Todas las entradas de: Morado

La bemol

La música es un lenguaje que todo el mundo entiende y
sin embargo,
aquí seguimos oyéndonos desafinados,
porque ya,
hasta con aparatos
no nos encontramos a tono.

Ni el tono adecuado.

Aún te quiero.

Yo aún te quiero,
como cuando recuerdas con anhelo jugar al escondite o el regalo de reyes.
Y si, no miento,
que si te quisiere a ti por tales reyes,
de ti mi dueña y yo tu siervo,
soñar a mi infancia con tan solo tu beso
para siempre.

Pues yo te llevo las pilas

– ¿Y tú qué acabarás haciendo?
+ Pues aún ni idea, pero si saco nota me meto en traducción e interpretación
– Pues yo al final acabaré recorriendo el mundo en caravana
+Y yo detrás tuya, en bici… ¡Traduciendo!
– Jajajajaja, estás fatal
+ Si, si; y niño y niña, procreamos y listo
– ¡Si vamos!
+ Que si mujer
– ¿Y tal idea?

Subjetividad

Hoy conversando con cierta amistad sobre esas personas que hablan sin propiedad surgió el tema del conocimiento (por eso de hablar con conocimiento) y, como ya configuraron en la Grecia clásica ciertos pensadores, por más pegajoso que suene, es la propia duda, la cuestión del motivo de todo, el «por qué» de las cosas que ocurren, hasta del planteamiento del «por qué» del «por qué» ocurren (Jajajaja). Y ésto todos lo tenemos brevemente asimilado todos tras una convincente explicación.
Pues bien, mi planteamiento fue, yo que soy creyente de tal concepto basado en la duda como motor de todo conocimiento, cuyo «por qué» no tiene un fin definido, por qué no creer en que en algún momento, como en la clásica Grecia, Sigue Leyendo...

Vuelvo a salir de negro

Tranquilo,
vas a darme todo lo que pido,
vas a romper con todo lo acordado,
vas a ser mi costilla rota por las broncas,
aquello que jamás verás finalizado,
que de corazón ya sabemos todos mucho
pero seguimos intentando privatizarlo,
voy a caer para drogarme de lado
con esa espalda tuya que vigilo con mis dedos
para que nunca tengas que quemarlo.

Volvió el invierno.

Púrpura

Como pretexto de cada sutil advertencia culpamos a nuestras posibilidades, muchas desconocidas, para así impedir al capricho resolverse con encanto, no con prudencia.

Ser siempre fiel al firme parpadeo de nuestro jodido pecho, cenit personal e irremediable.

Léeme

Si me lees recuerda,
recuerda alto, que jamás dejaré de recordarte,
que el recuerdo nunca fue una meta,
pero si hoy la meta es olvidarte
jamás recordaré como hacerlo,
jamás olvidaré como recordarlo.

Cartas a mi memoria a corto plazo

Me resulta tan abrupto escribir ahora, tan temporal, tan como las prisas que sientes cuando ves que tu helado se derrite y no sé, me resigno a copiarme y tratar de eludir estas 7 voces que te llaman.
Sentado, de pie o paseando, cuando me paro a pensar y trato de encadenar palabras con tal gana, te cubro de letras, te cubro esquiva, preguntándome qué salió mal.
Tengo tantos demonios que me advirtieron recordándome sus palabras que los insistentes en que salga a la calle a sonreir se vuelven mudos, pero su silencio es el más oído en todo mi pecho, he de salir de esta; siempre existe una primera vez. Sigue Leyendo...

Eso digo yo

Y por qué no escribir a estas costumbres
que me tienen resuelto,
al besarte en silencio,
a dormirme sin querer,
a treparte con los dedos cada relieve y hacerlos océanos.

A temerte despreocupada,
a joder en la mesa,
a quererte a sabiendas, de que algún día,
podría dejar de quererte.

A ciertas costumbres

Perdona

Si era por meneármela o por recordarte fumando no lo recuerdo,
pero si terrorista,
si era por mi tampoco lo recuerdo,
pero por ti, que ya cojeas con mi peso,
por ti… Perdona, ¿tu nombre?

Días en la ciudad

Entre tu espalda y mi cara
una fina capa de sudor.
Entre mis dedos y tu pelo,
ternura de la cara.

En la ciudad todos aferrados a un futuro,
en mi cama tu olor acariciando disimuladamente.

Y después de todo, en mis días,
caras de malos aires, de blanco roto.

De piña y coco.

Tal vez

Son días como estos, en los que en un escalón te sirve de Meca de la reflexión,
los que más me dan de comer que de sonreir.
Pero no importa, aún queda que contarnos,
que sudar, que reñir, tal vez si aquí,
donde te quedas,
te quedas sin aliento.