Fontanas y mapacuentos

– Hostias! ¿Habeís visto la luna esta noche?

– Por supuesto, cada que entro al baño miró el espejo, soquete.

– Pero si serás bestia, hombre, yo no sé porque aún vivimos juntos.

– Pues porque en tu casa ya no te quiere ni tu madre, jala.

– Tenes razón, qué mierda de vida. Caray. Anda, pagad la cuenta y marchémonos, que llego tarde para la telenovela.


Un méxicano que va pasando por ahí en un bicicleta de doble manubrio, sin llantas (que por cierto son cuadradas), vestido de charro y llevado de su sombrero como si lo raptase un ovni de lentejuela:

– ¡Wiiiii! Polínessss.

– ¡Ala! ¿Habeís visto…

– Lo dicho, que contigo no se puede. Otra vez la misma. Me niego a vivir junto a un “mostruo” como vos, mirá que me tenés los nervios hechos una mortzarela con tus preguntas. QUe si esto, que si lo otro. Tú no tienes sentido de la realidad, de la realidad, ¿has escuhado? Además, eres un fracaso en todo aspecto y te huele mal la boca, hijoeputa.

– (silencio sepulcral)

– Bueno, qué, ¿te habeis molestado?

– … (ausente)

– Mira, tenés razón, se me ha pasado un poquitín la mano. Disculpa

– … (ni siquiera pestañea)

– Caray, hombre, no te lo tomes tan a pecho. Tú sabes que he estado bajo mucha presión ultimamente, el trabajo, mi divorcio, FOREX, ¿te he dicho que mi sobrina salió embarazada?

– … (persiste en su estado)

– sí, caray, no sé ni cómo ha sido. Yo siempre uso preservativo y me hice la vasectomía hace diez años. No entiendo.

– …

– ¡Ala! Que ya va siendo hora que os bajeís de tua avioncito. Yo también tengo problemas, pero los enfrento. La vida sigue, carajo. No seas un pepino en el orto y hazme el favor de recordar.

Suena la sirena de un barco

– (despertando) Hostias, ¿habeís oído?

– (aliviado) ¡¡Uff!! Increíble, ¿ahora qué?

– Nada.

– ¿Cómo nada?

– Sí, sólo preguntaba.

– Ese es tu problema, tío. Preguntas demasiado. Sigue así y te quedarás sólo en el mundo. Nadie quiere vivir con un periodista.

– Ah, pero esque, la luna esta noche se veía maravillosa, toda radiante y pudorosa, como una novia escondida tras el velo. Luego el mexicano en bicicleta, ¡pedaleando la imposible realidad bicéfala! Montado sobre cuadrados, llendo en dos direcciones contrarias a la vez y volando de su sombrero.

– Vale. En verdad me irritas los nervios. Y todo eso, ¿qué tiene que ver con la sirena de un barco?

– Entonces, ¿también vos la habeís oido?

– ¡Joder, hombre, qué si la he oído! ¿Qué pregunta es esa? Claro que la he oído, si no estoy sordo.

– Y no te parece sorprendente.

– Pero, ¡qué!, en realidad eres un tío de lo más pesado, Carlitos. Mira que primero preguntarme si he oído y ahora sorprenderte porque lo he hecho. Lo dicho, contigo no se puede. Me marcho, además, en este puto café de mierda ni siquiera tienen televisión por cable.

– Pero, ¡aguarda, tío! ¿No te das cuenta?

– ¿Otra vez con lo mismo? ¿Cuenta, cuenta? De lo único que me doy cuenta es que te pones así cada que quieres que yo pague, marro. Pero atende que te voy a dar tu cuenta y llegando te saco tus cosas a la calle. No vivirás más a mis expensas, bolillo.

– Por favor, Venancio, si aquí la contaminación y los rascacielos tapan el cielo, los mexicanos están proscritos por la ley Arizona y en todo el estado no hay un puto pedazo de tierra que de al mar!!!!!!!!!!

Un comentario sobre “Fontanas y mapacuentos”

  1. Muy bueno el relato. Pero se equicova totalmetne quien piensa que unpeirodista “freelance” no tiene con quien compartir la vida. Tenemos los huevos duros para desayunar y son ellas los que nos los han calentado. Jejeje. Lo que pasad es que me he levantado de buen humor. Tu relato es magnífico y lo he leído con gusto. ¡Ajá!. ¡Ajajá!. ¡Ajajajá!.

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