Todas las entradas de: Tilma

Mis manos agotadas

Tuve manos de niña, gráciles y delicadas,
que cogían los juguetes y adoraban desgranar el maiz.
¡Cuánto tiempo ha pasadopor mismanos, convirtiendo
su inocente albura en dolorosasmuestras de esfuerzos!
Pero mis manos me han sido dadas como
herramientos nobles para dignificar
mi humanidad:
Benditas manos.

La partida

El tiempo pasa y arrebata momentos,
deja recuerdos como instantes de amor.
La vida nos arrastra como peligrosa ola,
y marchamos de la tierra
que nos creo.
Hoy el Sol me saluda trayéndome sus mensajes;
nuev os paisajes de luz y de sombra.
estuvieron de nuevo,
y fuimos felices en el reencuentro esperado.

Frida y el olor a rosas

Huelen las rosas
en tus colores,
en tus flores,
en tus dolores
de mujer resquebrajada.
Frida, permenante como roca,
firme en su estructura desatada,
silenciosa sonrisa,
tequila y un buen puro.
Indiecita virgen, diosa pura,
mortal y a la vez eterna
y dolorosa.

Palabras distanciadas

Me acerqué a la orilla del mar
con los pies descalzos.
olaba mi pelo hacia lo alto,
pero enredado,
melena que cuelga desde mi frente.
Las corrientes
del agua del mar sobre la playa
me enseñaron palabras distanciadas,
gestos oscuros de la gente
y sobre el silencio: nada

Violeta

Ven a mis manos,
flor de poeta,
violeta sencilla y triste
como los poemas.
Lloras soñando
escondida entre las hierbas.
La luna te mira y ríe,
la luna violeta linda.
Ya llega el frío, violeta.
¡Oh, tus manos marchitas!
Sobre el rocío dormitan
tus palabritas.

Llegó la carta y estaba muy fría

No se me ocurre callarme y no hacer nada.
Abuelieta ha muerto, allá, donde los plataneros son sombra
y las piñas se acumulan dejando un aroma a vírgen.
se nos fue. Me lo dijeron, como si no debiera entenerarme.
Lloré y callé.
Recuerdo ahorita su canto de la mañana,
su «cafetal cafetero».
No se va sin darme un beso,
y sé que stá como una nube vigilando el paso
de mi caminar solitario y poco ambicioso.

Siento su ausencia

Le conocí este verano.
Simplemente…le conocí
y nos cogimos las manos.
Me enrojecí toda, todita,
como una margarita en un tintero.
Pense: ¿Le quiero?
Me dije que sí…
¡Pobre de mí, inocente!
Le perdíentre la gente y
sufrí…
¿No es lo corriente?

A las hojas del otoño

Como pedazos de un lienzo
las hojas se precipitan
movidas por el viento.
Sequitas ya se despiden
y acaban en los suelos,
entre las hierbas, haciendo vuelos
por mil aire hasta las nubes.
Colores de hojas,
colores de otoño,
ocres y rojizos,
verdes…más colores,
marrones de tierra,
sequedad sin flores.

Dorado Sol de Otoño

Suave y lejano. Sol que orbita como un dios,
que dora las arenas y enrojece los pámpanos.
Mi cuello te siente al agarrar la uvas,
al enseñarte la mano resbaladiza y dulce.
Dios de la vendimia; madre que fecunda
y padre que envuelve en un abrazo.
Dorado Sol de Otoño,
comienzo del cilco lunar que lleva
a la calma.

Alguien en el supermercado

No parece que pueda caber la poesía
donde tanto se expone oculto, medido,
iluminado falsamente, enardecido en precios
y ocasiones.
Una mujer callada en la puerta con vaso
me miraba.
En sus facciones sin risa, una sonrisa creaba
como delatando su humildad
de estar allí para no comprar nada.
Le di una moneda y me marché pensando.
¿Es poesía el momento?
¿Es poesía lo que siento?
Quizá, tan sólo es un momento.

Viendo una niña desde mi ventana

Asomaba el día como una paloma,
que iba y que iba.
Desde mi ventana, apayada huía
en mis pensamientos viajando dormida.
¡Canto al saltar la piedra en un tris-trás!
¿Qué era aquél canto?
Quizá la paloma volando y volando,
quizá unos pasitos sobre el empedrado,
tal vez…¡una niña de bucles dorados!
Desde mi ventana la vi caminando
como una bube blanda,
vestida de blanco y en su albura,
la hermosura de un canto,
desde mi ventana.

Lamparitas de aceite

Las miradas sinceras, leales, valientes
son lamparitas de acite
danzando al compás de un viento
contento.
Cómo se alborozan cuando la risa ya viene
cuando el cuerpo se contiene
para no ser mariposa voladora.
Las miradas calladas, tranquilas, durmientes
son lámparas que callan su risa
y en aparente descansar
esperan regresar a la danza de la vida.

Ante ti

Madre Tierra, que soportas mis pasos,
que alimentas mi vida,
que serás el ocaso, lo último que vea,
para volver a ti
en un mutuo abrazo.
Ante ti
mi palabra te reza,
porque sin pedirme nada,
me das la belleza
de estar en tu seno,
sin pedirme nada,
dándome el consuelo
de un día y otro día.