Llamo primavera
a la felicidad,
pues con ella las
flores de mi existencia
vuelven a brotar.
Llamo flores
a las razones de vivir
pues con ellas mis
campos haré realidad.
Esta poesía es un poco rara, así que primero quería explicar el motivo que me llevó a escribirla. Quería transmitir un poco un sentido del miedo que tengo, que intento eliminar día a dia pero que aún está por eliminar: es un miedo al cambio, a que no todo sea como antes, a que nada vuelva a ser igual, vamos.
Esto no les parecerá nada raro, pero todo se vuelve amargo cuando es tal el miedo del cambio que prefiero quedarme en un estado medio triste medio alegre, como gris, algo apagado, antes de cambiar a mejor. ¿Por qué? Creo que por que la experiencia un poco me ha enseñado (a mal o bien) que mientras se es muy feliz es más fácil caer en la tristeza. Me di cuenta de mi miedo hace poco, pensando. Y me he decidido a intentar cambiar para ser feliz, por que el estado en que estoy ahora, seco, sin sentido, no puede durar eternamente. De eso va lo que escribí a continuación:
No sabía lo que era una carta,
jamás me habia llegado ninguna,
cuando sonó el timbre no lo imaginé,
salí en gayumbos a la puerta principal.
Una chica vestida de amarillo y azul,
con un carro de compra también amarillo,
me entregó después de verificar mi identidad,
un sobre blanco y perfumado en la mano.