¡Ven conmigo!

¡Ven conmigo! Acércate, ven sin miedo, ven.
Ves, aquí, donde tu vista contempla, había agua sobre el mar, el mar era invisible aunque se veían sus rizos queriendo viajar junto al viento. El viento era invisible; las aguas con ayuda del mar hablaban con él, lo cogían en brazos y jugaban a saltar y brincar. El viento y las aguas del mar danzaban hasta altas horas del día y la noche, y de la eternidad; simplemente, cada vez que lo deseaban; sin reparo alguno, jugaban.
El mar flotaba sobre el agua hecha de agua, también de otras miles de gotas de aguas, que atraídas por la celebración se apuntaban a semejante diversión; los mares y las aguas confraternizaban, viajaban por todo lugar donde se les diese acogida.
Pedían permiso a las embarcaciones de papel con chimeneas de juguete para hacerles compañía.

3 comentarios sobre “¡Ven conmigo!”

  1. Muy bueno. Textos así son como invitaciones a seguir creando Literatura. La recreación de la escena es excelente y tenemos, también, un paisaje marino lleno de sensibilidad y recuerdos. El final es sorpresivo y muy bien logrado.

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