El velero

Sobre una mesa reza una vela con una llama ofreciendo a su alrededor una pequeña, brillante, amarillenta luz a veces tímida, frágil como una mente que busca fortalecerse. Empieza a deshacerse la cera con esa pequeña y solitaria llama a esa altura cilíndrica que con cariño exploró y recorrió el artesano velero parte de la noche estando en vela.
De súbito un frenesí, ¡porque sí!, ventisca diminuta borrasca de viento viene e irrumpe en la sala, donde la vela confiada descansa eso creía descansar.
Sobre la mesa la vela, su llama luz pequeña se tambalea…; parece que pierde el equilibrio funambulesco volatín volatinero…; de un lado a otro se tambalea, oscilando, trastabillando, la llama en su pequeñez se ladea borracha sin embriaguez, serena se tambalea.

Parece que se apague, empero no quiere desaparecer, empero no puede luchar contra el poder, fuerza del viento cobarde y valiente huidizo buen corredor; pero lo acepta no resiste y se nos va, la llama luz febril amarillenta se apaga, desaparece, va ha desaparecer por los rastros invisibles del humo, la vela sin luz se desvela; no sabe qué hacer, ni a dónde qué lugar misterioso hacia el cual partir…, la llama amarillenta acaba de sucumbir, se ha desvelado, ha marchado, rastro humeante legado nos ha dejado aroma pabilo aspecto, quizá olvidado; ya no está, la llama amarillenta estaba, pero ya no está, las corrientes en una, pasaron y se la llevaron.
Un marco de madera se dedica a cobijar a una ventana presunta implicada, pero ésta se abre en tan que ventana, ha sido un golpe rebufo propiedad del viento gesticulando con brusquedad, proclamado enemigo de las llamas frágiles carentes de, que se atreven a cabalgar sobre velas de cera nacidas sobre las mesas artesanales de labores manuales.
Soplo repentino aliento un soplo; el viento apaga, ha apagado la pequeña llama que vivía allá arriba sin beneficio pero con oficio. El viento, su miramiento y su ética la ha anulado más la ha fulminado, de su cilíndrica cima la ha sacado; se la ha llevado a confines doquier; sin preguntas, sin respuestas, una vez más la exitosa, dudosa injusticia ha vuelto ha doblegar.

La vela embalsamada, envuelta en cera queda quieta, su cadáver sin luz difunde un desorbitado y disperso hilo señal de humo funeral; la llama ha desaparecido, lo sé, se ha ido; se fue, se fue…, lo estoy leyendo en este poema. ¡Se fue! ¡Marchó!, la canción aquella nos lo avisaba, nos lo estuvo avisando, pero no hacíamos caso alguno, omiso. Y la llamita, pobrecita, ya no está en este mundo que parece únicamente lleno de visiones que se ven.
¡La llama, estaba, aquí!, hace un momento decayendo, él pasó, él sopló y como experto arrasó. También la canción arrasó, pero no quisimos escuchar entre líneas, lo esencial por alto se nos pasó; nos fijamos en el resulta y do, en el éxito, en el exitoso resultado, fijados en la parte exterior de la canción.
¡Y ahora…, la pequeña llama ya no está!, se ha ido, se fue, se fue, la canción nos lo avisaba, la pequeña llama extinguida, su tiempo se acabó.
Y aún así el hacedor de velas de cera sigue con su artesanía en demasía, haciendo velas para que a su luz se pueda escribir; seguir escribiendo canciones venideras con o sin porvenir a las que no hagamos caso alguno; omitir advertencias secretas en mensajes mundanos demasiado terrestres. La canción, la letra, nos estuvo avisando, pero hubo comisión de omisión de atención, y la llama no volvió, quizá era su finalidad, quizá era inevitable, quizá era la fuerza de la transparente ventisca pasa y barre.
Sonriente en comisura evidente, con una sonrisa en su taller el hacedor de velas, en silencio vital y no sepulcral; entre sus manos fabricantes preparando un hogar para una cima y su llamita, y pueda vivir en su casita arriba.
Sobre un estante un transistor, una canción canta una canción que arrasa y avisa, y advierte.
El hacedor de velas y el reloj de la pared se miran; y antes de salir queda cerrada bien la ventana, no sea que un nuevo soplo vital éxito vuelva como si estuviese rabioso, y la exitosa injusticia dudosa vuelva arrasando y vendiendo éxitos y más éxitos huecos y terrestres éxitos que vuelan como líneas de humo fino y oloroso de velas que se fueron a un destierro hogareño, olvido y cajón.
Necesarias canciones terrestres.

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