Una escala de valores positivos (completo)

Basándome en mi propio trabajo titulado “Si de valores hablamos…” puedo construir una verdadera escala de valores positivos que, a pesar de ser subjetiva, considero que es muy valiosa para cualquier ser humano que busque construir una vida mejor para él mismo o ella misma y para la sociedad en que vive y se desarrolla. Una escala de valores positivos para desterrar las lacras de una humanidad que necesita nuevos paradigmas, una nueva conciencia como seres humanos, una verdadera propuesta de vida plena desarrollada en un mundo mucho más completo que el actual.

Mi escala de valores tiene un trípode fundamental y esencial para ser positiva. Son tres valores inseparables los unos de los otros y que podríamos señalar como la parte más importante de dicha escala. Estos tres valores, imprescindibles para todos los seres humanos vivan donde vivan, son el Amor, la Amistad y el Compañerismo. Yo he hecho célebre, entre quienes me leen, una frase que se me ocurrió hace ya bastantes años. Dice así: “El compañerismo se busca, la amistad se encuentra y el amor nos sorprende”. Al analizar dicho pensamiento es de notar y destacar que el punto más álgido de ella (el Amor) no puede existir por sí solo ya que necesita contener, dentro de él, tanto a la Amistad como al Compañerismo. No se puede amar a otra persona si no somos también amigos de esa persona y, por sentido lógico, no se puede ser amigo de otra persona si no somos compañeros de esa persona.

Cuando hablamos del Amor (en todos los aspectos de la vida humana) estamos hablando del mayor valor positivo que los seres humanos pueden tener dentro de su propia persona. Un amor que vaya mucho más allá de nuestras circunstancias y que englobe tanto a nuestros amigos (porque no se puede amar sin demostrar amistad) como a esos enemigos que nos atacan (pongamos el caso del Cristianismo) precisamente porque sabemos amar, expresamos el amor y lo ejercitamos como una forma de vida, una manera de ser, un estar en el mundo amando de verdad a la humanidad entera. Un amor desinteresado por completo. Darse a los demás como Jesucristo se dio por nosotros. Un amor plenamente objetivo.

Hablemos de la Amistad. Ya hemos dicho que el Amor, para ser un valor positivo, tiene que ser de carácter universal y carecer de cualquier clase de egoísmo particular. ¿Qué pasa con la definición de la amistad? Es un componente unido por nexos directos al amor pero aquí hay que considerar algo que, aun siendo subjetivo, no deja de ser positivo y tener grandes cargas de objetividad. No somos amigos de todos los seres humanos aunque amásemos a todos los seres humanos; porque la amistad no nos sorprende como el amor, sino que la desarrollamos con aquellos seres humanos (hombres o mujeres) con los que compartimos muchas cosas en común. La amistad tampoco se compra ni se vende (como también sucede con el Amor) pero se restringe a los seres que forman parte íntima de nuestros gustos, de nuestras aficiones, de nuestras maneras de ser y de comportarnos dentro de la sociedad.

Ni podemos ser amigos de todos los seres humanos ni tampoco podemos exigir que todos los seres humanos sean amigos de nosotros; pero hay una cualidad en la amistad que es propia, igualmente, del amor. Se llama ausencia de intereses creados. No somos amigos si buscamos, a cambio de ser amigos, algo que vaya más allá del cariño hacia nuestros amigos o hacia nuestras amigas. No debemos dejar que nuestros amigos nos elijan a nosotros (porque en muchísimas ocasiones eso es una amistad interesada por un momento de nuestras vidas y que, cuando esos momentos cambian, desaparece dicha amistad). La verdadera amistad debe ser siempre verdadera amistad en todos los momentos distintos y diferentes de nuestras vidas. El mundo está lleno de amigos y amigas de “conveniencia”; esa clase de amistad interesada que sólo se muestra cuando a ellos o a ellas les conviene no es, para nada y nunca, una amistad. Al amigo o a la amiga se le quiere porque sí, no porque conviene ser amigo de él o de ella en algún momento de nuestras vidas, sino porque les profesamos un cariño verdadero. Así que lo mejor no es que los amigos nos elijan a nosotros sino que nosotros elijamos a nuestros amigos y a nuestras amigas; puesto que, al elegirlos nosotros, es que nos hemos dado cuenta de sus cualidades humanas, entre las cuales se demuestra que están a tu lado en todos los momentos buenos y en todos los momentos malos por los que pasamos en nuestro periplo vital. La amistad no es superior al amor pero forma parte importante del amor.

¿Y qué sucede con el Compañerismo? ¿Qué es, en realidad, ser compañero o compañera de los demás? Incido también en que, lo mismo que el Amor no puede carecer de la Amistad, la Amistad no puede carecer del Compañerismo. El compañero y la compañera no es quien está trabajando a tu lado, quien está estudiando a tu lado, quien está jugando a tu lado, quien está hablando a tu lado… sino el que mientras trabaja a tu lado, mientras estudia a tu lado, mientras juega a tu lado, mientras habla a tu lado… siempre te respeta por encima de cualquier otra cosa. Cuando digo que el compañerismo se busca quiero decir que, para ser un ser humano que ama a la humanidad entera y que tiene amistad con los seres humanos que él o ella ha elegido por empatía y compatibilidad, antes de todo ello hay que ser compañero de todos los seres humanos que trabajan a tu lado, que estudian a tu lado, que juegan a tu lado, que están hablando a tu lado. Pero no es que tengamos que ser amigos de esos seres humanos sino que para que el compañerismo sea un valor positivo tenemos que respetar a esos seres humanos y debemos ser solidarios con esos seres humanos aunque sean muy distintos o muy diferentes a nosotros mismos.

Si buscamos el compañerismo, de entre todos los compañeros y compañeras saldrán, por la propia inercia de nuestras actitudes, quiénes van a ser nuestros amigos y nuestras amigas y, cuando ya nos encontremos entre amigos y amigas saldrá, de manera inesperada y de manera sorprendente pero natural, ese hombre o esa mujer que nos enamora y a quien enamoramos. Pues bien; explicado este proceso de relaciones humanas de carácter positivo completo mi famosa frase (o pensamiento) diciendo: “El compañerismo se busca, la amistad se encuentra y el amor nos sorprende.. pero ninguna de estas tres cosas se deben mendigar”. ¿Qué estoy diciendo con esto? Estoy hablando de otro valor positivo que, en la escala de valores, posee una gran trascendencia y ocupa un lugar muy destacado. Se llama Dignidad.

La dignidad de todos los seres humanos tiene siempre una doble dirección: desde el interior de nosotros mismos hacia el exterior de los demás y desde el exterior de los demás hacia el interior de nosotros mismos. Cuando hablo de la dignidad del interior de nosotros mismos es cuando afirmo que no debemos de mendigar ninguna clase de sentimientos. Al no mendigar ninguna clase de sentimientos estamos siendo dignos con nosotros mismos. Y cuando actuamos de esa manera es cuando podemos exigir a los demás que nos paguen con la misma moneda; o sea, que nos dignifiquen como seres humanos. La dignidad empieza por la d de diversidad y termina con la d de divinidad. Todos los seres humanos somos distintos y diferentes de los demás seres humanos y esa diversidad es la que nos hace ser unívocos e intransferibles. Esto quiere decir que todos poseemos la dignidad. ¿De dónde proviene, en realidad, la dignidad de todos los seres humanos? De la porción de divinidad que nos corresponde a cada ser humano porque hemos sido hechos a imagen y semejanza de Dios. No se puede dignificar a un concepto superior (Dios) si no dignificamos a los conceptos inferiores de la Creación de Dios (Seres Humanos).

Es totalmente justo y reivindicativo que, si somos dignos con nosotros mismos y con los demás, exijamos también esa misma dignidad para nosotros. Al mendigar sentimientos demostramos no tener esa clase de dignidad que los demás respetan cuando observan que no mendigamos dichos sentimientos. Dignificar a los demás seres humanos (sean hombres o sean mujeres) consiste en no abusar de los demás seres humanos; consiste en considerar a los demás seres humanos lo mismo que nos consideramos a nosotros mismos; consiste en no desear para los demás seres humanos lo que no deseamos para nosotros mismos. Cuando alguien mendiga sentimientos está dando a entender que nos se valora lo suficiente para que los demás le traten como un ser digno y digno de ser dignificado.

Siempre unidos a la Dignidad, y a una gran altura de la escala de valores positivos, se encuentran la Nobleza, la Honestidad y la Honradez. Cuando un ser humano demuestra que tiene nobleza es porque se comporta de manera honesta para con los demás y para comportarnos de manera honesta para con los demás es porque somos honrados. ¿Qué es en realidad la nobleza de un ser humano? Es un valor de naturaleza superior que contiene, dentro de él, otros dos valores positivos que nos conforman y nos confirman como seres humanos con nobleza. Se llaman Pureza y Bondad.

Muchos son los seres humanos que se mofan y se burlan de quienes demuestran ser puros en sus formas de actuar para con lo demás; pero la Pureza (que tiene que ver mucho con otro valor positivo llamado Ingenuidad) es lo que más valor le da a un ser humano para que este ser humano sea noble. En este sentido la Bondad hacia todos los demás no sólo nos da carácter de nobleza sino que nos añade otro ingrediente (valor positivo también) llamado Franqueza. Somos buenos para con los demás cuando somos francos, somos auténticos (la Autenticidad es otro gran valor positivo de los seres humanos) y somos naturales (la Naturalidad complementa positivamente a la franqueza y, junto con la franqueza nos da la cualidad de la nobleza). En este sentido, ser un humano noble no es una condición de cantidad (es totalmente falso ese refrán que dice “tanto tienes tanto vales” que me parece hasta reaccionario) sino una condición de cualidad. En la nobleza lo que vale es la cualidad y no la cantidad; porque no se puede ser un poco noble o algo noble o muy noble, sino que se puede ser naturalmente noble.

No puede existir la Bondad si no va acompañada con la existencia de la Generosidad. Si no eres generoso para con los demás nunca serás bueno ante los demás. La Generosidad es otro valor positivo de extraordinaria grandeza. Ser generoso es ser distinto a ser ruin. Ser generoso es lo contrario a ser avaro. Ser generoso significa no ser tacaño ni roña ni avariento. La generosidad carece de egoísmo y de egolatría. Cuando eres generoso compartes y cuando compartes lo haces con lo mejor que tienes de ti mismo y con los mejor que tienes para ti mismo. Eso es lo contrario de la limosna; porque es compartir lo que de verdad eres y lo que de verdad te gusta tener. La limosna es una lacra humana. La generosidad es la verdadera razón de la bondad. Una generosidad que no consiste en dar lo que no nos gusta sino en compartir aquello que nos gusta. Una generosidad que no es una limosna sino un compartir con los demás lo que es nuestro y, por generosidad, hacemos partícipe de ello a los demás.

Entremos en el ámbito de lo que es natural en el ser humano. La Naturalidad (gran valor positivo) de un ser humano es estar completamente de acuerdo con lo que somos desde que hemos nacido, con nuestra naturaleza tanto física como espiritual. Ser natural es ser, además de coherente con la forma en la que hemos nacido, espontáneo y no artificial. Lo artificial de muchos seres humanos (hombres o mujeres) les desnaturaliza y dejan de ser espontáneos para ser especulativos. La naturalidad de un ser humano no especula con las cualidades físicas, psicológicas y espirituales con las que ha nacido. El especulador o especuladora de su Personalidad (de la que hablaré después) va siempre en contra de la naturalidad que debe adornar a un hombre o a una mujer para ser un hombre o ser una mujer. Y en este sentido no existe equívoco alguno ni debemos dejar que nadie nos convenza para equivocarnos.

Hemos hablado de la Franqueza. No es un término político (numerosísimos son los políticos y políticas que carecen de franqueza porque les mueven sus intereses partidistas y hasta particulares en lugar del bien común de toda la sociedad a la que representan), ni es un término sociológico (muchos hombres y mujeres dejan de ser francos y francas cuando buscan situarse en un lugar privilegiado en la escala social de cualquier país o cualquier territorio donde dominan sus intereses en lugar de los intereses de la colectividad humana en la que están viviendo). La franqueza es un término psicológico de carácter espiritual. Y la Espiritualidad (que poseemos desde nuestra nacimiento por ser hechos a imagen y naturaleza de Dios) es un valor que se añade al que hemos denominado Nobleza.

Personalidad. He aquí otro valor positivo de gran enjundia en nuestra escala de valores. Todos los seres humanos tenemos personalidad porque esta palabra deriva de persona. El asunto es saber qué clase de personalidad tenemos. Existe la personalidad bien forjada, bien formada, bien desarrollada, bien firme en sus convicciones cuando sus convicciones son las correctas para ser un humano con dignidad. Y existen otras personalidades que carecen de esas características porque están mal forjadas, mal formadas, mal desarrolladas y convierten a muchos seres humanos (hombres y mujeres) en títeres de los caprichos de los demás, en marionetas que se mueven según los hilos de las modas pasajeras, en objetos útiles para quienes les manipulan descaradamente. Para que la personalidad sea un valor positivo es necesario que contenga los ingredientes de la Autenticidad, el Coraje y la Valentía. Tenemos personalidad positiva cuando somos auténticos con nosotros mismos, cuando tenemos el coraje de ser como somos nosotros mismos y cuando demostramos valentía ante los demás para demostrar que somos tal como somos y no como ellos desean, malévolamente, que seamos. Ser auténticos, tener coraje y mostrar valentía siempre y no solamente cuando alguien nos acosa sino precisamente cuando los demás (muchos de los demás) nos acosan, nos persiguen, nos insultan, nos amenazan… eso es tener personalidad firme y no apariencia de personalidad como ocurre con otros muchos seres humanos; porque la verdadera personalidad no es una simple “capa aparente” que, cuando se rasca se descubre que no hay nada interesante debajo de ella, sino una compleja formalidad y funcionalidad de nuestra manera de ser y de actuar de cara a la sociedad entera. Tenemos personalidad cuando debajo de nuestra “epidermis” existe nuestra verdad y no esa falsedad que se descubre en quienes no poseen, en realidad, personalidad suficiente para ser auténtico, tener coraje y mostrar valentía; sobre todo cuando hay que “nadar contra corriente”, luchar contra lo que nos quieren imponer desde fuera de nosotros para contentar a los que están fuera de nosotros aunque nosotros nos quedemos frustrados por ello. Y aquí entramos en otro valor importante: la Realización personal.

Si tenemos verdadera personalidad positiva estamos capacitados para realizarnos como personas; estamos preparados para saber llegar a esas metas que nos hacen estar completos y felices con lo que somos, con lo que pensamos, con los que hacemos, con lo que soñamos… mucho más allá de la alienación en que viven los que tienen floja o casi nula personalidad. Realizarnos como personas no es ser marionetas de los caprichos de nadie (sea hombre o mujer) sino hombres o mujeres firmes en nuestras convicciones; esas convicciones que defendemos “a muerte” y que sólo las podemos cambiar cuando nos damos cuenta de que estamos equivocados y es mejor cambiarlas por otras mucho mejores que nos van a favorecer en nuestra realización personal. En este sentido, también es un error el refrán que dice “genio y figura hasta la sepultura”, porque también es reaccionario mil por mil. Tener genio y figura es positivo cuando tenemos una personalidad que nos hace estar firmes en lo que creemos pero que también nos hace ser lo suficientemente flexibles para poder analizar si estamos acertando o nos estamos equivocando como seres humanos.

La personalidad firme siempre despierta en nosotros hacia los demás y, sobre todo, en los demás hacia nosotros, otro valor positivo de incalculable trascendencia. Se llama Respeto. Se nos respeta cuando nosotros nos hacemos respetar. Es, en ese sentido, muy importante no ser cobarde, no huir de la lucha por conquistar tus valiosos sueños sin hacer daño a los demás, no tirar la toalla, no abandonar el campo de batalla… sino ser firme, tener coraje y mostrar la valentía suficiente para triunfar y ser, por eso, respetados por los demás cuando les hemos demostrado, tantas veces como sean necesarias, que los demás son los que están equivocados en cuanto a quiénes somos nosotros, cómo somos nosotros, cuáles son las verdaderas cualidades de nuestra personalidad. No bajar los brazos nunca y atacar si es necesario cuando nos quieren imponer normas de conducta ajenas a nuestra personalidad por muy de moda que estén o por mucho que las promocionen los poderes ajenos a nosotros a través de la falsa publicidad, el mentiroso marketing de las apariencias, o ese absurdo montaje tan de moda que es el glamour nada convincente cuando descubrimos lo que significa y lo que tiene de banalidad.

¿Vivimos en un mundo de libertades o creemos que vivimos en un mundo de libertades? ¿Es la libertad un valor positivo? De ninguna manera; porque, como he escrito miles de veces en mis textos de reflexiones, la libertad no existe, es una falsa entelequia con la cual, quienes mueven los hilos de las sociedades humanas, nos quieren hacer creer y pensar que la libertad existe. Existen las libertades que es otra cosa muy diferente. Existen las posibilidades de poder elegir una conducta u otra, una acción u otra, tomar una decisión u otra… pero eso no se llama libertad; eso se llama conjunto de posibilidades de elección para estar sujetos a unos hilos determinados que nos mueven como personas o a otros hilos diferentes. Lo que llamamos libertad como valor absoluto no existe ni ha existido jamás porque la libertad sólo es un conjunto variado de libertades de elección. Lo único que existe es ser un prisionero o ser un liberado. Porque lo que sí existe de verdad, y es algo que ya dijo Jesucristo, es la Liberación. La Liberación (algo que puede ser real y no la falsa libertad) es un valor positivo de grandísima importancia para realizarnos como seres humanos, para tener dignidad como seres humanos y para ser seres humanos con personalidad propia.

Partiendo de esta gran verdad de que no existe la libertad dino un conjunto de libertades de elección llegamos a una conclusión definitiva y definitoria: o eres un ser esclavo (de esas entelequias con las que nos quieren convencer de que la libertad existe porque te las han impuesto haciéndote creer que eres libre) o eres un ser liberado (gracias a esa gran verdad que supone tener capacidad libre para escapar de los hilos perniciosos de tu personalidad y escoger los hilos liberadores y enriquecedores de tu personalidad). No se puede tener personalidad firme si estamos siendo esclavizados por esa falsa libertad que tanto pregonan quienes quieren que estemos “ciegos” para no descubrir su juego manipulador de nuestras personalidades (lo que todos conocemos como alienación) y, en sentido contrario, sólo obtenemos una personalidad firme cuando hemos escapado, definitivamente, cueste lo que nos haya costado y hayamos empleado el tiempo que hayamos empleado, de esas argucias, trampas y engaños con los que nos quieren decir que somos libres. No somos libres nunca; pero podemos alcanzar la liberación a través de nuestra realización plena como seres humanos (que es lo contrario a la alienación) y, gracias a esa realización plena como seres humanos conseguimos estar contentos con nuestra coherencia interna y con nuestra firmeza externa. Ser firmes ante lo que nos aliena es tener coherencia ante lo que hacemos para no estar alienados.

¿Cómo podemos actuar de cara al mundo para intentar cambiar al mundo y convertirlo en algo mucho mejor para todos? Existen dos valores positivos de gran trascendencia y que, por desgracia, muchos han dejado de tenerlos en cuenta. Son la Ética y la Moral. Es necesario comenzar a cambiar la manera de vivir sin orden, sin conciencia, sin valorar nuestras acciones porque se ha puesto de moda que la ética y la moral son relativas. Eso es una de las mayores mentiras con las que se han venido abajo muchas sociedades o muchos grupos de individuos. La Ética y la Moral son valores absolutos; o se poseen o no se poseen. O actuamos con ética y basándonos en la moral necesaria para que nuestros actos sean calificados como buenos o actuamos simplemente olvidando la ética y sin basarnos en ninguna clase de moral y entonces nuestros actos son calificados como malos. La ética es un compromiso social que debemos recuperar de inmediato para cambiar nuestro mundo. La moral es un compromiso individual que debemos expresar para poder cambiar a las personas que habitan en nuestro mundo. No es cierto que todo es relativo (como nos han hecho pensar y sufrir a lo largo de muchos siglos, especialmente el XX después de Jesucristo) sino que existen cuestiones relativas que no tienen trascendencia para la marcha del mundo (por ejemplo que a unos les guste comer judías o que a otros les guste comer lentejas que no es ni bueno ni malo) pero existen cuestiones que o son malas o son buenas y no tienen un término medio o una neutralidad como sí la tienen las cuestiones relativas. O somos de los que hacemos el bien (a través de la Ética y de la Moral) o somos de los que hacemos el mal (por la falta de ética y sin ninguna clase de moral).

Un mundo mejor no puede ser un mundo que está arrasando con las conductas éticas como está sucediendo y ocurriendo hoy en día en que muchas personas actúan de manera denunciable (robando lo que pueden, quitando libertades a los que les da la real gana, haciendo toda clase de trampas en contra del bien común para favorecer sus intereses propios) y que viven de forma inmoral (sin ninguna clase de freno a sus acciones malas, perversas, sucias, execrables) porque han destruido los pilares fundamentales donde se deben edificar los seres humanos (la Ética de nuestras actitudes y la Moral de nuestras acciones) Y no es cierto que la salida a este conflicto a escala mundial sea ser amoral (neutrales en cuando a la Moral diciendo que ni les importa ni les deja de importar). O nos comprometemos todos en recuperar la Ética y la Moral o nos lavamos las manos como Pilatos y somos colaboradores directos (no indirectos sino directos) de los que no tienen ética ni actúan con moralidad. Es la eterna canción de la lucha entre el Bien y el Mal. Y eso son valores absolutos (positivo en caso del Bien y negativo en caso del Mal).

La Ética y la Moral tienen mucho que ver con otro gran valor de la escala positiva. Se llama Civismo. No podemos vivir como personas civilizadas si no sabemos lo que es el civismo, si no sabemos actuar bajo las premisas necesarias del civismo, si hacemos los que nos da la gana sin contar con los demás y demostrando una falta total de civismo que es lo mismo que actuar de forma incivilizada. Todos los días, y a todas las horas, vemos continuamente a millones de personas, en el planeta Tierra, que actúan como si el civismo no existiera. pero resulta que somos seres sociables y socializados y para actuar como seres sociables y socializados debemos actuar siempre bajo las coordenadas que todos conocemos como civismo porque el civismo es lo que engrandece a la civilización humana si es que queremos que la civilización humana (sobre todo ahora que el mundo se está globalizando) convierta a nuestra planeta en la “casa” de todos sus habitantes, en el “hogar” de todas las personas que quieren vivir decentemente y con la inteligencia propia de los seres humanos. La falta de civismo destruye las reglas de juego del comportamiento social y cuando las reglas de juego del comportamiento social no son respetadas entramos en el libertinaje, en esa clase de vida que no tiene ninguna clase de principios porque se ha destruido el primero de ellos: ser personas civilizadas en lugar de ser gentes embrutecidas que piensan que la vida es para los más “fuertes”. ¿Qué entienden los incivilizados qué es ser “fuerte”? Los incivilizados entienden que ser “fuertes” es ser violentos, es ser agresivos, es ser libertinos sin ninguna clase de límite o frontera que no se debe sobrepasar para poder vivir todos lo mejor posible durante nuestras existencias en la Tierra. Sin embargo, para las personas cívicas, ser “fuertes” significa tener la suficiente personalidad firme y bien asentada como para respetar las normas cívicas, las reglas de juego que, al menos en lo mínimo, aceptamos por consenso general para poder vivir todos en base a la buena convivencia y la paz ya no solo entre los países sino entre todos los que formamos parte de la sociedad en la que estamos viviendo, en la que hemos elegido para vivir como personas civilizadas y no como gentes sin civilidad alguna. Porque de ser persona a ser simplemente animal la diferencia reside en que las personas cumplimos con las normas establecidas para la buena convivencia mientras que los simplemente animales son tan incivilizados que parece que no han evolucionado a través de los siglos.

¿Se puede ser autónomo respetando las normas cívicas establecidas por el consenso de la sociedad donde vivimos? No sólo se puede ser autónomo dentro de lo civilizado sino que es preferible ser autónomo (no estoy diciendo para nada ser anarquistas que es una destrucción de sociedad y seres humanos), que no estar sometido a las ideologías que nos contaminan la vida, que nos perpetúan las injusticias, que nos degradan como seres pensantes e inteligentes porque se mueven por las esferas de las ideologías y no por el mundo de las ideas. La Autonomía independiente (un valor positivo cuando se maneja dentro de las normas civilizadas y que no es independentismo sino independencia) quiere decir que eres capaz de moverte por el mundo liberado de alienaciones de toda clase, respetando a los demás pero siendo tú mismo o tú misma y no una máscara de ti mismo o de ti misma para complacer a la mayoría absorbente que te aliena y elimina tu individualidad. ¿Cómo manejar la autonomía propia para que ésta sea un valor positivo? Hay algo muy fácil de entender que se resume en una simple frase: “no hagas con los demás lo que no quieres que los demás hagan contigo”. Esa clase de autonomía independiente (no independentista sino independiente) que te controla los impulsos destructores y te los revierte en acciones constructivas es la que puede considerarse como un valor positivo porque significa que, tú mismo por tu propia decisión a través de tu propia convicción, participas de un mundo ordenado, de un mundo colectivo pero siendo un individuo con naturaleza propia, con personalidad propia, con decisiones propias que no dañan a los demás pero que, además de eso, te da un sello personal propio, te hace ser persona con identidad singular dentro del conjunto de la identidad plural, respetando la identidad singular de los demás. Para construir un mundo mejor la manera más puntual que debemos tener en cuenta es convencernos a nosotros mismos (sin que nadie nos lo tenga que imponer usando la fuerza bruta o la persecución física o psicológica) de que podemos ser personas muy singulares pero, a la vez, personas que estamos colaborando en la edificación de esa sociedad que queremos buena para todos y para todas.

Entremos a decir algo sobre la Familia. La Familia es uno de los valores positivos más importantes de todo el planeta Tierra. La misma Biblia dice y nos hace saber que la destrucción de las familias conlleva a la destrucción de las naciones y la destrucción de las naciones (por haber destruido a las familia) conlleva a la destrucción del mundo entero. La familia es la base donde sen han fundado, fomentado y cimentado, todas las sociedades humanas. La familia es el pilar donde levantamos nuestros mundos personales y los mundos personales de todas las colectividades humanas. La familia es un valor positivo de tal importancia que fue creada directamente por Dios para la vida de los seres humanos. ¿Y qué está ocurriendo y sucediendo con las familias desde haca ya más de un siglo? Que en muchos casos la han corrompido, la han denigrado, la están destruyendo, día tras día, los que actúan a favor del Mal para destruir todo el Bien que proporciona una familia unida de los seres humanos. La familia unida permanece unida y es imposible derribarla; pero la familia dividida, la familia fragmentada, la familia rota, la familia que se deshace en grupitos antagónicos y peleados los unos contra los otros, es una familia que se destruye a sí misma. Además de las familias que se destruyen a sí mismas también existen los ataques desde el exterior a las familias. Se están montando sociedades donde las familias no tienen protagonismo alguno porque las han borrado de los valores sociales cuando es el principal valor social para edificar sociedades y civilizaciones humanas.

La muerte de las familias, que viene anunciándose malignamente desde hace más de un siglo, es la muerte de los seres humanos. Somos seres humanos porque necesitamos el calor de un grupo humano que se llama Familia y si ese calor humano que representa el conjunto de todos los familiares deja de existir se enfrían nuestros corazones, se da paso al abandono como seres humanos, se nos destruye el corazón a través de la ausencia de los sentimientos y, con ello, destruimos nuestra propia personalidad. Las naciones se destruyen cuando se destruyen las familias. Las naciones son, en definitiva, el conjunto armónico de un numeroso grupo de familias que forman dichas naciones; pero para que la familia exista de verdad es necesario que estén bien estructuradas, bien armonizadas, que todos sus componentes se amen los unos a los otros con el llamado amor familiar y que se mantengan las coordenadas que todos sabemos que son las que conforman a las familias. Por ejemplo, para citar un caso desolador que está ocurriendo en nuestros días, no es una familia la unión de un macho con otro macho ni de una hembra con otra hembra; puesto que la única familia que existe (el punto donde se inicia toda clase de familias) es la unión de un solo hombre con una sola mujer. Y esto es igual para nuestro siglo como lo ha sido siempre a lo largo de todos los siglos de la Historia de la Humanidad.

La Humanidad es una gran familia formada por millones de familias. Si a esos millones de familias se las destruye (y hay muchas maneras para destruir a las familias) estamos destruyendo a la Humanidad entera. Esto es algo tan importante de saber, conocer y entender, que es sumamente necesario y, además con urgencia, restablecer de nuevo a las familias, volver a reconstruir las familias que ha sido rotas o destruidas, comenzar otra vez a crear la civilización de la humanidad en base a las unidades básicas y fundamentales que son las familias. Existen muchos seres humanos que han ido pregonando y poniendo en práctica las uniones anti familiares y contra familiares. Eso es lo que hay que combatir y no potenciar como se está haciendo hoy en día. Son culpables de la destrucción de los seres humanos quienes han estado destruyendo las familias de los seres humanos. Este valor es tan imprescindible para tener una escala de valores positivos en nuestras vidas que si lo eliminamos como valor positivo destruimos el resto de la escala de valores positivos. Así que hablemos con total claridad y sin ninguna clase de complejos de la Religiosidad.

La religiosidad humana es connatural e innata en todos los seres humanos desde el mismo instante en que los seres humanos aparecieron sobre la Tierra; pero intentando ser abortada por los ateos y ateas (con la ayuda inconsciente e insensata de los llamados indiferentes) dichos ateos y dichas ateas han estado formando continuamente civilizaciones y épocas históricas donde siempre ha habido una muy alta presencia de miserias y de lacras humanas. Solamente en algunos contados momentos en que ciertas ciudades fueron gobernadas por hombres sabios que creyeron firmemente en Dios y en la Creación de Dios, la vida en ellas fue justa, equitativa, igualitaria y feliz. Esto demuestra que la Religiosidad es un profundo y hondo valor positivo dentro de la escala de valores de esta naturaleza positiva.

Una de las más sociales, y digna de tener en cuenta, fuente de valores positivos es la Tolerancia. La tolerancia es una forma de entender la convivencia humana entre todos los que forman una comunidad de personas distintas pero que se toleran siempre mutuamente. La tolerancia, como valor positivo de una escala de valores, no consiste en transformarte en lo que son las otras personas distintas a tu forma de pensar y a tu manera de vivir, sino que se basa en el respeto a las demás formas de pensar y maneras de vivir sin que tengas que renunciar a tus principios éticos, morales, sociales, religiosos, etcétera y, es más, reivindicando que te dejen libremente ejercitar esos principios dentro de la sociedad en la que vives. Ahora bien, ¿qué sucede cuando algunos grupos de individuos exigen que se les respete estos derechos mientras ellos en sus países de origen no se lo permiten a los demás? ¿Es justo pagar con la misma moneda con la que nos pagan?. No sé si será totalmente justo pero gran parte de justicia sí que tiene; porque la tolerancia o es para todo el mundo y en todas las partes del mundo o solamente es una tolerancia parcial que beneficia a algunos y perjudica a otros. La tolerancia es un valor positivo cuando en cualquier parte del mundo se aplica dicha tolerancia, pero ese derecho queda anulado cuando no es correspondido de la misma forma y manera en que los demás la ejercitamos. Así que a la personas intolerantes no hay por qué dejarles que gocen de los privilegios que otorga la tolerancia cuando ellos no hacen lo mismo con nosotros.

Yo tolero hasta el punto en que los demás no me toleran. Si estamos ejercitando la tolerancia para con los demás es una reivindicación justa y legítima que exijamos la misma tolerancia para con nosotros. Hay muchos países donde la tolerancia no es un valor positivo porque, simplemente no existe y, a quienes reclaman esa tolerancia de carácter universal, se les persigue, se les acosa, se les detiene, se les encarcela, se le exilia, se les mata o se les asesina cobardemente. Una tolerancia sólo puede ser efectiva como positiva en una escala de valores cuando todos los seres humanos que viven en cualquier comunidad o grupo de seres humanos pueden gozar de ella y les da el margen justo para ser como son y para expresarse con sus propias creencias. Si a los cristianos se les persigue en tantas partes del planeta Tierra… ¿por qué los cristianos tienen que ser tolerantes con los que no son tolerantes con ellos?…

Aquí entramos en otro valor positivo de nuestra escala: la Conciencia. La conciencia es un valor interno de los seres humanos de mentalidad sana y de buen corazón. Tener conciencia de uno mismo como ser humano y tener conciencia de los demás seres humanos es el principio para vivir en una sociedad pacífica y exenta de persecuciones, iras, odios y venganzas contra quienes no son como somos nosotros. La existencia fue creada por Dios para que todos los seres humanos se toleraran en base al respeto a las ideas y a las creencias de todos los seres humanos. Si alguien coarta esa conciencia de que todos tenemos derecho a ser como somos y a creer lo que creemos, no es justo que se les permita gozar de un derecho que ellos rechazan, niegan y persiguen a quienes tienen el mismo derecho de gozar de sus libertades de creencias y de formas de realizarse como seres humanos. Una persona (o un grupo de personas) que carecen de conciencia deja de ser persona (o dejan de ser personas) para convertirse en seres embrutecidos por su incapacidad e impotencia a la hora de admitir a otras personas que piensan de manera distinta, que actúan de manera distinta pero que siempre respetan los pensamientos y las acciones de los que son diferentes a ellos. Estamos viviendo experiencias humanas en que, por desgracia, en muchos lugares de la Tierra no se admite la libertad de conciencia para ser tal como somos y tal como actuamos respetando lo que cada ser humano es o quiere ser. Si no hay correspondencia por parte de algunos es lógico que a esos que no admiten cómo somos se les prohíba ser cómo son si no están dándonos la oportunidad de ser como somos nosotros.

Pero el problema es un problema de conciencia humana. ¿Debemos ser y actuar como son y actúan ellos? Pues no. Aunque fuese justo pagarles con la misma moneda, nuestra conciencia nos impide ser como ellos. Y si no somos como ellos, porque en nuestra escala de valores positivos la conciencia ocupa un alto lugar, somos seres superiores a ellos (en todas las dimensiones humanas). Si no somos como ellos y si no actuamos tal como actúan ellos somos superiores a ellos. Esa es la gran diferencia que existe entre quienes tenemos conciencia y quienes carecen de ella. La dimensión de la conciencia humana nos hace ser verdaderos seres humanos en contraposición con la deshumanización de quienes carecen de dicha conciencia humana.

Entramos aquí en el contexto general de otro valor positivo que se llama patriotismo. El patriotismo no es el patrioterismo. Son dos cuestiones tan diferentes que chocan entre si. Mientras el patriotismo significa amar el lugar donde se ha nacido o donde se está viviendo en condiciones de igualdad con el resto de los seres humanos que viven en nuestra sociedad, el patrioterismo es una desviación negativa del patriotismo; porque quienes se mueven a través del patrioterismo (que no es patriotismo ni nada que se le parezca salvo en el sentido gramatical) se creen seres superiores (nazismo o comunismo por igual son dos de los muchos ejemplos que existen todavía en la actualidad) y creen que las demás personas ajenas a sus patrias son seres inferiores. Este complejo de superioridad es, como todos los complejos de superioridad, un complejo de inferioridad. Y es que querer decir que nuestra patria es superior en todos los sentidos a cualquier otra patria, conlleva, en sí mismo, esa incapacidad mental de ser completamente humanos y tener las cualidades implícitas de todos los seres humanos.

No existe una sola patria, sino que existen numerosas y múltiples patrias. El lugar donde nacemos (sea cual sea) es una de nuestras patrias. También es una de nuestras patrias el lugar donde crecimos y el lugar donde hemos residido y donde estamos residiendo. Es una patria nuestra la escuela, el colegio y la universidad donde estuvimos estudiando y nos estuvimos forjando una cultura de conocimientos; y es patria el barrio donde compartimos vida con otros seres humanos. Es patria el club al que pertenecemos, el grupo con el que practicamos deportes o compartimos talleres de aprendizaje; como también es patria nuestros pensamientos, nuestras ideas, nuestros sueños, nuestros amores, nuestros desamore… por eso es patria nuestra la hoja en blanco donde escribimos. Todo lo que somos (que es la verdadera patria a la que pertenecemos) es lo que vivimos, pensamos, sentimos, soñamos y escribimos. Porque, en realidad, todos los seres humanos (absolutamente todos) formamos parte de una patria común que yo defino como un pequeño rincón llamado Universo.

Hablemos de la Cultura. Todo nuestro bagaje cultural (conocimientos más realizaciones de nuestra personalidad) es un enorme valor positivo en esta escala que estoy desgranando. Esa cultura que nos hace ser más completos, más hombres y más mujeres. Esa cultura que nos da una señal de identidad propia que nos distingue entre los demás sin tener que sentirse superior ni inferior a los demás. Las culturas son valores tangibles porque nos significan y nos dignifican como seres humanos. Nos imprime el sello de personalidad suficiente como para ser unívocos e irrepetibles. Es esa cultura que nos sitúa en las partes superiores de la Humanidad porque desde esa altura podemos comprender, podemos entender, podemos mostrarnos con dignidad y ver que los demás son seres humanos. En este sentido, asido de la misma mano a la Cultura, viaja otro valor positivo de gran magnitud que se llama Educación. Para tener educación con respecto al mundo y con respeto hacia el mundo hay que tener cultura y para tener cultura es necesario tener educación. Ser mejores no es ser más poderosos o más famosos o más aplaudidos y admirados por las gentes sino ser más culto, ser más humildes (la Humildad es el valor positivo de los verdaderos seres valiosos), ser más pacíficos y ser más personas.

El pacifismo es la consecuencia de la Paz. La Paz no es solamente la ausencia de guerras, conflictos, enfrentamientos continuos (hoy en día hay 52 guerras que se están librando en nuestro planeta) sino desarrollar una sociedad en la que todos estemos asegurados de que nadie nos va a agredir, a acosar, a perseguir… porque la Paz no es un estado de cosas cuando se llega al límite de la incomprensión de unos hombres contra otros hombres, sino la continua realización del pacifismo dentro del contexto general de nuestras formas y maneras de vivir en paz; que es la verdadera razón de ser para poder decir que estamos luchando por la Paz mundial. Ser pacífico significa ser valiente ante la vida, tener la suficiente capacidad de entendimiento como no buscar la guerra, el conflicto, el enfrentamiento belicoso, la actitud agresiva que tanto daña y ha dañado siempre a la Humanidad entera por culpa de quienes no saben imponer el pacifismo como norma de comportamiento hacia los demás porque les guía la soberbia, la prepotencia, la ambición y otros comportamientos negativos que conlleva querer destacar en la sociedad humana en base a esa agresividad que tanto pregonan los que dicen que hay que tenerla para ser los mejores cuando lo único que están haciendo es destruir a tantos seres humanos. El Pacifismo no destruye nada. El Pacifismo siempre construye un mundo mejor para los demás.

Terminemos esta escala de valores positivos con algo tan sano y saludable, tanto en lo físico como en lo psíquico, como es la Felicidad, porque siendo felices tenemos otro valor positivo que se llama Alegría. Y aquí, llegados a la Felicidad y a la Alegría es necesario, muy necesario, expresar dichos valores con otro que va de la mano de estos dos. Se llama Humor. Pero me estoy refiriendo al buen humor; a ese humor que sirve para educarnos a través de la sonrisa sana. Ese humor que sirve para compartir con los demás nuestra forma de ser alegre y feliz y que, en algunas ocasiones, también sirve para sacar a la luz los defectos humanos y tamizarlos por el crisol de la risa para poder corregirlos.

Somos sociables y socializados; vivimos en una sociedad cada vez más globalizada a nivel mundial y, para entendernos y comprendernos tantos millones de seres humanos, es de suma importancia poder emplear un lenguaje oral y escrito que nos facilite esas labores de entendimiento y comprensión. Por eso, también en la escala de los valores positivos, debemos colocar la enseñanza de los Idiomas. En este sentido, la ONU tiene establecidos 6 idiomas de carácter universal. Por orden alfabético son: árabe, chino-mandarín, español, francés, inglés y ruso. Aprender bien cualquiera de estos idiomas nos facilita enormemente la posibilidad de poder ponernos en comunicación con el resto de los ciudadanos del mundo. Y esa es la expresión más valida y valiosa para poder contribuir al mejoramiento de las relaciones de unos con otros y no de unos contra otros. Si el mundo supiera entenderlo… si lo pudieran comprender todos los seres humanos…

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