Uno

Me meto en la cama casi corriendo, escapando del frío que taladra los huesos, en el más cruel invierno, y cuando mi nariz llega a la altura de la sábana, siento al unísono los olores de mis hombres. Son olores, porque no son perfumes. Porque el olor es a cuerpo ágil y musculoso como un dóberman, y el olor es también dulzón y tibio como una frase lumínica bajo el sol de la mañana.

Tantos olores me componen, como piezas que estratégicamente moldean mi cuerpo, como masa, como barro, como las cuentas de un collar, como cuerpo que es una ventana, que es un mediodía, que se derrumba en la encrucijada de un puerto azul; bajo un mar de espuma, sobre un puente de caramelos, de libros y de lunas y pecosos lunares.

Puedo recordar una figura, cuando me inunda el olor a besos en la espalda, cuando no veo nada más que el follaje intenso de mi cabellera, al viento como jinete nocturno, en el bosque despiadado del universo entre paredes. Y recojo entre láminas, la imagen de un cuerpo en tinieblas, caliente por la sed del otro, por la penumbra compartida, y vertido el fuego; por el hambre insoslayable, por la eternidad de una campana que vibra dentro. Que hace remolinos.

Y ellos se van y luego vuelven, y beben de mi laguna almibarada.

2 comentarios sobre “Uno”

  1. Estupendo Celeste. Primero darte un saludo por volver a estar con nosotros. Después animarte a seguir adelante porque en este texto has llenado de lirismo algo tan profundo como es el sentir de un ser humano. Saludos para Uruguay.

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Uno…

Uno debe vivir sin miedo.
Uno debe vivir sin corrupción.
Uno debe hacer deporte.
Uno debe ser honesto.
Uno debe ser sincero.
Uno debe ser compañero.
Uno debe ser amigo.
Uno debe ser amante.
Uno debe ser solidario.
Uno debe ser feliz.

2 comentarios sobre “Uno…”

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