Todas las entradas de: Carlota

L’important…

«L’important, c’est la rose, l’important c’est la rose, l’important c’est la rose, crois-moi…»

Me gustaba (me sigue gustando) esa canción, especialmente desde que Isabel, antigua compañera de trabajo y sin embargo amiga, me hubo explicado lo que, según ella y sus cofrades, era su auténtico significado.

A todo esto, yo trabajaba entonces como profesora de inglés en un colegio de monjas. Las monjas eran, en su mayoría, agradables en su trato hacia mí. Pero yo a veces me preguntaba si ese trato no sufriría algún deterioro si algún día llegásemos a hablar sobre religión. Porque lo que no he dicho hasta ahora es que corrían los años sesenta y se suponía que todo el mundo debía ceñirse a la más pura ortodoxia del catolicismo. Sigue Leyendo...

Lo más frío

Estaba especulando a solas sobre cuál sería el lugar más frío del mundo. ¿La cima del Everest? ¿La Antártida? ¿Alguno de los varios glaciares que existen repartidos por la geografía mundial?

Sin consultar ningún gráfico de temperaturas de estos lugares, llegué a darme cuenta de cuál es el lugar más frío: el interior de los corazones de vosotros dos.

Haced algo, por favor

A todos aquellos de la familia que estáis ya al otro lado: ya sabéis que está sufriendo mucho, que a su avanzadísima edad han tenido que ponerle urgentemente un marcapasos porque si no se hubiera marchado con vosotros. Durante la intervención, como recordareis, tuvo una parada cardiaca que duró cuatro minutos, y fue reanimada. Posteriormente, ya en la habitación a media tarde, volvió a tener otro paro cardiaco y volvieron a reanimarla.

Si ese día se hubiese quedado en casa sola en lugar de ir al centro de mayores, se hubiera ido sin más sufrimiento. Ahora está arrepentida de haberse animado a ir a pesar de estar mareada. Le dice a sus hijas que si se hubiera quedado, no habría hecho falta todo este trajín. Sigue Leyendo...

Yo, tierra

Yo, tierra, escondo en mi cálido seno
las semillas de las futuras plantas
y las raíces de las que ya han brotado.

Yo, árbol, me yergo en la solitaria llanura
y ofrezco al mundo el verdor de mis hojas,
que se agitan al viento cantando su canción.

Tropi

Supongo que se llamaba Tropi, porque así se lo oí a alguien que salía del bar de sus amos en su busca. Tropi era un perro pequeñito, enteco, bastante feo, de color gris y pelaje algo rizoso, que a la llegada del buen tiempo y una vez pasados los vientos, las nieves y los fríos mesetarios, se repantingaba en la explanada frente al bar de sus amos a calentar los viejos huesecillos al sol.

Tenía ese aire, que siempre me ha parecido conmovedor, de profunda dignidad y concentración de algunos perros pequeños, conscientes de su propia importancia. Yo pasaba alguna que otra vez por delante de ese bar, al que nunca he entrado, le llamaba al acercarme, le guiñaba un ojo (lo que al parecer equivale para perros y gastos a un “te quiero”). Pero él no me hacía caso, demasiado acostumbrado quizá a que la gente entrase y saliese del bar. A mí, su presencia en la calle tomando el sol me daba alegría porque veía que había superado otro invierno. Sigue Leyendo...

El jardín encantado

Uno de los dos movimientos de que se compone “Ma mère l’oise”, de Maurice Ravel, se llama “El jardín encantado”. Es una música relajante y descriptiva de un lugar libre de presiones y de negatividad.

Ojalá hubiera (y pudiéramos encontrarlo) un jardín encantado en el cual penetrar para recuperar las ilusiones perdidas, recoger las palabras que dijimos a destiempo, reanudar los lazos con los amigos perdidos, liberarnos de nuestras pesadas cargas, olvidar los agravios que nos hicieron y hacernos perdonar por los que cometimos… Sigue Leyendo...

Regar el jardín

Me parece digna de elogio la actitud de Wersemei, que nos da un pequeño empujón para que sacudamos la desidia. Ella es una mujer muy valiosa y no sólo en la cuestión de las Letras.

Cuando empecé a escribir para que Vorem me publicase (creo que era mayo de 2007) no sabía bien qué esperar. Por un lado, creía que podía tener interés para alguien lo que pudiera decir. Por otro, estaba persuadida de que mi envidia hacia los escritores me llevaba a imitarlos, después de décadas de disfrutar de muchísimos ratos buenos leyéndolos. Qué digo buenos: apasionantes en ocasiones. Sigue Leyendo...

En silencio

No dice una sola palabra porque no domina ningún idioma, sólo el mensaje de gestos. En cuanto me ve sentada ante el ordenador, viene y se pone a mi lado, en silencio, y espera pacientemente a que yo me dé por aludida de que quiere una golosina. A veces me hago la loca, otras hago caso y otras monto una pequeña regañina. Entonces se va tristemente a otro sitio y se sienta con cara de desdicha.

Ella piensa que lo más divertido de este mundo es comer. No comprende que se saquen cosas del frigorífico, se consuma una cantidad de, por ejemplo, queso, y luego se guarde el resto de nuevo. Me parece que nos cree trastornados. Lleva mucho tiempo creyéndolo y no entiende bien la utilidad de meter en una caja grandota que hay en la cocina cosas que se podrían comer en el momento. Sigue Leyendo...

Lo que arraiga en el hueso

Acabo de terminar de leer la Trilogía de Cornish del escritor canadiense Robertson Davies (1913 – 1995), cuya lectura recomiendo por su amenidad y gran profundidad. El segundo libro de la trilogía, “Lo que arraiga en el hueso”, narra la vida de Francis Cornish, que nace en el seno de una familia acaudalada y desea desde su infancia ser pintor, lo que nunca llega a poder realizar a pesar de la gran calidad de su trabajo, su gran conocimiento de la pintura medieval y renacentista, y los antiguos métodos de que se valían los pintores de aquellos tiempos. Sigue Leyendo...

Su caja de acuarelas

De entre todas las cosas que él hizo con sus manos, todavía conservo unas pinzas para los terrones de azúcar o los cubitos de hielo. Están hechas de acero cromado, son muy sencillas, pero de vez en cuando, al abrir el cajón de la cubertería, mi mirada va hacia ellas y las cojo. Siempre me maravilla que no siendo un trabajador del metal tuviera él la habilidad de realizar un trabajo tan perfecto.

Lamentablemente, el juego de café art-déco que también había hecho se ha perdido ya hace mucho tiempo, en alguna de las mudanzas que hemos tenido. Entonces sabía que era un juego de café sin más. No tenía idea siquiera de que existiera un estilo llamado art-déco. El juego acabó utilizándose más bien para la decoración y, con los años, sus piezas fueron perdiendo esa función para convertirse en simples recipientes para cosas diversas, de esas que no se tiran pero que no tienen una utilidad inmediata. Sigue Leyendo...

Todos somos mayorcitos

Con los años se puede ir cambiando de forma de pensar, de actitud, de gustos. Se puede cambiar mucho en cuestiones que afecten al pensamiento de la persona, aún cuando su esencia siga siendo la misma. En las relaciones con los demás se puede variar de ser frío y distante a cálido y amable o viceversa. Es como si te situaras frente a una exposición de obras de arte, con un criterio ya totalmente formado, y fueras capaz de dar una simple ojeada para decidir sobre la marcha con qué te quedarías y que descartarías.

Miguel Delibes

Nos hemos quedado sin otro grande de la literatura española, ese escritor y dramaturgo castellano (nacido y fallecido en Valladolid) de prosa sobria, dejándonos la maravillosa herencia de sus obras de sobra conocidas.

Comenzó su carrera como columnista y periodista, posteriormente se convirtió en escritor, perteneció a la Real Academia de la Lengua, y en 1998 «colgó los trastos de escribir».

Ha sido propuesto como Premio Nobel de Literatura tanto por la Junta de Castilla y León como por numerosas entidades culturales e intelectuales españolas e internacionales, sin que nunca se le haya concedido dicho galardón. Sigue Leyendo...

Todos los amaneceres del mundo

Todos los amaneceres me traen tu sonrisa, esa sonrisa que siempre ha lucido en tu rostro a cualquier hora del día o de la noche. Tu sonrisa, como miel destilada por un enjambre de abejas felices libando las bellas flores de una primavera eterna. Tu sonrisa, compendio de la sonrisa de todas y cada una de las personas que he conocido, la miel extraída de las diferentes plantas y flores libadas por esas abejas felices.

Y todos los amaneceres me traen tus silencios, nunca a destiempo, siempre motivados por algo que ha retenido el interés de tu inquieta mente, con una insaciable sed de saber y un imparable afán de experimentar. Así, experimentando, me has involucrado en tu atmósfera y has influido en mi visión de las cosas. Tu sabiduría innata ha proveído de todas las respuestas. Sigue Leyendo...

Orgullo y dignidad

Hay una frágil línea que separa el orgullo de la dignidad. Tan frágil es esa línea, que a veces pueden confundirse actitudes que provengan de uno o de otra. Mi opinión es que en realidad hay diferencias fundamentales, que a nadie con un mínimo de sensibilidad y sentido común pueden escapárseles.

El orgullo siempre proviene del ego, de esa parte tan nuestra que, a menos que estemos dispuestos a mantenerlo a raya, a incluso intentar (no es nada fácil) destruirlo, puede acabar amargándonos muchos ratos que deberían ser buenos, puede romper amistades entrañables. Sigue Leyendo...

El Prohombre

Desde la confianza y la comodidad de pertenecer a una casta distinguida y totalmente a salvo de padecer las miserias de la vida, me opongo a ciertas leyes y, sobre todo, a la más reciente de todas, redactada ex-profeso para que cualquier irresponsable, haciendo uso de ella, impida que haya un nuevo habitante en esta Tierra. Es inconcebible que se arroguen este derecho personas que deberían dar gracias porque una nueva vida se aposente en su cuerpo.

¿Cómo voy a ponerme yo en situación de comprender qué circunstancias han llevado a esas personas a tomar una decisión dolorosa? ¿Acaso sé yo los medios con los que cuentan, su situación familiar, su estado de salud física y mental? Sigue Leyendo...

El encuentro

Él sabía, al igual que yo, que era difícil que se llegara a producir un encuentro. Era algo de lo que hablábamos con frecuencia, en nuestras conversaciones obligadas por motivos laborales. Después de tratar las cuestiones del trabajo, pasábamos a dialogar sobre temas un poco (sólo un poco) personales. De cómo a él le gustaría venir a vivir a mi ciudad, de la imposibilidad de hacerlo por el momento. De que el clima en su ciudad era mucho menos benigno, la sociedad mucho más cerrada, las oportunidades para divertirse muy restringidas, las compañías muy escasas. No sé si pensaba que esta ciudad era Jauja, que aquí todo se lo daban hecho a uno nada más nacer, pero era inútil que yo intentase tirar por ese terreno porque él enseguida me aseguraba que no sabía de qué hablaba si no había pasado los meses de invierno allí. Sigue Leyendo...

Nos pillaron in fraganti

La primera vez que fuimos a Roma era con un viaje organizado, de esos que no nos gustan nada porque vas a toque de corneta a los sitios, te detienen quizá una hora en algo que no te interesa demasiado y sin embargo pasan casi de largo por lo que te interesa mucho. Uno de los componentes del grupo, que se había perdido alguna excursión, anduvo a su aire con su mujer por Roma y a la vuelta nos dijo que nadie pagaba en los autobuses: “Ni los curas”. Pero en aquella ocasión no tuvimos ocasión de comprobarlo porque nos llevaban en autocar a todas partes. Sigue Leyendo...

La niña

La niña me mira desde su sillón, donde está sentada en una postura muy natural y al tiempo muy consciente de ser ya un personajillo a sus aproximadamente tres años. Un personajillo solamente para sus padres, abuelos y tíos. Me mira directamente a los ojos mientras contemplo su foto y creo que sabe (sabía) que yo la evocaría décadas después.

Tengo la noción de que es una niña muy intuitiva ya desde pequeña, así que no me extrañaría que prevea que yo ahora esté mirando su foto y recordándola. No es demasiado alegre ni tampoco triste, digamos que tiene un carácter muy igual. Como sus caprichos no son tolerados, no coge rabietas sino que procura conformarse. Sólo se enfada de veras cuando falla la promesa de ir al cine. Sigue Leyendo...

El héroe

Me han enviado un e-mail con la historia de Turco, el perro labrador que salvó a dieciocho personas en Haití, entre ellas al niño de dos años que permanecía sepultado abrazado al cadáver de su abuelo.

Turco fue abandonado en Tarifa por sus dueños por el sencillo método de darle un tajo en el cuello para extraerle el microchip, de forma que no se les pudiera multar por el abandono. Quedó, pues, a la merced del mal trato de otras “personas”, entre ellas alguien que le causó una herida en el morro por pedradas. Cuando lo recogió un policía estaba flaquísimo, con la herida infectada y lleno de parásitos. Lo cuidó, lo alimentó y el animal empezó a mejorar, pero lo que no recuperó fue el ladrido. Al parecer, los malos tratos recibidos le habían hecho enmudecer. Sigue Leyendo...

Cracovia (para Wersemei)

Después de unos días en Varsovia, decidimos hacer la segunda etapa de nuestro viaje y pedimos al hotel que nos buscara alojamiento en Cracovia. Así lo hicieron.

Nos desplazamos en un tren que hace el recorrido entre las dos ciudades en tres horas, ya que de antemano nos habían advertido de lo malas que son las carreteras polacas, así que descartamos tanto el autocar como el coche de alquiler.

El hotel en Cracovia estaba ubicado en el antiguo barrio judío, Kazimierz, de donde fueron expulsados de sus casas por los nazis sus propietarios judíos. Sigue Leyendo...

Señora María

Hoy, en la sobremesa, he recibido una llamada de una empresa energética, para convencerme de las ventajas de sus servicios respecto a mi suministradora actual. La voz cantarina, con un suave acento latinoamericano, desplegaba ante mí las ventajas que me ofrecía. Y no dejaba de llamarme “señora María”. Cuando ha terminado la conversación, nada más colgar, me he emocionado, porque la señora María era mi abuela materna, en unos tiempos en los que el tratamiento de don o doña estaba reservado para la gente más o menos encumbrada y nadie hubiera soñado tratar con respeto a alguien sin anteponer el señor o señora. Según estoy escribiendo esto, me doy cuenta de que a mi abuelo sí le trataban como Don Felipe. Es decir, estaba un escalón por encima de su esposa. Sigue Leyendo...

Varsovia, octubre 2009

Ya que a Wersemei parece que le gustan mis relatos sobre Polonia, he decidido, una vez que ha pasado el tiempo suficiente para que las sensaciones se posen y se analicen aspectos que ni en el propio viaje ni recién regresados tienes claros, hacer un recuento de las experiencias que nos aportó el mismo.

Varsovia me pareció una ciudad muy dinámica, que ha debido experimentar grandes cambios en su fisonomía en los últimos años. No me refiero a los edificios, sino al equipamiento de la ciudad, a la publicidad en las calles… Hay parques maravillosos que contrastan con los comercios a encontrar en cualquier ciudad europea, de ropa, perfumería… Hay al menos dos tiendas de Zara. Sigue Leyendo...

Hard Times

He empezado a pensar en aquellos menús de posguerra en los que eran expertas las amas de casa.

Tortilla francesa al aroma de maizena: se bate un huevo, se le incorpora leche y dos cucharadas de maizena, se bate todo ello bien y se hace en la sartén como una tortilla normal de las de antes de la crisis. Da para que malcoman tres/cuatro personas.

Patatas con bacalao deconstruídas: Se lavan a conciencia las patatas y, sin pelarlas, se ponen a cocer. Mientras tanto, habremos desalado unas cuantas espinas de bacalao y las echamos momentáneamente en la cazuela de las patatas. Sigue Leyendo...

Los narcisos de Cracovia

En una de nuestras caminatas por Cracovia, cuando nos acercábamos a la Plaza del Mercado, nos salieron al paso un par de chiquillas vestidas de colegialas que iban pidiendo con unas huchas a cambio de entregar unos bulbos. No supimos para qué pedían ya que sólo hablaban polaco y lo único que pudimos sacar en claro es que los bulbos eran de “daffodils” (narcisos). Yo les di dos monedas de cinco slotis cada una, y al ver la cara de incrédula alegría que ponían supuse que me había pasado con el donativo. Pero era igual, me ha pasado a veces en otros países con moneda diferente a la nuestra y merece la pena. Sigue Leyendo...

Fue

“Fue. Nunca volverá a ser. Recuérdalo”.

Leo estas últimas palabras del libro y me asomo a la ventana. El primer día del año es gris y húmedo y la vista, aún familiar, no es reconfortante. Pienso en esas tres últimas frases, tan sencillas, que aparentemente dicen poco pero que a mí me dicen mucho. Las analizo.

Fue, efectivamente, y mientras duró fue maravilloso. Nunca volverá a ser, pero su recuerdo me ha acompañado todos estos años y me seguirá acompañando hasta el final, cobrando cada vez más valor a medida que transcurre el tiempo. Siempre lo recordaré, pero el recuerdo no me llevará a la desesperación, sólo a la añoranza. Lo recordaré como algo que gané y cuyos réditos aún recibo. Sigue Leyendo...

La noche (dedicado a Alexis)

El poeta se asoma a contemplar la noche. Reflexiona sobre los acontecimientos del día, las compras, el concierto de piano en el marco maravilloso del Museo, el posterior paseo por los jardines y la agradable tertulia alrededor de unas cervezas con los amigos.

El poeta observa los árboles y reflexiona sobre la explosión de verdor de la primavera que acaba de terminar y la madurez, ya, de los árboles y arbustos en este comienzo de verano. Sin saber bien cómo, esta observación le lleva a auto-examinarse: sabe que no está dando la talla respecto a lo que de sí mismo esperaba. Sabe que está estancado y, lo que es peor, que no ve cómo recuperar el tono que siempre ha animado sus días. Sabe que presenta un exterior muy diferente a lo que lleva por dentro y que sus amigos escucharían con incredulidad una confesión en tal sentido. Sigue Leyendo...

Crisantemo Azul

Quizá sea la persona menos indicada para solicitar que cese la censura a Crisantemo Azul. Hace ya bastante tiempo que sólo entro por estas páginas muy de vez en cuando y que no participo con mis escritos. Ignoro, por tanto, la razón de que se hayan eliminado sus aportaciones y (supongo) se le haya vetado para nuevos textos.

Si no se trata de algo muy grave que haya ocurrido y que yo ignore (no se me ocurre qué), solicitaría del administrador de la página que reconsiderara el tema. No creo que sobre la pluma ácida, cierto, pero también entrañable de Crisantemo. Sigue Leyendo...

La nevada

Esta mañana, de vuelta en Varsovia después de nuestra visita a Cracovia, nos hemos encontrado con la sorpresa al despertar de una nevada impresionante. Es nuestra última mañana en Polonia y la meteorología se había comportado maravillosamente hasta aquí para favorecer nuestro viaje.

Cuando llegamos a Varsovia la temperatura era primaveral. Al llegar, días después, a Cracovia, se había convertido en veraniega, las jóvenes iban con camisetas de tirantes y la gente se quedaba en las terrazas cuando anochecía .

El día antes de volver a Varsovia vimos cómo una gran bandada de ánades habían emprendido el vuelo en formación y se iban hacia el Sur. Estábamos justamente al lado del castillo-catedral y el espectáculo fue fascinante. Comprendimos que era un pronóstico del tiempo absolutamente fiable. Sigue Leyendo...

Eh, eh, Caballero

Caballero, esos piropos dedicados por usted de forma global a las mujeres, no solicitados ni apreciados por nadie con dos dedos de frente, esas alabanzas que, viniendo de quien vienen y por referirse principalmente a quien se refieren, en quienes usted piensa, son más degradantes que si de insultos se tratase. Se nota que se han fraguado en su mente de “botón de flor”. ¿Que por qué utilizo esa definición del diccionario? Por no emplear la más utilizada, la más rotunda y actual. Por no ponerme a su altura, vaya.

Ya su apellido hubiera debido ponernos en guardia. Aunque le sobran letras, hay cierta similitud con un antiguo sustantivo en castellano, hoy en desuso, para nombrar a una “mujer de vida airada”. Nada que ver con la forma femenina del título de un famosísimo y extraordinario libro de uno de nuestros literatos del Siglo de Oro, joya de la literatura universal. Se nota que sigue usted en agraz. No siga por ese camino, haga lo que quiera y no alabe más públicamente a quienes por lo oido no conoce más que en su versión más vulgar. Sigue Leyendo...