Concierto Barroco en un solo movimiento

Amplias estancias por donde caminar mirando los colores. El poema se diluye y se transforma en cuádrigas de caballos romanos, en ejercicios de literatura noble, resonante y certera. Borges aparece bucólico y pastoril apoyado en su bastón de plata mexicana. Minotauro esgrime su cabeza hedionda, su perfil de devorador de vírgenes, su talante de domador de hombres. Suenan los pasos a los compases acristalados; trompetería de un órgano barroco que invoca a lo divino en un baile de máscaras. ¡Venid a la celebración! Descienden por la escalinata de mármol los descendientes de los ángeles, los sabios que crearan anacondas y papagayos dorados. Todos se van sumergiendose en planos disonantes hasta perfilar la sinfonía de los invisibles. Es tan grande la intesidad que los pájaros se alejan y la estancia se cubre con velos caídos desde los párpados cerrados de Borges, de Goitisolo, de Pablo Neruda.
Pablo no deja de cantar a la noble virtud de la poética cebolla, al ajo, al escarabajo que hace de la tierra un continente virginal de vocablos.
Termina el concierto, en la apoteósis de la fusión efímera. Dalí trata a Velazquez con desdén y dibuja sobre las meninas dos rosados pechos de vírgen llamada Gala. Dalí ha renacido para ser cúbico, y ambigüo, como lo son los delfines que ahora saltan en medio de la impaciencia. Hasta donde hemos llegado, la gran Madre Selva gira en una danza embriagadora, llamando por su nombre a cada ser nacido de su vientre.

Un comentario sobre “Concierto Barroco en un solo movimiento”

Deja un comentario