Mi cara no refleja
Cuanto sufre mi alma.
Mientras mi rostro sonríe, y mi boca despreocupadamente habla
Mi alma sangra , porque mi corazón sufre y sus heridas no sanan.
Me ahogo en un mar,
lunar oculto en tu mejilla,
de cara distante en el espacio,
en la lejanía agonizante,
del palpitar que perdura,
en la superficie reflejada,
en el pulsar ansioso,
del deseo de sentirte dentro,
de morir en el intento,
de gozar de tus encantos,
en el universo bifocal,
de tu mirada lejana,
que se clava en mis sentidos,
Dime que no me quieres
Mírame a los ojos y dime que no ves lo que hay detrás
Dime que no me abrazarías,
que no me besarías,
que no me cogerías de la mano y me llevarías contigo a dónde fuera
Mírame y dime que no sientes nada por mí,
que aquel beso sólo fue uno más
Dime que con él no me quisiste decir que me querías,
porque no me quieres, dímelo!
Dime que mi voz te resulta indiferente
y que miras mis ojos igual que a los de cualquiera
Que si te hablo, si te rozo, si te abrazo… que te da igual
Ven, mírame a los ojos y dime…
Dime… que no me amasSigue Leyendo...
Me ocurre algunas veces,
que al caer la tarde,
miro a los vencejos
cruzar el cielo azul;
y un azar misterioso
invade mi ser,
creyéndome vencer
al tiempo y a la muerte;
pero, la realidad me enseña
que la luz emigra siempre
al lecho nocturno de la sombra.
Y aquel verano bendito
Bajo aquellos limoneros,
Supimos que nuestra sangre
No acabaría en recuerdos.
Y viendo la mar en calma
Y un puñado de silencios
Supimos que nuestras voces
No acallarían los necios.
Y volvimos a entregarnos
Otra vez a nuestros juegos,
Y jugando nos contamos:
Fuimos tres en el recuento.
Y aunque muchos años pasen
Recordaré los limoneros…
Juegas con el pasado,
trayéndolo al presente,
tejiendo una maraña,
de realidades diferentes,
y piensas que todo vale,
pues todo se queda en nada,
pero cuando te vuelves,
tu espalda está mojada.
Besaré tu cuello,
mientras mi cabeza,
se pierde entre tus hombros.
Con un dulce beso,
que deje algo de mí,
o más de lo que he sido.
Sentiré tu piel,
estremecer de ganas
en fundirse con la mía.
Y después de tanto tiempo,
por fin abriste tu ventana.
Y un soplo de aire fresco
revolvió mis cabellos.
Tu armoniosa voz
se tornó melodía para mis oídos,
la emoción invadió mi cuerpo,
que trémulo perdía el sentido.
Saboreé el momento.
Me llené de alegría.
Mas que poco duró.
Solo un minuto,
un momento,
un instante.
Todavía resuena en el ambiente
El eco de tu saludo mañanero.
Wersemei tu nombre me evoca poesía
cada vez que te nombro me traslado
a un idílico paraje de ensueño
donde los pajaros duermen al arrullo
de los vientos bajo la frondosa
copa del árbol de tus letras.
Hace tiempo que añoro tus bellos versos
henchidos de alegria y de inocencia
el delicado aroma de la colonia infantil
y el olor a hierbabuena que todo lo empapa
siento tu silencio como daga en mi pecho
y mi corazón siente el murmullo de los arroyos
que bajan plenos de aguas cristalinas
donde animalillos del bosque calman su sed.
En la corta distancia de un suspiro
tu pálpito es venablo haciendo diana
en todo lo que de mundo tiene
este momento de suceso despierto.
Me alienta el cálido punzón de tu mirada
en esta tarde de horas sin lamento
y un breve sentido de recuerdos
me entran en la espesura de la sangre.
Se levanta el sol,
entre las espadañas,
de la bella marisma,
asoma entre la bruma,
de la mañana fresca,
del renacer diario,
del apacible cielo,
del claroscuro devenir,
de tiempos impertérritos.
…y el ojo no ve
ya el dolor,
tampoco
sufrimiento,
desdicha
o desazón…
Un ojo convertido,
individuo compartido;
antes muerte,
ahora
bienaventuranza,
como la del que llora
de emoción,
como la del que ríe
en dolorosa
situación…
No puedo decirte adiós,
aunque lo quieras con desespero,
en un momento cerrar lo nuestro,
aunque lo quieras, y lo desees,
yo… no puedo…
No puedo decirte adiós,
así sin más, romper los lazos,
de esta atadura que nos unió,
que me hace daño,
que me da vida, que me la quita,
mientras me miras…
Duele….
Cuando los pulmones piden oxígeno al aire
Y éste se niega, a proporcionarlo.
Duele….
Cuando una mirada se clava en el alma
Como segadora daga.
Duele…
Cuando cortan tus alas y te encierran
Para siempre en el laberinto de tu interior
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