El Joaozinho (CUENTO DE LESLIE ORERO)

Se encontraba ahí, en la solitaria sala, sonriendo y dando vida al lugar. El reflejo del sol se encargaba todas las mañanas de recorrer toda su estructura, desde las patas hasta sus teclas. El me llamaba entre sonidos agudos, me tentaba tocarlo, puse muy despacio mis dedos sobre sus delicadas teclas, donde salían sonidos que hacían bailar las rosas del jardín de atrás. Los sonidos más hermosos con los cuales mis oídos se deleitaban y obligaban a mis ojos a cerrarse y empezar a soñar. Todos los días era un sueño nuevo, cada vez más me agradaban sus tonadas y cuando las aves cantaban el Joaozinho silvaba.

Un día se encontraba muy triste, ya no quería silvar, ya no quería soñar, estaba observando el patio sin ningún interés, Joaozinho ya se encontraba viejo y cansado, el señor de la casa ya no lo deseaba ý él lo sabía, sabía que a la mañana siguiente ya no iba a recorrer el sol por su cuerpo, ya no cantarían los pájaros y las rosas se marchitarían.

Llegó el día de la despedida, fué terrible, mis lágrimas no paraban de salir por mis ojos, mis labios de mujer se habían sellado. Yo sólo podía mirarlo y decir adiós con la mano.

(Cuento de Leslie Orero que envío bajo su permiso)

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