“Torrico”

“Torrico” es un hombre hecho fuerte por los golpes de la vida y los vaivenes de la ciega suerte del destino; ha visto llover a muchas nubes y ha visto pasar ya de largo a muchas lunas. Es un hombre que ha hecho desfilar los años en su propia carne afanándose por “ser” en vez de “estar”. ¿Somos personas o estamos como personas?. He aquí el problema filosofal que hemos estado desbrozando mientras nos tomábamos el vermut, durante el mediodía, en el bar Los Valientes. Los años han “estado” en un “Torrico” que siempre ha deseado “ser”.

“Torrico” ya no es de nuestros días… pero ahonda en los meses de los buenos y los malos vientos. Buenos vientos es para “Torrico” el cúmulo de alegrías que vive. Malos vientos es para “Torrico” el equipaje de la tragedias que le ha tocado vivir. Así es “Torrico”. Una sucesión de meses que él observa desde el escondite de sus negros ojos bajo espesas cejas y siempre hecho un ovillo dentro de sí mismo. A veces, sólo a veces (como hoy ante un vermut) “Torrico” desenrrolla su anatomía locuaz y habla de buenos y malos vientos. Sólo a veces deja de estar para convertirse en ser.

Yo me dejo guiar por la conversación a golpe de sentimientos. Un ser humano está o no está en esta vida según se plantea el exterior de los porqués y los paraqués de las cosas que suceden a su alrededor. Pero un ser humano es cuando expulsa desde su interior una catarata de emociones que le hace conocer las cosas más allá de los porqués y los paraqués.

Hoy la vida, en este mediodía, brindando con un vermut por el conocimiento del medio en que vivimos, “Torrico” y yo somos dos nudos distintos pero no diferentes de una misma cuerda existencial. Hemos brindado por sus meses ya vividos y por mis meses por vivir. Y hemos coincidido (distintos pero no diferentes) en señalar que no siempre que “estamos” somos… pero que siempre que “somos” estamos.

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