EL ÚLTIMO VUELO

Una herida paloma se acurrucó en mi alero,
Puedo arribar a él sólo porque tenía ansias de seguir viviendo.
La ví posarse penosamente. Su aspecto era paupérrimo; sin eso color joven de sus plumas, sin ese frudrú de arrullo de los años nuevos que se marchan jóvenes.
Sentí en todo mi cuerpo su dolor y me acerqué a ella para intentar ayudarla…mas…no pude, adolecíamos del mismo mal, ese que muerde la carne y que lacera el alma.
Por un instante, ella fue el reflejo de mi cristal y yo debí ser lo mismo desde su nadir, porque…cerrando sus ojos, abrió lastimosamente sus alas para tender el vuelo. Su último vuelo.
Yo vuelvo a mi soledad con la vista nublada por el cansancio de las horas fugases, sin poder abrir las mias… porque ya no las tengo.-

Un comentario sobre “EL ÚLTIMO VUELO”

  1. Existe siempre ese último vuelo que creemos ver como final y, sin embargo, ¿cuántos vuelos finales tenemos los humanos?. Como tu paloma en el alero la pregunta es ¿podrá haber más vuelo en el próximo horizonte?. Yo estoy seguro de que sí… de que los horizontes nunca terminan a pesar de nuestros temporales cansancios. Las alas se renuevan, compañero. Y las palomas también siguen más allá de los aleros donde se marchitan sus juveniles plumas. Tu cuento es una reflexión que debemos meditar. Me parece un momento captado en el devenir de la vida muy propicio para sentir que es necesario volver a volar… por encima de todas las ideas… hasta convertirnos en algo más que cansancio. Un abrazo. Sentí hondamente tu momento.

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