanto he estado soñando!

Joseph comenzó a interesarse por el asunto. Estaba seguro de que algo no iba a funcionar bien pero no le importaba arriesgarse.

– ¿Puedes decirme ya qué clase de salto a la fama quieres llevar a cabo?

– Para eso estoy citada aqui.

– ¿Y quién es ese hombre tan importante y tan poderoso que te ofrece una cita en un motel para convertirte en estrella?

– No te rías de la situación. Yo lo veo lógico.

– No suelo usar la lógica nunca cuando algo o alguien me interesa. ¿Quién es ese macho tan importante?

– Será un macho, o incluso un machista, pero se llama Paul Anski.

– ¡Arrea! ¿El super famoso director de cine que realizó “Camas desnudas” gracias a un guión pornográfico escrito por él mismo?

– El mismo.

– Escucha, Eva.

– ¿Por qué te intereso tanto, Adán?

– Porque necesito darte un buen consejo antes de desaparecer para siempre de tu vida. Los perdedores estamos acostumbrados a dar buenos consejos a las mujeres de las que nos enamoramos a primera vista aunque ya no las volvamos a ver jamás.

– ¿Te crees un ser tan superior como para darme un buen consejo?

– Me creo un ser humano nada más; pero con principios.

– ¿Y cuál es ese consejoi?

– Termina de beberte el peppermint, recoge todos tus bártulos y márchate a la ciudad de donde has venido antes de que sea demasiado tarde. Yo mismo te puedo llevar al aeropuerto.

– Escucha bien, Adán. Yo puedo ser solamente Eva pero ninguna serpiente me va a volrer a engañar. ¡Sé cómo domar a los animales!

– Está bien. Pago los peppermint y no vuelvo a entrar para nada en tu vida porque mi camino es todavía muy largo.

– Antes de irte dime una cosa. ¿Te sientes celoso de Paul Anski?

Ahora fue Joseph quien soltó una carcajada involuntaria.

– ¡Jajaja! Perdona, pero no me estoy riendo de ti, sino de esta ridícula situación. ¿Sabes cuántos años tiene Paul Anski?

– Es muy fácil saberlo. Estamos en el 2008 , luego tiene 75 años de edad.

– Y tú solamente 18.

– ¡Jajaja! ¿Tienes celos de un anciano?

– Piensa lo que quieras porque esa es tu voluntad, pero sólo quiero recordarte que sabe más el diablo por viejo que por diablo. No te preocupes. Ya me voy.

– No estoy preocupada.

– Entonces ojalá quiera Dios que llegues a ser la estrella más hermosa del firmamento de Los Ángeles. Adiós.

Adán bebió el último trago de su peppermint y se levanto de la silla.

– Ahora comprendo por qué eres un perdedor a pesar de ser tan atractivo y tan guapo.

– Ahora comprendo yo por qué un tipo como ese tal Paul Anski no tiene ninguna importancia real sino aparente.

– ¿Sigues celoso?

– Si tú lo dices… adiós… de verdad que te digo adiós para siempre…

En ese momento se abrieron violentamente las puertas del bar y aparecieron, de repente, el teniente Cassius y el sargento Tyson. Fue Cassius quien bramó…

– ¡Chuta! ¿Mira lo que tenemos aquí, hermanito? ¡Una parejita de tortolitos intentando pasar juntos la noche más feliz desus vidas!

Joseph tranquilizó a Norah Tatiana…

– No te preocupes, princesa.

– ¡No es ella la que tiene que preocuparse, pichoncito! ¡Eres tú el que tienes que preocuparte de verdad! ¡Haz lo que tienes que hacer, Gafitas!

El sargento Tyson sacó su pistola de policía y se la colocó junto a la sien derecha de Joseph.

– ¡Cierra la boca, no hagas ningún movimiento extraño y podrás contar esta bella historia a tus tataranietos si es que me haces caso!

– ¡No dejes de apuntarle con la pistola, Gafitas! ¡Puede ser peligroso!

Se produjo un tenso silencio pero Joseph no se puso ni tan siquiera nervioso y volvió a repetirle lo mismo a Norah Tatiana.

– No te preocupes, princesa.

– ¡Mi hermenito ya te ha avisado de que no digas ni una sola palabra si quieres llegar a tatarabuelo! Pero ya que eres tan bocazas dime cómo te llamas y qué haces aquí, forastero.

– Dígame primero quién es usted para pedir mi identificación sin haber hecho yo nada malo… todavía…

– ¿Te crees muy gracioso o eres gracioso de verdad?

– A veces hago reír… pero conozco mis derechos…

– ¡Jajaja! ¡Está bien! ¡Esta es mi placa de teniente! Y por si te interesa saber cómo me llamo todos me conocen como El Gafotas. Mi hermanito, el que está a punto de volarte los sesos si es que haces algún movimiento extraño, es mi compañero, es sargento y todos le conocen como El Gafitas! Así qué dime quién eres.

– Los que me conocen me conocen como Adán.

– ¿Estás de broma conmigo?

– Le estoy diciendo la verdad ya que es usted tan sincero.

– ¿Y la golfa que te hace compañía quién es?

– Eva. Simplemente Eva.

– ¡Te estás cachondeado de la autoridad de este Estado y eso no te lo voy a consentir ni a tí ni a esa furcia que te acompaña! ¡No dejes de apuntarle los sesos, hermanito! ¡Y tú, golfa, levántate y sitúate contra la pared porque vas a gozar la mejor noche que jamás hayas imaginado!

Norah Tatiana sabía que la única forma de salvarle la vida a aquel joven, atractivo y simpático Joseph, era obedecer sin decir nada. Se levantó de su silla y, efectivamente, era el mejor bombón de chavala jamás vista en todo el Estado de Texas.

– ¡Chuta! ¡Vaya bombón te vas a llevar a la cama, Gafotas!

– ¡Calla, Gafitas, y no te descuides ni una milésima de segundo! ¡Quiero que este donjuan de pacotilla vea con sus propios ojos cómo se debe tratar a una dama!

– ¿Eres Gay?

Cassius se puso rojo de ira…

– ¿Me estás llamando maricón?

– Cómo voy a llamarle maricón a un hombre tan macho como usted. Sería un insulto a la raza humana. Me estoy refiriendo al guionista de William Goldman.

– ¡No sé de qué demonios me estás hablando! ¿Qué es eso de William Goldman?

– Nada. Solamente un poco de cultura cinematográfica nada más. Yo lo he aprendido de “El Agonías”, un antiguo compañero de mi barrio. Le entusiasmaba tomar nota de todo lo relacionado con las películas que veíamos porque de ligar chicas era un cero a la izquierda.

– ¡Al carajo la cultura! ¡Basta ya de charla absurda! ¡Qué leches me importa a mí saber si ese tal “Agonías” no ligaba con chavalas! ¡Ponte de espaldas contra la pared, golfa, porque le voy a enseñar a tu criaturita lo que es un hombre domando a una princesa ciomo él te llama!

Mientras Norah Tatiana cumplía la orden, Joseph no dejaba de tranquilizarla.

– No te preocupes por nada, Eva.

– ¡Cállate ya, Adán de mierda! ¡No tiene por qué preocuparse porque va a vivir la noche más gozosa que jamás haya vivido ninguna princesa en la historia de la humanidad!

Joseph sabía que ahora debia estar totalmente callado…

– ¡Lo primero que vas a hacer, muñequita cachonda, es levantar las manos, ponerlas sobre tu cabeza, y abrirte de piernas! ¡Vas a comrpobar cómo un verdadero hombre debe de domar a una fierecilla salvaje como tú! ¿Sabes que estás salvaje del todo?

– Si usted lo dice…

– Lo dice lo que mis ojos ven. Y tú, Louise, pásame la llave de mi habitación preferida para que este encanto de chavalilla pase conmigo la aventura más emocionante que jamás haya soñado y supongo que habrá soñado muchas. ¿De acuerdo?

– ¡Eso está hecho, Gafotas! ¡Haz lo que te ha ordenado, Louise!

– ¡Gracias, Antoine! ¡Te debo una!

– Ya sabes que no me debes nada. Sólo cumplo con lo de ser agradecido con quien nos hace favores.

– Está bien. Ahora haz el favor de no interrumpìr mi labor de maestro corrector de niñas rebeldes y extraviadas. ¡Sólo van a ser diez correazos para que vayas conmigo caliente a la cama!

Cassius se sacó el grueso cinturón y tomó la suficiente distancia para que los correazos fuesen lo suficientemente bien ejecutados. Pero Joseph no iba a consentir que la diera ni uno solo y, haciendo un brusco giro de cabeza, sujetó con su mano izquierda la muñeca de Tyson retorciéndosela para desviar la trayectoria de la bala porque, efectivamente, El Gafitas disparó con tan mala suerte que la bala entró de lleno en el cerebro de Cassius “El Gafotas”, el cual, tras dar un paso atrás, se giró dando media vuelta, y cayó, completamente muerto, de bruces en el suelo.

– ¡Gafotas!

Pero el grito del Gafitas no amedrantó a Joseph quien, con su mano derecha, le atizó un duro y efecto directo al mentón de Tyson y, después, propinándole un rodillazo en la tripa, a la altura de los riñones, hizo que la pistola saliese despedida de la mano del sargento de policía para, acto seguido y con afán de terminar la auto defensa, le golpeó con sus dos fuertes manos unidas sobr la espalda haciendo que el Sargento Gafitas cayera, noqueado, también de bruces como el ya fallecido Teniente Gafotas.

– ¡Dame la mano, preciosa, y vámonos de aquí antea de que esto se convierta en un avispero!

– ¿Y qué pasa con Paul Anski? ¡Estoy citada con él para aprovechar mi gran oportunidad! ¡Yo no me muevo de aquí!

– ¡Lleva razón la muchacha! ¡No se preocupe usted tanto por la que se va a armar aquí dentro de unos momentos, jovencito, porque yo, como me llamo Antoine, contaré toda la verdad y nada más que la verdad!

– ¿Usted se cree que yo he nacido hoy o que me he caído de un guindo?

– ¿Es que no confías en mi palabra, joven?

– ¿En la palabra de alguien que prepara las habitaciones para que los tenientes y los sargentos de la policía gocen por las noches con chavalillas tan ingenuas como ésta?

– ¡Yo no soy tan ingenua como tú crees, Adán!

– Escucha Eva. Hazme caso y por el camino lo discutimos. Si ese tal Paul Anski está verdaderamente interesado en convertirte en la mejor estrella, habida y por haber de la historia del cine, volverá a contactar contigo. ¿Soy o no soy sensato?

Ella se quedó meditando…

– ¡No lo pienses más y actúa! ¡Tienes toda una larga vida por delante para triunfar como artista pero ahora necesitas salvar tu libertad de movimientos!

– ¿Es que si me quedo me enviarán a prisión?

– ¡Eso tenlo por más cierto que yo también iré a la trena si me quedo aquí parado! ¿Vienes o no vienes conmigo?

– ¡Voy contigo, Adán!

– ¡Entonces dame la mano y salgamos a la velocidad de la luz de este antro!

Una vez en la calle, Norah Tatiana preguntó bastante asustada…

– ¿Tienes automóvil, Joseph?

– ¡Claro que tengo automóvil pero es mejor olvidarlo!

– ¿Estás loco?

– Escucha bien, princesa. Lo primero que han debido hacer esos dos tipos es tomar el número de la matrícula de mi coche y si no lo han hecho ellos ya se encargarán de hacerlo quienes vengan a investigar este asunto.

– Tienes el poder de la convicción, Adán… pero… ¿qué hacemos ahora?…

– ¿No te asusta adentrarte conmigo en las calles más peligorsas de Amarillo?

– ¡No estoy acostumbrada a ir por calles peligrosas! ¡Tengo miedo!

– Te juro que te protegeré hasta mi muerte si es necesario pero a ti no te va a suceder nada malo. ¡Confía en mis juramentos!

– ¿No dice Dios que no hay que jurar en vano?

– Ya. Pero yo no estoy jurando en vano sino que estoy jurando de verdad.

Ella volvió a dejar relucir otra de sus explosivas sonrisas.

– Está bien. Confío en tus juramentos.

Y, corriendo por las calles de Amarillo, en pocos minutos se introdujeron en la Lake Tanglewood; hasta caminar, a paso lanto para no levantar sospechas, por sus oscuras aceras. Un patrullero de policía rodaba por el asfalto… pero Joseph reaccionó a tiempo empujando a Norah Tatiana contra la pared, ocultándola en la sombra, mientras le daba un profundo y largo beso en la boca para tapar todo su cuerpo. El patrullero de la policía pasó de largo sin darles importancia alguna.

– Perdona, princesa, pero no tuve más remedio. Si hubiesen visto tu rostro habrías despertado tanto interés en ellos que nos hubiesen descubierto. Perdona. De verdad que lo siento.

– Pero si me ha gustado…

Él no resistió la encantadora sonrisa de ella y volvió a besarla del mismo modo, hasta que se les acercó un borracho de unos cuarenta añoos de edad.

– ¡Cómetela-muchacho-pero-déjala-viva-porque-después-me-la-como-yo!

Joseph no aguantó la impertinencia del borracho; se volvió con la velocidad de un rayo y le agarró por el cuello con su mano derecha…

– ¡Por-fa-vor!¡Me-es-tás-as-fi-xian-do!

– ¡Déjale vivo Adán! ¡Solamente es un pobre viejo!

Joseph soltó el cuello del cuarentón beodo.

– ¡Sigue tu camino de miserias y no vuelvas a dedicarle a ella ni tan siquiera una mirada si no quieres que me arrepiente por dejarte vivir!

El borracho se marchó a toda prisa haciendo eses por la acera.

– ¿Y ahora qué, Adán?

– Ahora tenemos que irnos de aquí en automóvil lo más pronto posible.

– Te aconsejé que cogieramos el tuyo.

– Te expliqué que eso resultaría fatal. Pero hay una solución.

Joseph Gold Road Saint Vincent se situó en el centro de la calzada e hizo que un automóvil frenase en seco. El conductor era otro joven, más o menos de su misma edad, que sacó la cabeza por la ventanilla.

– ¿Qué haces, idiota? ¿Estás loco? ¿No te das cuenta de que te he podido atropellar?

– ¡Mi novia y yo necesitamos ayuda!

El joven conductor se fijó en ella y sintió una emoción inmensa poder conocerla de cerca; así qeui decidió salir del coche.

– ¿Qué ayuda necesitais? -le preguntó a Adán sin dejar de mirar a Eva.

– Me parece que me has peguntado a mí.

– Esto… perdona… es que no he podido evitarlo…

– ¿Hasta dónde vas?

– ¡Voy hasta Albuquerque!

– ¿La ciudad de Albuquerque del Estado de Nuevo México?

– ¡Hasta allí! ¡Está a 458 kilómetros de distancia desde Amarillo y necesito llegar pronto!

– ¡Que casualidad! ¡Nosotros también vamos para Albuquerquye y necesitamos llegar pronto!

– Perdona que no te crea…

– ¡Vamos los tres al auto y nos llevas hasta Albuquerque o te parto la cara de un solo tortazo!

– Perdona… está bien… no vamos a pelear por eso… subid al automóvil pero no voy a parar hasta llegar a Albuquerque.

– Parece que has entendido mi lenguaje. Yo me llamo Adán y ella se llama Eva. ¿Cómo te llamas tú?

– ¡Jajaja! ¡Como parece que estáis de cachondeo digamos que me llamo Abel!

– Bueno, Abel, sé bueno y vámonos rápidametne de aquí. Dios te bendecirá por tu buena acción.

Una vez los tres dentro del Austin deportivo, con Joseph como copiloto a pesar del disgusto de Abel, y Norah Tatiana sentada en la parte de atrás, el joven conductor puso en marcha el automóvil mientras intentaba ganarse la amistad; especialmente la de ella.

– Yo voy a Albuquerque para visitar a mi novia pero no tengo tanta suerte como tú.

– ¿Es que tu novia es fea?

– No es fea. Es bastante atractiva. Pero es que la que tú tienes está que se sale.

– Escucha, compañero de viaje, procura no salirte demasiado…

– Lo intentaré -dijo sin dejar de mirar por el retrovisor a Eva.
í- Me refiero a salirte de la autopista porque no quiero que tengamos ningún accidente. ¿De acuerdo? Así que fijate bien en la carretera y no te distraigas demasiado mirando el paisaje. En realidad ya es de noche y cuando salga de nuevo la luz podrás contemplarlo mejor si Dios quiere.

– Perdona. Estoy de acuerdo.

– ¿En cuánto tiempo podemos llegar a Albuquerque viajando a 120 kilómetros por hora y sin cometer ninguna falta al reglamento de la circulación rodada.

-En tres horas y media estaremos allí. ¿No te importa que cambie de emisora para escuchar noticias?

– ¡Nada de noticias ahora, compañero de fatigas. ¿Esta emisora sólo emite canciones?

– Pues sí; pero tantas canciones me llegan a aburrir. Ahora están con un revival completo de Frank Sinatra.

– Pues hazme el favor de no cambiar de emisora o te saco las tripas.

– ¡Caramba! ¡Eres en verdad muy duro!

– Piensa lo que quieras de mí mientras no cambies de emisora.

Sonaba una canción del gran Frank Sinatra.

– Extraños en la noche. Intercambiando miradas. Preguntándonos en la noche cuáles eran las posibilidades de compartir el amor antes que la noche pasara… Algo en tu mirada era tan atractivo…algo en tu sonrisa era tan excitante… algo en mi corazón me decía que debía tenerte… Extraños en la noche. Dos solitarios. Fuimos extraños en la noche hasta el momento en que dijimos nuestro primer “hola”. Poco sabíamos… el amor era simplemente una mirada, bailar abrazados… y… desde aquella noche hemos sido juntos amantes a primera vista y enamorados para siempre… Resultó bastante bien para ser extraños en la noche. El amor era simplemente una mirada, bailar abrazados… Desde aquella noche hemos sido juntos amantes a primera vista y enamorados para siempre.

Desde el asiento trasero, Norah Tatiana comenzaba a notar que sentía por aquel tal Joseph algo mucho más fuerte y profundo que una sola y simple curiosidad. Y, completamente aturdida y desconcertada por primera vez en su vida, se quedó dormida.

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