4 comentarios sobre “El poder de la palabra”

  1. Dos preguntas despiertan mi interés al leer esta especie de pensamiento emotivo: ¿la palabra es superior a la razón? y ¿se enamoran quienes quieren o quienes pueden? Espero que me contestes a estas dos inquietudes. Un abrazo amistoso.

  2. La palabra o la repetición de la palabra sin cristalizarse, es decir de un simple pensamiento; puede llegar a ser tanto una verdad por la fe que ello representa. Las razones pueden tener caducidad o estar mal orientadas o sencillamente puede una persona haber estado engañada toda su vida aun sin saberlo. ESO CREO buen Amigo ESO CREO…

  3. No es con un deseo de hacerlo amigo Diesel; creo que el que se enamora es porque puede hacerlo, porque tiene amor en su interior para dar, porque su sentir interno lo hace darse de esa manera. Ya quisiera yo decidir de quién enamorarme. Jejeje Bien, ESTO SIGO CREYENDO, nada más…

  4. Buenas tus respuestas, Juanjo. Pero como en todo diálogo la mejor comunicación es el «feedback» de retorno, esto es lo que yo opino: las palabras nunca superan a la razón cuando están mediadas por lo abstracto pero en lo concreto, cuando nos concretizamos en el sentimiento amoroso, las palabras superan siempre a la razón (en este caso de los sentimientos amorosos) porque toda clase de amor es una forma críptica que supera lo que, desde fuera de la pareja, se cree irracional. Esta sensación de irracionalidad es la que hace que nuestras palabras (orales o escritas según sea la personalidad de cada enamorado o enamorada) superan, con mucho, a la razón establecida por los dogmas sociales. Este «hablar» con palabras amorosas supera, con mucho, a la razón social cuando la razón social está establecida como norma de conducta «lógica» (y pongo lo de «lógica» entre comillas para dar a saber lo que quiero decir) que, cuando está superada por el «habla» amorosa surgen los prejuiciosos que creen que el amor es una locura. Es una locura porque escapa a la razón de las «masas» impersonales… porque es una lucidez que ninguno de los que forman las «masas» impersonales pueden comprender. En cuanto a si se enamoran quienes quieren o si se enamoran quienes pueden tengo que señalar que existe, en el tema amoroso de un hombre con una mujer, un equilibiro sistemático entre querer y poder. En esa balanza no se enamoran ni quienes quieren ni quienes pueden sino quienes sienten lo que el el verdadero amor. Si quieres continuamos con el diálogo. Un abrazo cordial.

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