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Relatos

Will (Novela de Ciencia Ficción, Cómic y Guión Cine)

Apagados ya todos los generadores de energía de la nave Will, ésta va dirigiéndose, de manera inexorable y atraída por las fuerzas extraterrestres, hacia el planeta Orangina.

– Ahora que estamos otra vez unidos a lo que nos pueda suceder en nuestro común destino llega de nuevo la ocasión de poder olvidarnos de nuestros rangos y jerarquías para volver a tutearnos como sinceros amigos.
– Está bien, Thierry, pero… ¿estás seguro de haber decidido la mejor elección?
– No quedaba otro remedio, Katy…
– ¡¡Te equivocas, Thierry, porque nos quedaba la opción de autrodestruirnos!! ¡¡Y sigo pensando que todavía tenemos la oportunidad de hacerlo!!
– ¡Calma tus nervios, Charly, y ni se te ocurra acercarte al dispositivo de los explosivos nucleares o tendré que atarte como si fueras un niño maleducado en lugar de un hombre culto y con las neuronas en su verdadero lugar! ¡Si alguna posibilidad queda para seguir vivos un capitán tiene la obligación de intentar salvar a sus subordinados!
– ¿Tienes algún plan de salvación, Thierry?
– No, Katy, pero los oranginos creen en un Dios Superior y puede que ese Dios Superior en el que nosotros también creemos nos dé una oportunidad por mucho que el cálculo de probabilidades sea 0, o sea que según la Ciencia no tenemos ninguna oportunidad de sobrevivir pero… ¿qué nos dice la Fe?…
– ¿De qué Fe nos estás hablando, capitán? ¿De la que mueve montañas? ¡Permíteme que me ría aunque este asunto no me produce risa alguna! ¡Ja, ja y ja! ¡¡Insisto en que no quiero ser devorado por esos monstruos!!
– ¡¡¡Les estoy viendo y les estoy escuchando, terrícolas!!! ¡¡¡Pero ustedes tres olvidan que la última palabra no la tiene Dios sino el pueblo entero de los oranginos!!!
– ¡Habíamos llegado a un acuerdo, Emperador Gritón I!
– ¿Qué es para un capitán terrícola llegar a un acuerdo?
– Para un capitán terrícola llegar a un acuerdo es lo mismo que para cualquier otro hombre y mujer de mi planeta. Es simplemente respetar la palabra de honor dada a los rivales.
– ¡¡¡La palabra de honor!!! ¡¡¡Qué hermoso concepto para quienes no la cumplen jamás!!! ¿Por qué tenemos que ser nosotros los que la cumplamos siempre mientras ustedes la cumplen sólo cuando les interesa?
– ¡¡Hemos caído en una trampa, capitán!!
– ¡¡¡Ordene a su subordinado Pardue que deje de decir lo que le venga en gana y que piense antes de hablar!!!
– Está bien. Eso es lo que voy a hacer con él. Pero espero que todo un Emperador no sea una simple marioneta de su pueblo.
– ¡¡¡No consiento que se me falte al respeto de esa manera!!! ¡¡¡Dije que usted tendrá la oportunidad de hablar con mi pueblo pero mi pueblo tiene la decisión final y si quieren saber cuál va a ser la decisión final de mi pueblo ya la escucharán con total claridad cuando lleguen a nuestro Centro Social!!! ¡¡¡Todos ellos les están ya esperando allí reunidos y en las calles de nuestra ciudad!!! ¡¡¡Y ahora sigan con sus estúpidas conversaciones porque yo ya no deseo hablar más hasta que no estén ante mi presencia como vasallos de los oranginos!!!
– ¡¡¡Nosotros no somos ni seremos jamás vasallos de unos monstruos!!!
– Ten calma, Pardue, ten calma… o lo echas todo a perder… deja de llamarles monstruos o habrás acabado con la única esperanza que nos queda…
– ¿Se puede saber cómo se llama esa esperanza, capitán?
– Te cuesta llamarme Thierry, Pardue.
– No necesito hacerlo. Prefiero llamarle capitán para mantener las distancias entre un superior blanco y un simple cosmonauta negro.
– Está bien, Pardue, la única esperanza que nos queda es la calma… mantener siempre la calma para poder vencer…
– ¡Eso se lo cuenta a un chino pero no a un negro! ¡Los chinos se lo creen todo pero a los negros nos habéis quitado la posibilidad de creer en algo!
– Yo no soy responsable de que tengas esos problemas de personalidad, Pardue, pero si hay algo que no he cometido jamás ha sido discriminar a nadie. Para mí los chinos y los negros sois lo mismo.
– ¿Y qué pasa con los blancos? ¿Para usted los blancos son también lo mismo que los chinos y los negros?
– ¿Por qué no consultas, una vez más, mi curriculum, Pardue?
– ¡Dejad de discutir de nuevo entre los dos! ¡O estamos unidos en esta tragedia o estamos perdidos para siempre!
– ¡Que yo sepa, mi linda teniente Katy, hace ya mucho tiempo que estamos perdidos para siempre! ¡Ni hemos conseguido alcanzar ningún objetivo deseable ni lo vamos a poder alcanzar nunca! ¡¡Esa monstruosidad de Emperador Gritón I se encargará de evitarlos!! ¡¡Grita como un condenado a morir en la hoguera y eso es en lo que nos va a convertir!! ¡¡¡En carne de hoguera para saciar su apetito!!!
– Es la última vez que intentas poner nerviosa a Katy, Charly. Es la última vez que te lo permito y, si quieres hacerlo de nuevo, te vas a encontar en un grave problema conmigo.
– ¡Está bien! ¡Está muy bien, mi capitán! Espero que sea usted quien la consuele contándole mentiras piadosas.
– Nadie está hablando de tener piedad, Charly, pero si algo nos queda por intentar hacer es convencer.
– ¿Y cómo se le convence a un animal?
– ¿Has tenido alguna vez una mascota en tu casa?
– Sí. Pero solamente fue una tortuga y las tortugas no representan peligro alguno para un ser humano.
– Me refiero a si has tenido alguna vez la compañía de un perro, por ejemplo.
– Salvo la tortuga jamás he querido tener ningún animal en casa.
– Por tu propia decisión o porque te lo impidieron tus padres. Sigue Leyendo...

Will (Novela de Ciencia Ficción)

– ¿Cómo va eso, Katy?
– ¿Tengo que ser totalmente sincera, Thierry?
– Totalmente sincera. No estamos ahora para contarnos mentiras piadosas.
– ¡Mal, Thierry! ¡Estamos muy mal y no podemos estar peor!
– ¿Es que no tenemos ni tan siquiera un gramo de energía?
– Ni tan siquiera un gramo de energía.
– ¿Y usando el cálculo de probabilidades hay alguna probabilidad de que recuperemos aunque sea un gramo de energía?
– Ya he usado el cálculo de probabilidades.
– ¿Cuántas probabilidades tenemos, Katy?
– Un total de 0. ¡Lo siento, Thierry, pero me dijiste que no era momento de contarnos mentiras piadosas! Algo ha sucedido que nos ha hecho perder todas las energías. Ninguno de los generadores funciona y, al no tener energía, no podemos tener la oportunidad de ver ninguna imagen en la pantalla. No sólo estamos totalmente perdidos en el espacio interestelar sino que vamos completamente a la deriva en medio de la oscuridad. ¡Sólo un milagro de Dios podría salvarnos pero creo que Dios ni tan siquiera nos puede ver por lo oscuro que está todo!
– Rezo a Dios porque me de la oportunidad de salir vivo de esta aventura.
– ¿Por algún motivo especial, mi capitán?
– Sí, Pardue. Tengo un motivo muy especial.
– Nada de mentiras piadosas, mi capitán. ¿Cuál es ese motivo?
– Poder ver, aunque sólo sea por una vez en mi vida, a ese golfo de Vizcaya que nos ha provocado esta catástrofe. ¡Si Dios me concediese esa Gracia ese gracioso de golfo de Vizcaya se iba a enterar, pero muy bien enterado por cierto, de cómo se las gasta el capitán Thierry Terry cuando me enfado de verdad!
– ¿Y si es un etarra, Thierry?
– ¡Me da lo mismo que sea un etarra o no sea un etarra, Katy! ¡Es solamente un idiota!
– Un idiota metido a gracioso, mi capitán.
– ¡Tú lo has dicho, Pardue! ¡Estamos totalmente perdidos por su culpa y como Dios quiera hacer el milagro de verle cara a cara mi cara va a ser lo último que vea ese golfo de Vizcaya en su vida!
– Lo que no comprendo es por qué los de Tierra han hecho regresar de la Luna al comandante Salvatierra cuando estaba pasando allí su luna de miel…
– Yo tampoco lo comprendo, Katy… pero me han avisado desde Tierra que no sólo recemos por nosotros sino que también recemos por ellos.
– ¡Dios mío, Thierry! ¡Lo que estás diciendo es demasiado grave!
– Por eso sólo le pido a Dios ponerle la mano encima a ese golfo de Vizcaya.
– Quizás solamente quiso hacernos un bien…
– Es mejor no calentarse la sangre por eso, mi capitán. Será alguien que busca solamente la fama.
– De acuerdo. Hoy en día se ansía tanto llegar a la fama que hasta un idiota puede ser famoso.
– El Mundo de la Fama está lleno de idiotas, Thierry.
– Eso parece, Katy. Lleno de idiotas haciendo de imbéciles y adorados por imbéciles haciendo de idiotas.
– ¡Eso es, Thierry! ¡Tengamos buen humor ya que quizás sea lo último que podamos tener!
– ¡Pues el asunto es mucho más serio y no tiene gracia alguna, mi teniente!
– ¿Qué te sucede, Pardue? ¿No te gusta el humor negro?
– Ni a ninguno de ustedes dos le va a seguir gustando cuando escuchen que sólo tenemos comida para mañana. Se han agotado todas las existencias. Teníamos suficiente para un mes completo, que era lo que habían calculado los sabios directores de este Programa Will para encontrar un objetivo, pero no sólo no hemos encontrado ningún objetivo sino que ahora somos un objetivo siniestro.
– ¿Para quién, Pardue? ¿Para ese idiota golfo de Vizcaya sea etarra o no sea etarra?
– No, mi capitán, ahora somos el objetivo principal para la Señora Doña Muerte. Sigue Leyendo...

Sagitario (Novela del Oeste) -1-

Kansas City. En época de historias y leyendas del Viejo Oeste, un «pingüino» llamado así por su nariz aguileña, el estrafalario corte de chompa que usaba y su patosa manera de caminar debido a su enorme gordura, estaba siempre a merced de los caprichos de la bruja Mari Juana. En realidad se apellidaba Sagitario y todos le conocían como Sagi. Le encantaban las pistolas más modernas del Viejo Oeste de aquellos tiempos, a las cuales él las denominaba «pipas» porque descendía de padres y abuelos argentinos.

Sagi solamente era un pistolero bravucón, feo como el Demonio, que siempre se balanceaba en las barras del saloon «Milboona», mientras la Mari Juana lo convertía, tantas veces como le daba la real gana, en un pelele titiritero o incluso en macho cabrío, entre copas y copas de ron, cuando daba rienda suelta a los celos y las envidias contra «La Chica», que cantaba y bailaba sobre el estrado todos los viernes por las noches. Entre ron y ron por aquí y ron y ron por allá, Sagitario, Sagi para todos los que se burlaban de él, se quedaba ronco intentando hacer compañía a la linda y escultural «Chica» del «Milboona» viernes tras viernes. Sigue Leyendo...

Sagitario (Novela del Oeste) -2-

En las orillas del río Missouri, «Yupanqui» (el caballo del sheriff Mendoza Bolt) pastaba, pacificamente, mientras «Blanca» (la yegua de «El Solitario», ayudante del sheriff) comía forraje amarrada al poste de madera de la Oficina de Telégrafos cuando, al levantar la cabeza, observó, como ya era costumbre en aquel lugar, la enorme galopada de la potranca «Flor», con el borracho Sagitario montado encima de ella, bamboleándose de derecha a izquierda y de izquierda a derecha, según soplaba el viento y sin apenas saber hacia dónde se dirigía la alocada potranca. Efectivamente, el gordísimo Sagi, completamente lívido, demacrado y con su tez cada vez más de color celúrico, terminó siendo llevado, por «Flor», a la ciudad de Omaha. Sigue Leyendo...

Sagitario (Novela del Oeste) -3-

En el «Morange Club» de Kent Gable, «La Chica» se encontraba más arrebatadora y atractiva que nunca pero lo que estaba dejando a todos con la boca abierta era la gran racha de aciertos que estaba obteniendo en el juego de la ruleta.

– ¡Estás teniendo mucha suerte esta noche, «Chica»!
– Ya lo sé, Kent. Esta noche las estrellas me acompañan.
– ¡Pero es que es ya demasiada suerte, «Chica»!
– Pero si sólo acabo de comenzar, Kent.
– ¿Es que piensas seguir jugando?

Cisco King, que se encontraba sentado a la derecha de «La Chica» comenzó con sus famosas ironías. Sigue Leyendo...

Sagitario (Novela del Oeste) -4-

Cada vez se iba poniendo más de moda las costumbre de que todos los rudos vaqueros y los desalmados pistoleros se hiciesen apuestas, con fuertes cantidades de dólares por medio, en el enfrentamiento de echar pulsos los unos contra los otros. Pulsos que les hacían sudar la gota gorda. Incluso llegaron, los más osados, a echar pulsos con cuchillos afilados de por medio que a los perdedores, si no retiraban sus brazos a tiempos, se les clavaban en la carne. Y toda esta bárbara costumbre se debía a ganarse el privilegio de piropear a «La Chica», con permiso de Mendoza Bolt, pero con el consabido control impuesto por el sheriff de, a lo sumo, llamarla ¡preciosa! o ¡bombón» o, como mucho, ¡tía buena! o !maciza! pero nunca más allá bajo el castigo de no dejarla trabajar ningún viernes más. Todos aceptaron la ley de Mendoza Bolt sin rechistar porque para ellos contemplar a «La Chica» merecía más la pena que estar todo el santo día jugando a las cartas o hablando de cosas del ganado, de las granjas o de las pésimas comidas que tenían que comer en los ranchos. Media hora viendo, cada viernes, cantar y bailar a «La Chica» era lo mejor que les sucedía en sus vidas. Sigue Leyendo...

Sagitario (Novela del Oeste) -5-

El penúltimo viernes de aquellos tres largos meses de la primavera en Kansas City, «La Chica» faltó a la cita con el saloon «Milboona» sin previo aviso. El propietario del local, un tal Johny «Firewater», estaba sumamente nervioso antes las insistentes peticiones de los parroquianos y las parroquianas alliíreunidos.

– ¿Qué hago, «Rabioso», qué hago para complacer a toda esta gente?
– Sólo se me ocurre una idea pero no sé si será buena idea o mala idea.
– ¡Dame una idea, por favor, dame una idea y que sea lo que Dios quiera!
– He aprendido que Dios no se mezcla en estos asuntos.
– Está bien. No roguemos a Dios pero dame una idea, por favor.
– Lo único que puedes hacer es encontrar a alguien que la sustituya. Sigue Leyendo...

sagitario (Novela del oeste) -6-

Aquel 24 de agosto quedó también grabado en la memoria de todos los habitantes y forasteros que se encontraban en Kansas City. A varios kilómetros de distancia, en Omaha, Sagitario y la bruja Mari Juana habían conocido, desde hacía un par de meses, a los finos, amanerados y elegantes, pero facinerosos asaltabancos, llamados Don Diego Moriles Mochales de Cabra Halcón y sus adláteres Baraja, Corchea, Gordillo y Parada. Todos ellos de la peor ralea y calaña, ausentes de cualquier tipo de ética profesional y de moral como personas. Inmundos por completo, debido a su hipocresía sin límites, habían salido de la cárcel gracias al dinero de la Mari Juana y se reencontraban de nuevo. Sigue Leyendo...

Sagitario (Novela del Oeste) -7-

Los cinco cuatreros y asalta bancos se quedaron ligeramente sorprendidos, en un principio, ante la valentía de aquel hombre solo ante ellos. El silencio era sepulcral. Dos pistolas (las de Mendoza Bolt) frente a diez pistolas (las de Sagi, Baraja, Corchea, Gordillo y Parada). Todos los habitantes de Kansas City, vecinos de la calle donde se ubicaba el saloon «Milboona», espiaban, como cotillas detrás de los visillos de las ventanas de sus casas, la escena. Nadie pronunciaba ni una sola palabra. La Mari Juana se aplastó contra la pared esperando acontecimientos. «La Chica» miraba a través de la ventana de la oficina dle sheriff. Las lágrimas caían por su rostro que seguía mostrando una extraña y misteriosa nostalgia. Sigue Leyendo...

Una vieja deuda (Novela del Oeste)-4-

– Sé que no puedo contar con la ayuda de Andrew Castle, Cesáreo.
– Tenemos un sheriff muy honesto y muy honrado.
– Lo cual ya no nos interesa. Sería necesario ir pensando en su su sucesor.
– ¡No digas tonterías, Gimi! ¡El sheriff que más necesitamos es un tipo honesto y honrado como él!
– No estoy diciendo tonterías, Cesáreo. Si Castle no me ayuda yo haré lo que tengo que hacer y eso es sustituirle por alguien que me ayude.
– Sería nuestra perdición, Gimi Morgan.
– ¿Por qué razón, Cesáreo Fornieres? Tú y yo tenemos los mismos intereses.
– Pero hay una gran diferencia. Mientras tus intereses son los de ganar poder, mis intereses son los de no perder prestigio.
– Consideradas las cosas de esta manera, si necesito más poder tengo que eliminar a Andrew Castle y colocar de sheriff a uno de los muchos que podemos elegir.
– ¡Te repito que no digas tonterías, Gimi! Si en el lugar de un hombre tan honesto y tan honrado colocamos como sheriff de Laredo a un pelele de los muchos que hay, entre los que podemos elegir al más pelele de todos ellos, los ciudadanos y las ciudadanas de este lugar se darían cuenta de todo.
– ¿Quieres decirme que es mejor aparentar que somos tan demócratas como los demás?
– Quiero decir que un sheriff como el que tenemos es una buena tapadera para nuestros intereses. Y te vuelvo a recordar que tus intereses son los de ganar cada vez más poder mientras que mis intereses son lss de no perder nunca mi prestigio. Como ves, ambas cosas son complementarias pero solamente cuando exista un sheriff honrado y honesto que las avalen para no ser descubiertas nuestras falsedades. Una verdad del sheriff tapa mil mentiras nuestras. El mundo de la política se maneja de esta manera. ¡Tienes que leer más a Maquivelo, Gimi Morgan!
– Está bien. Me convence esa teoría, pero en la práctica tienes tú que ayudarme ahora a conseguir lo que busco.
– ¡Aparta definitivamente de tus planes eso de casarte con Mercedes Bank!
– Estoy pensando que lo que me interesa, después de ver la imposibilidad de casarme con ella, es que se vaya de Laredo para siempre.
– Pues me da la intuición que ha venido para quedarse a pesar de tu esposa y de todas las que forman el Club Feminista.
– ¡Tiene que haber alguna manera que parezca legal, aunque no lo sea, para que pierda El Poyote y salgan esos terrenos a subasta!
– ¿Cómo sucedió con la huerta de Benito Lacroix?
– Exacto. Espero que no tengamos que eliminarla violentamente.
– Sabes que lo que le ofreces por sus terrenos es una miseria comparado con lo que en realidad valen y lo que pueden valer en un futuro a muy corto plazo.
– Ya. Sé que es una miseria lo que le ofrezco y ella se ha dado cuenta de ello, pero más barato me saldría si se pusiesen en subasta. ¡Tiene que ver alguna forma que parezca legal para que El Poyote sea liberado de las manos de Mercedes Bank!
– Estoy seguro de que algo puedo hacer en ese sentido si falsificamos algunos documentos con declaraciones falsas pero… ¡no podemos ir tan deprisa como tú tan ansiosametne lo deseas!… déjame primero averiguar quién es realmente Mercedes Bank, de dónde ha venido y qué quiere hacer aquí en Laredo. Sigue Leyendo...

Petanca.

El Tío Eulogio sabe que, bajo la calor del estío, es muy difícil controlar el pulso; pero necesita alejar la bola de Remigio para alzarse con el triunfo. Remigio parece como adormecido por el sopor de la tarde. Un grupo de gorriones picotea en el solar vecino y el vecino, asomado al borde del abismo, sigue la partida con tanta intensidad que parece introducido en el combate. El Tío Eulogio toma su bola y se queda pensando. Remigio no piensa. Remigio no sufre. Remigio sólo espera que alguien le invite a un sorbete de limón para apaciguar el sopor que le recorre el rostro desde la misma boina de siempre. Esa boina de color pardo oscuro que le asemeja a un grajo en busca de algún misterioso soñar. Sigue Leyendo...

Solidarios de la luz.

Se prolongan las horas vividas en el caudaloso sentir del desembarco de las emociones. La travesía de los sueños siempre tiene y mantiene recuerdos de playas doradas, ecos de un inventario que enriquece a esa persona que todos llevamos dentro, fondos de ilusiones movidas por el vaiven del tiempo, sonrisas en el atardecer (cuando la luna empieza a besar nuestros sentidos) y una nueva promesa que se refugia en la realidad de los soñadores solidarios de la luz.

Escucho la voz del murmullo de plata; ese murmullo que prolonga sus ecos dentro de la conciencia. Y entonces llega el destino para seguir amando la verdad y de verdad. ¿Es la verdad una consecuencia del amor? Las voces internas reproducen el mapa anímico de nuestras emociones. El amor nos conduce, una vez tras otra, al recuerdo de aquel nacimiento en donde comenzamos a ser personajes de nuestro propio idilio con las aventuras de este vivir en medio de los oleajes de los sentimientos. Es inagotable nuestro propio sueño en este vivir de forma tan natural como la luz que brilla en las pupilas de los ojos que amamos. Sigue Leyendo...

Para gorriones con conciencia literaria.

Escribo poesía para gorriones como preludio de este nuevo amanecer. Un clamor de las violetas me llega mientras observo, a través de la ventana, el azul de mar. Eros o el amor: una disyuntiva como si fuera una especie de himno al azahar mientras la Luna (rosa nocturna) se asemeja a un melón abierto (a punto de ser comido) y la balada de la oveja ha dejado de sonar para dar paso al romance de las olas y el viento. Llueve. El elogio de la fresa es como agua nocturna que empapa la voluntad del árbol; algo así como la exaltación de la palmera que ansía llegar a la nube. Alabanza de la cebolla de Miguel Hernández como alegría de la noche (en cuatro tiempos). Sigue Leyendo...

Noches de bohemia con luna menguante (Teatro) -3-

Escena Tercera.

Personajes.- El tabernero, Un borracho, «Bakunin», Don Desatino, «La Apasionada», «El Rey de los Ilusos», «La Lagarta», Una voz de la calle.

Escenario.- Noche cerrada. Local de la CNT en la Plaza de Tirso de Molina, de Madrid. Los revolucionarios están sentados todos ante una mesa rectangular que presiden «Bakunin» y «El Rey de los Ilusos». Hay churros sobre la mesa. En el fondo del escenario, y colgada de la pared, hay una luna menguante.

El tabernero.- ¿Puedo opinar o no puedo opinar para saber de qué va esta reunión?
Un borracho.- ¡Vino, por favor! ¡Es necesario el vino para quien vino y quien no vino se quedó sin vino!
«Bakunin».- ¡No os conozco, compañeros y camaradas!
El tabernero.- ¡Yo tampoco te conozco a ti, así que Levante Las Palmas equis! ¡Te pareces a Rasputín solo que en macarra!
Don Desatino.- ¿Quiénes son estos dos golfos?
El tabernero.- ¡Golfos no sino solamente golferas! Desde que nací sé quién soy.
«Bakunin».- ¿Prometéis no volver nunca más por aquí?
El tabernero.- ¡Depende! ¡Todo depende de lo que depende! ¡Yo dependo, tú dependes, él o ella depende! ¡Nosotros dependemos, vosotros dependéis y ellos o ellas dependen! ¡También lo sé decir en cuanto a chupar se dice! ¡Yo chupo, tú chupas, él o ella chupa! ¡Nosotros chupamos, vosotros chupáis y ellos o ellas chupan! Sigue Leyendo...

Noches de bohemia con luna menguante (Teatro) -7-

Escena Séptima.

Personajes.- El ordenanza, Don Filisberto, Don Diamantino, Dorita, Clarita, Pereda.

Escenario.- Noche cerrada. Un rincón del mesón «Las Cuevas de Luis Candelas» en el Arco de Cuchilleros de la Plaza Mayor de Madrid. Los empleados de un Negociado de Banca están celebrando la despedida de jubilacíón de uno de ellos. Al fondo del escenario, y colgada del techo, hay una luna menguante.

El ordenanza.- ¡Aquí se reunía el famoso bandolero y asaltador de caminos Luis Candelas con todos sus malhechores! ¡Perfecto lugar para celebrar la despedida de uno de los nuestros! ¡Feliz Don Diamantino que ya no tendrá que seguir madrugando de lunes a sábado ambos inclusive porque queda muy bien eso de decir ambos inclusive! ¡Qué lástima que no pueda devolverle todavía los mil euros que me prestó hace cinco años pero es una pena penita pena pena de mi corazón no poder quedarme por más tiempo con todos ustedes porque ya me ha dado un aviso mi parienta a través del móvil y tengo que acudir a casa porque si llego más tarde de lo que ella espera me toca dormir en la escalera! Sigue Leyendo...

Noches de bohemia con luna menguante (Teatro) -8-

Escena Octava.

Personajes.- Dieguito, La cerillera, Don Camelo Vela, El ministro.

Escenario.- Noche cerrada. Café Gijón del Paseo Recoletos, en Madrid. Se han citado tres personajes para celebrar una reunión. Sentado, ante una mesa, se encuentra esperando Dieguito. También está en el local la cerillera. Al fondo del escenario, y colgado del techo, hay una luna menguante.

Dieguito (razonando para sus adentros).- ¡Qué nervios! ¿Cómo será Don Camelo Vela en persona? Por la tele, desde luego, se le ve cara de bruto. Me conozco muy bien todas sus obras así que no tendré ningún problema a la hora de hablar con él. Mientras espero tomaré unas cuantas notas para saber qué temas tocar. Pero no… no… no y no… nada de notas… me atreveré a hablar cara a cara con él sin tener que recurrir a ninguna clase de apuntes. ¡Al carajo las notas! ¡Sin ellas puedo dejarle a la altura del betún! A mi ya no me asusta nadie.¡Qué nervios! Pero quiá… quiá… quiá… como él se atreva a venir yo no voy a estar callado… Sigue Leyendo...

Noches de bohemia con luna menguante (Teatro) -9-

Escena Novena.

Personajes.- Estrella, Un pianista, Rubén, Un joven.

Escenario.- Noche cerrada. «Cueva de Sésamo» en la calle Príncipe, de Madrid. Un pianista está tocando «El Himno de la Alegría». Sentados ante la mesa más cercana al pianista se encuentra una pareja de novios que se llaman Estrella y Rubén. Ante la otra mesa más cercana al pianista está sentado un joven. El pianista termina de tocar y suenan los aplausos de Estrella y Rubén. En el fondo del escenario, y colgada del techo, hay una luna menguante.

Estrella.- ¡Bravo! ¡Magnífico! ¡Es usted muy extraño pero también muy extraordinario!
Un pianista.- Pues soy del barrio de Vallecas.
Estrella.- ¿Usted del barrio de Vallecas? ¡Parece todo un ruso!
Un pianista.- De los rusos sólo conozco la ensaladilla.
Estrella.- ¿Se refiere usted a la ensaladilla rusa?
Un pianista.- Ensaladilla rusa con mayonesa Musa.
Estrella.- ¡Genial! ¡Es usted también poeta!
Un pianista.- Yo me entiendo.
Estrella.- ¿Usted se entiende? ¿Con quién se entiende usted? Sigue Leyendo...

Noches de bohemia con luna menguante (Teatro) -4-

Escena Cuarta.

Personajes.- Amador, Don Latino, Maribel, Gadesio, Pérez, Los Clientes, «Clarinete», Capitán Mostacho, Un vigilante, Un vecino, Un guardia, Otro guardia.

Escenario.- Noche cerrada. En la Peña Musical «El Rincón del Arte Nuevo» de la calle Segovia de Madrid, están actuando, de cara a los clientes que abarrotan el lugar, Amador y su íntimo amigo Don Latino. Al fondo del escenario, y colgando del techo, hay una luna menguante.

Amador.- ¡Amo! ¡De verdad que te amo, amo!
Don Latino.- ¿Me amas más que a Maribel?
Amador.- ¡Más que a Maribel y a todos los otros!
Don Latino.- ¿Es que ha habido otros?
Amador.- ¡Por la Libertad! ¡Lo hago por la Libertad! ¡Cobrando por supuesto! ¡Si no hay billete no hay filete!
Don Latino.- ¡Déjate guiar, Amador, déjate guiar!
Amador.- ¡Guíame hasta la cama, por favor! ¡Me duele! ¡La cabeza y el corazón al mismo tiempo!
Don Latino.- ¿Te apetecen antes de eso unos buñuelos de viento?
Amadoor.- ¡Me muero! ¡Me muero por unos buñuelos de viento o sin viento!
Don Latino.- ¡Un café cargado nos vendría de perlas!
Amador.- ¡Qué perla eres! ¡Cómo me cuidas! ¡Cómo me mimas! ¡Cómo me amas! ¡Como mi todo!
Don Latino.- ¡Qué pesado eres Amador! ¡De verdad que pesas más que una vaca en brazos toda la santa noche! ¡Corre un estúpido velo sobre estos temas, Amador, y concéntrate en lo que cantas porque cantar vaya que sí que estás cantando!
Amador.- ¡Qué vergüenza! ¡Estoy cantando de lo lindo que soy! ¡Quiero irme de aquí! ¡Quiero a mis buenos aires querido! ¡Préstama a tu Mercedes, por favor!
Don Latino.- ¡Todo te lo permito menos que pongas una mando sobre mi Mercedes!
Amador.- ¡Me refiero al carro! ¡No tengo dinero ni me ha tocado la lotería!
Don Latino.- ¡Está bien, mi nene! ¡Está bien, mi pibe! ¡Está bien, mi Flás Gordo, quiero decir mi Flash Gordon, pero viéndote de cerca pues, esto, ya ves como sós vos, Maradonna de los cantautores! Sigue Leyendo...

Noches de bohemia con luna menguante (Teatro) -5-

Escena Quinta.

Personajes.- Alberto, Laínez, Un pintor anónimo, Un marchante, Señor Ladino, Otro pintor anónimo, Una voz lejana, Dos policías.

Escenario.- Noche cerrada. Buhardilla de la calle San Bernardo de Madrid. Se está celebrando una reunión de pintores y gentes del Arte. Todos tienen en sus manos vasos llenos de cubalibres. En el fondo de la escena, y colgada del techo, hay una luna menguante.

Alberto.- ¿Qué tal estás, Láinez? ¿Cómo te encuentras que te veo tan perdido? ¿Te gusta la técnica de El grito de Eduard Munch?
Láinez.- ¡Me encuentro a pesar de todo, Alberto, me encuentro a pesar de todo! ¡Es el grito del dolor! ¿Sabes tú lo que es el grito del dolor, Alberto?
Alberto.- No soy un gato de escayola, Láinez. Tengo mucha vista y por eso tengo muchos sentimientos.
Láinez.- ¿En el páncreas tal vez? ¿Tienes sentimientos en el páncreas tal vez? ¿Y qué me dices del corazón? ¡Claro que para un pintor tan infantil como tú ya es suficiente que sepas lo que es un pastel? Te gustan muchos los pasteles, ¿no es cierto?
Alberto.- ¡Manejo muy bien a las paletas!
Láinez.- Sí. Eres el Benito Perojo de la Pintura. ¡Ya veo que amas a las naturalezas muertas!
Alberto.- ¡Pero estoy vivo, Láinez! ¡Vivito y coleando con un señorota! Mira como canto. ¡Se va el caimán se va el caimán se va para Barranquilla! ¡Mueve la colita la linda señorita! ¡Mueve la colota la fea señorota!
Láinez.- Ya. ¿Quieres que te diga la verdad?
Un pintor anónimo.- ¡Qué interesante charla! ¡Me encanta escuchar a los genios!
Láinez.- La verdad sólo es una.
Alberto.- ¿Y cuál es la verdad?
Láinez.- ¡Vives del cuento, Alberto! ¡Vives del cuento pero no sabes ni pintar con brocha gorda! ¿Tienes la brocha gorda, Alberto? ¿Tú crees que todo lo que dibujaste para el cuento de Otero eran dibujos de verdad? ¡Ni eran dibujos ni eran nada parecido a dibujos, so jeta! ¡Y además tuviste el descaro de querer pedirle una buena suma de dinero por esa mierda que no eran dibujos sino cosas sin sentido alguno! ¡Menos mal que Otero fue más listo que tú y no cayó en tu trampa!
Alberto.- ¡Todo artista que se precie de serlo tiene que valorarse muy alto, Láinez! ¡Mis cuadros son la crema de la crema por no decir la leche de la leche!
Láinez.- Ya. ¿Y éste que hay aquí cómo se llama?
Alberto.- Una casa de locos.
Láinez.- ¡Pues por muchas veces que lo miro, y eso que ya lo he mirado más de mil veces, no veo por ningún lado ni a la casa ni a los locos! ¿Dónde está la casa y dónde están los locos, Alberto? ¡Con razón a tu arte lo llamas informalismo inconceptual! ¡No hay forma de entenderlo ni manera de conceptuarlo para poder definirlo! ¿Qué dice a todo esto Isabel, la propietaria que te alquila esta buhardilla para tus estofados de pintura?
Alberto.- ¡Imaginación, Láinez! ¡Tienes que poner mucha imaginación para poder interpretar mi Arte y ver lo que hay en mis cuadros! ¡Todos los genios somos así!
Un marchante.- ¿Cuánto pides por él, Alberto?
Alberto.- Por ser La casa de los locos y por ser para ti te pido cinco mil euros por él y conste que es una ganga.
Un marchante.- No sabía yo que hubiese tanta genialidad en ese cuadro. ¡Es una verdadera bicoca aunque pareza una cosa loca! Esperaré.
Alberto.- ¡Yo no rebajo ni un céntimo! ¡Lo del regateo queda para quienes sueñan con ser como Butragueño o marroquíes con ganas de joder la marrana! ¡No es bueno para todo un genio como yo rebajar ni un céntimo el valor de sus amados cuadros!
Láinez.- ¿Y esta mancha gris que hay aquí qué es?
Alberto.- ¡Ese es de la Escuela de Juan!
Láinez.- ¿Lo ha pintado tu sobrino Juanito el que va a la guardería infantil?
Alberto.- ¡Te repito que tienes que poner mucha más imaginación! ¡Observa la mancha gris, Láinez! ¡Observa la mancha gris como si fuese La Mancha! ¿Ves La Mancha en la mancha gris? ¡Ten en cuenta que es de la Escuela de Juan Gris y por eso sólo es una mancha! Pero… ¡fíjate bien en la mancha!… ¿De verdad no ves toda La Mancha dentro de la mancha, Laín?
Láinez.- ¡Ni Laín ni leches! ¡Yo me llamo Láinez y no Laín como otro se llama Martínez y no Martín!
Alberto.- ¡Está bien, bonito del Norte!
Láinez.- ¡Un poco más guapo que tú sí que lo soy! ¡Y por mucha imaginación que pongo cuando miro todos tus cuadros yo sólo veo las obras de un estafador!
Alberto.- ¡No te acalores tanto, Láinez! ¡Los genios tardamos mucho tiempo para poder ser comprendidos!
Láinez.-¡Pues estoy ya años esperando a ver si vendes alguno, caradura!
Alberto.- ¡Comprender a un genio es muy difícil, Láinez, pero comprender a un super genio como yo es casi imposible! ¡Eso me diferencia de los genios, amigo mío! ¡Soy mucho más que un genio! ¡Soy un super genio!
Láinez.- ¿Quieres decir que toda esta basura vale millonadas?
Alberto.- ¡La basura es lo que más vale en el Arte de la actualidad! ¡La basura es lo más creativo! ¡La basura es lo que más mola! ¡Pero toda mi basura es basura genial y no basura común! ¿Me entiendes ahora? ¡Soy el artista del momento!
Láinez.- ¡Vaya momento, Alberto, vaya momento!
Señor Ladino.- ¡Un momento, caballeros del caballete!
Láinez.- ¿Qué busca usted, caballero de la caballa!
Señor Ladino.- ¿De quién es toda esta basura?
Láinez.- ¡Del gran Alberto Adrados y Muriarte, el Supergenio del Arte, aquí presente!
Don Ladino.- ¡Pues le felicito de todo corazón! ¡Me ha llegado al alma! ¡Jamás había visto yo tanta basura junta! ¡Cuánta cantidad de genialidad escondida! ¡No se la ve presente por ningún lado pero en alguna parte se ha de encontrar! ¡Creo que lo importante es buscarla con michísima paciencia para poder encontrarla y dar el grito!
Láinez.- No intente regatear el precio porque este super genio no rebaja ni un céntimo de ninguno de sus cuadros o que él, y solamente él, llama cuadros.
Un pintor anónimo.- ¡Vaya pifostio!
Alberto.- Prefiero no haberlo escuchado…
Láinez.- Lo mejor es hacer como el avestruz cuando presiente el peligro, ¿no es cierto, Alberto? ¿Has pintado alguna vez a una avestruz para cambiar de tema?
Otro pintor anónimo.- ¡So golfo!
Alberto.- ¡Que me asesinan! ¡Que me asesinan!
Una voz lejana.- ¡O dejan de armar tanto pifostio o llamo a la policía!
Don Ladino.- ¡Es usted toda una gloria nacional, Alberto! ¡Puedo hacerle un gran favor! ¡Si me da usted a mí esos cinco mil euros que pide por La casa de los locos, yo me comprometo a alquilar una camión de gran tonelaje y me llevo todas sus obras a Vaciamadrid! ¿No le gusta mi oferta? ¡Al fin y al cabo usted también está de acuerdo en decir que es basura! ¡Basura genial pero basura nada más! ¿Le interesa el trato?
Láinez.- ¡Que le repito que este super genio de Alberto no quiere rebajar ni un sólo céntimo! ¡Por mucho que le ofrezca no lo va a admitir! ¡Yo creo que pinta tanta basura y tiene tanta basura reunida aquí porque sufre del síndrome de Diógenes!
Otra voz lejana.- ¡O dejan de armar tanto pifostio o también llamo yo a la policía!
Láinez.- ¡Silencio todos que vienen a por nosotros!
Alberto.- ¡Que me asesinan! ¡Que me asesinan!
Dos policías (entrando en la buhardilla tras dar una patada a la puerta y hablando al mismo tiempo).- ¡Borrachos! ¡Golfos!
Las dos voces lejanas al mismo tiempo.- ¡Hay que ver cómo está el Mundo del Arte! Sigue Leyendo...

Noches de bohemia con luna menguante (Teatro) -6-

Escena Sexta.

Personajes.- Carlos, Un transeunte, Luis, Un guardia.

Escenario.- Noche cerrada. Jardín de Atenas de la calle Segovia, en Madrid. Carlos y Luis están caminando de un lado a otro. Al fondo del escenario, y colgada del techo, hay una luna menguante.

Carlos.- ¡Canallas! ¡Asalariados! ¡Cobardes!
Un transeunte.- ¿Se está dirigiendo a mí?
Carlos.- ¡Esbirro!

(El transeunte sale corriendo a toda velocidad)

Luis.- ¡Buena noche tenga usted, ciudadano de décima categoría!
Carlos.- ¡Y no sólo eso, no sólo eso, Luis, no sólo eso!
Luis.- ¡Cuenta, cuenta, cuenta!
Carlos.- ¿Qué te parece como compañero?
Luis.- ¡Ese es un paria!
Carlos.- ¡Catalanista tenía que ser! ¡Es seguidor del Barcelona habiendo nacido y estando viviendo en Madrid! ¡Es la vergüenza de la vergüenza!
Luis.- ¡En todas partes cuecen habas, Carlos!
Carlos.- ¡Es un paria! ¡Te digo yo, Luis, que ese tal Javier Castillejo es un paria!
Luis.- ¡Tiene menos luces que un suburbio!
Carlos.- ¿Tú eres anarquista, Luis?
Luis.- ¿Por favor, Carlos! ¡Yo respeto las leyes!
Carlos.- ¿También las leyes de la Iglesia?
Luis.- ¡Esas más que las otras! ¡Mi tío jesuíta está feliz conmigo!
Carlos.- ¡Qué horrible servidumbre!
Luis.- ¿Tú te crees proletario, Carlos?
Carlos.- ¡Por lo menos sueño con serlo algún día!
Luis.- ¡Qué pocas luces que tienes, Carlos! ¿Cómo se te ocurre querer regresar a la Edad Media?
Carlos.- ¡Porque estoy harto de los banqueros!
Luis.- ¿Pero no eres de los que trabajan para ellos? ¡Buenos sueldos que ganas cada mes, pillín, bribón, burguesito!
Carlos.- ¡Se merecen la guillotina!
Luis.- ¡No basta con la guillotina! ¡El Barcelona tiene mucha Historia!
Carlos.- ¡El Barcelona no es el Madrid!
Luis.- ¡Ni el Madrid es el Barcelona!
Carlos.- ¿Ya estás otra vez borracho, Luis?
Luis.- ¿No crees que todos los obreros deberían ser, sin ninguna excepción, del Atleti?
Carlos.- ¡Los obreros se creen demasiado importantes!
Luis.- ¡Como me llamo Luis que pienso decírselo al Señor Presidente de España enviándole todo un estudio riguroso de lo que deberían ganar los obreros y la gente de la Banca para pasar hambre y que no se las den de tan importantes! ¡Las clases son las clases y yo, aunque no he acabado ni el Bachillerato Medio, tengo mucha clase! ¡Por eso las chavalas dicen de mì que de casta le viene al galgo y de tal palo tal astilla y genio y figura hasta la sepultura y menos da una piedra y la ignorancia es atrevida!
Carlos.- ¡Eso es! ¡Zúrranos de lo lindo a todos los obreros y a todos los bancarios enviando ese informe al Presidente del Gobierno de España para que pasemos hambre! ¡Gracias Luis!¡Con tu inestimable ayuda podré ser algún día un simple y pobrísimo proletario para poder ser coherente con lo mal que pienso a pesar de lo bien que vivo!
Luis.- ¡En ello estoy, Carlos, en ello estoy!
Carlos.- ¡Y en última instancia, si no responde el Señor Presidente de España, envíalo al Tribunal de La Haya o, por lo menos, al Tribunal de las Aguas de Valencia! ¡Pero envíalo pronto, Luis! ¡No eres más tonto porque más tonto ya es imposible serlo!
Luis.- ¡Acabando con los obreros acabamos con las barcelonistas nacidos y residentes en Madrid!
Carlos.- ¡No me opongo a eso! ¡Viva el Real Madrid! ¡Alea jacta est! ¡Dame la mano, amigo!
Luis.- No puedo. Estoy muy apenado.
Carlos.- ¿Qué te pasa, Luis? ¿Otra vez con la depre?
Luis.- ¡Treinta años llevo sin poder olvidarla!
Carlos.- ¿No te parecen ya demasiado treinta años pensando siempre en la misma?
Luis.- ¡Me rebelo, me rebelo y me rebelo contra el Duranguesado entero!
Carlos.- ¿Pero se puede saber qué te pasa y qué es lo que te pesa?
Luis.- ¡Que se divierten todos a mi costa por no poder olvidarla!
Carlos.- ¡Bárbaros! ¡Son todos unos bárbaros!
Luis.- ¡Hay que conocerlos muy bien, Carlos!
Carlos.- ¡Canallas! ¿Y esos son los que protestan contra la Leyenda Negra?
Luis.- ¿Qué chorrada estás diciendo ahora, Carlos?
Carlos.- ¡La barbarie ibérica es única en la Historia!
Luis.- ¿Tú también estás con la depre?
Carlos.- ¡Todos! ¡Todos los proletarios empleados de Banca estamos con la depre!
Luis.- ¿Dónde se habrá metido el poeta Pepe? ¡Hace años que no le veo! ¡Ese sí que es feliz! Sigue Leyendo...

Noches de bohemia con luna menguante (Teatro) -15-

Escena Decimaquinta.

Personajes.- Ovispo, Royo, Piluca, Rico, Larisa, La periodista, Un mensajero.

Escenario.- Noche cerrada. Fiesta de Fin de Carrera en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid. Al fondo del escenario, y colgada del techo, hay una luna menguante.

Ovispo.- ¡Bebamos! ¡Por la salud de todos mis compañeros feligreses! ¡Bebamos!
Royo.- ¿Pero qué rollo es éste?
Ovispo.- ¡Hoy hemos cumplido con el undécimo mandamiento que dice copiarás en todo lo que harás!
Piluca.- Este tipo cada vez está más feo. ¡Qué cosa más fea, pardiez!
Ovispo.- ¡Diez! ¡Te pongo un diez! ¿Quién habla mal de mí?
Royo.- Todos los que te conocemos.
Ovispo (canturreando).- ¡Olvidemos el pasado, olvidemos el pasado y volvamos al amor!
Royo.- Cuando yo digo que este menda es un rollo…
Piluca.- ¡A decir verdades la única verdad es que yo no estoy contenta!
Ovispo (canturreando).- Porque si no es a tu lado, porque si no es a tu lado ¿dónde voy a estar mejor?
Rico.- ¡Aquí hay algo que no funciona y me parece que es tu coco, Ovispo!
Ovispo.- ¡Calla, mama y racho! ¡José Antonio Primo de Rivera ya lo decía!
Royo.- ¿Nos vas a soltar otro rollo de los tuyos?
Piluca.- ¡Si esto es una Fiesta de Fin de Carrera yo no soy Piluca sino peluquera!
Royo.- ¡Arrea! ¡Una intelectual arreando de lo lindo! ¡Y qué linda es!
Ovispo.- ¡Esta noche bebo para no olvidaros, compañeros del asma mía! ¡Qué asma! ¡Ay que asma que tengo yo!
Piluca.- ¿Yqué pasa con las compañeras? ¿Nos tratas como a las extranjeras?
Ovispo.- ¡Tengo suficiente dinero para comprar tu silencio, Piluca! ¡Para eso soy parrillero! Sigue Leyendo...

Noches de bohemia con luna menguante (Teatro) -10-

Escena Décima.

Personajes.- Una vieja pintada, Don Florentino, La Lunares, José Luis.

Escenario.- Teatro Real de Madrid, en la Plaza de Isabel II. Cuatro personajes están representando el destino de dos donjuanes. Sentados todos en sillas. No hay ninngún otro elemento decorativo. Al fondo del escenario, y colgada del techo, hay una luna menguante.

Una vieja pintada.- ¿Quién desea hablar en primer lugar?
Don Florentino.- Tengo miedo.
Una vieja pintada.- ¿De las ratas o de los ratones? ¿Tiene usted miedo de las ratas o de los ratones? Son dos cosas muy diferentes aunque parecen lo mismo.
Don Florentino.- ¡De las brujas como usted! ¡Ay, ay, ay! ¡Mis muelas!
Una vieja pintada.- Ja, ja y ja. ¡Que le den morcillas a usted y a sus muelas!
Don Florentino.- ¡Ay, ay, ay! ¡Mis muelas!
Una vieja pintada.- ¿Alguien más quiere decir algo más que llorar por sus muelas? Sigue Leyendo...

Noches de bohemia con luna menguante (Teatro) -11-

Escena Undécima.

Personajes.- El poeta, Tío Tino, Una madre, La portera.

Escenario.- Noche cerrada. En el rincón más oscuro del Pasaje de Cavanilles, en Madrid, están hablando El poeta y el gitano Tío Tino, sentados en dos cajones de madera mientras beben de una bota de vino. Al fondo del escenario, y colgada del techo, hay una luna menguante.

El poeta.- Debajo de las estrellas se sueña mejor.
Tío Tino.- Así es.
El poeta.- ¿Y entonces para qué bebemos?
Tio Tino.- Para gozar.
El poeta.- No, Tío Tino. Yo bebo para algo más.
Tío Tino.- ¡Que me aspen si te entiendo!
El poeta.- Préstame cien euros y verás cómo si me entiendes cuando no te los devuelva.
Tío Tin.- ¡Es fantástico sablear a los demás!
El poeta.- Y pensar que esa no es nunca mi intención…
Tío Tin.- ¡Arriba las más bellas ! ¡Arriba las botellas!
El poeta.- No. Esta vez no brindo más.
Tío Tino.- ¿Es que te vas de verdad?
El poeta.- ¡Ignorante! ¡Nunca he estado aquí!
Tío Tino.- ¡Claro! Como tú si has estudiado en la Universidad…
El poeta.- Mi pequeña fortuna, lograda con el sudor de mi frente, me ha costado. ¿Tiene algo que reprocharme por ello?
Tío Tino.- En realidad, no; pero para los demás esta vida es nuestra tragedia.
El poeta.- La tragedia muerta nunca es una tragedia.
Tío Tino.- ¡Pues algo será!
El poeta.- Exacto. Algo es. Se llama esperpento.
Tío Tino.- ¿De dónde sacas esa filosofía?
El poeta.- Viendo cómo os perdéis lo mejor de la noche.
Tio Tino.- ¿Qué es lo mejor de la noche si no es beber para olvidar?
El poeta.- Poder mirar para arriba y contemplar a las estrellas para no olvidar jamás.
Tío Tino.- ¡Mucho camino has andado tú a pesar de tu corta edad!
El poeta.- Sin admiraciones, Tío, sin admiraciones exageradas. No es necesario que me admire tanto. Pero sí. He caminado mucho. ¿Y usted? ¿Qué ha hecho usted con todas las perras que guarda debajo del colchón más las que ha ido sableando por ahí a los ingenuos que buscaron su protección?
Tío Tino.- ¡Tenerlas a mi lado!
El poeta.- ¿Tiene a su lado tantas perras para no saber qué hacer con ellas o quizás para ir contándolas una a una cuando tiene insomnio en lugar de contar ovejas? ¿Sólo las tiene para beber y volver a beber creyendo que viaja a través de sus resacas?
Tío Tino.- Es mi costumbre y la de los míos.
El poeta.- Pue eso es el esperpento, Tío Tino, eso es el esperpento que todos vosotros estáis viviendo.
Tío Tino.- ¡Estás totalmente loco!
El poeta.- Ido pero no loco. Al menos puedo leer en el fondo de mi alma.
Tío Tino.- ¡Aquí el único que manda soy yo! ¡Estás empezando a contagiar a todos los demás con tu rebeldía!
El poeta.- Grotesca manera de llamar civilización a la incultura.
Tío Tino.- Pues esto es lo que hay.
El poeta.- Usted olvida que el mundo es un espejo mucho más grande que ese en el que usted se mira cuando se levanta para afeitarse con la intención de que los demás le respeten.
Tio Tino.- ¿Y tú? ¿Por qué no me respetas tú?
El poeta.- Olvida usted que hace ya muchos años que yo me marché.
Tío Tino.- ¿Y dónde está tu espejo?
El poeta.- Ya le dije que en el fondo de mi alma; allí donde no todos pueden llegar.
Tio Tino.- ¡O eres un loco o eres un genio! ¿No tienes término medio?
El poeta.- En el término medio se han quedado todos ustedes. En el término medio de la mediocridad.
Tío Tino.- ¡Pronto saldremos de este callejón!
El poeta.- No podrán hacerlo mientras se oculten siempre contra estas paredes ¡Las paredes sólo son valiosas cuando son derribadas!
Tío Tino.- ¡El mundo no nos admite!
El poeta.- Explíquele a todos la causa de por qué el mundo si me admitió a mí.
Tio Tino.- ¡Tienes muchas ganas de guasa esta noche!
El poeta.- Y usted tiene demasiado miedo no sólo esta noche sino todas las demás.
Tío Tino.-¡No hemos podido tener a nadie que nos dé nuestra oportunidad!
El poeta.- ¿Yo tuve a alguien que me la dio o fui yo quien la capturé cuando nadie me la daba?
Tio Tino.- La verdad es que no sé cómo lo lograste…
El poeta.- Porque no quise morir.
Tío Tino.- La verdad sea dicha, nadie madrugó tanto en la barriada.
El poeta.- ¡Despertad ya! Sigue Leyendo...

Noches de bohemia con luna menguante (Teatro) -12-

Escena Duodécima.

Personajes.- «Max», «Dino», «La Niña», «El Pellista», «Ganzúa», «El Pirata», «La Porrera», «El Albañil», «La Javi», «La Trapera», «El Tirado», «Reno».

Escenario.- Noche cerrada. Garaje abandonado en la calle Puerto Alto, de Vallecas, en Madrid. Están reunidos toda la pandilla completa. Al fondo de la escena, y colgando del techo, una luna menguante.

«Max».- ¡Es la última vez que «Los Moracos» se chulean de nosotros!
«Dino».- ¡La zurra que les vamos a dar va a hacer historia en las Crónicas de España!
«Max».- ¡Los muy canallas parecen mosquitas muertas!
«Dino».- ¡Tararí que te ví! ¡Ni queremos a Alá ni queremos a Alí!
«La Niña».- ¡Maricas! ¡Cobardes! ¿Qué tengo que hacer yo?
«Max».- ¡Tú serás el cebo! ¡Ya veréis como esos caen como mosquitos trompeteros! ¡Van a aprender, pero que muy bien aprendido, lo de a un pastel de rica miel diez mil moros acudieron y por salidos murieron presos de patas en él!
«Dino».- ¡Cómo se te notan las clases de Literatura de Don Porfirio!
«Max».- Yo… que tengo buena memoria… solamente eso…
«La Niña».- ¿Y no puede ser otra la que haga de cebo? Es por si las moscas son demasiado verdes…
«El Pellista».- ¡Mientras yo sea un pillo no te tocan ni el flequillo, chavalilla!
«El Ganzúa».- ¿Y por qué no vamos a su guarida y les asaltamos directamente? A mí no hay cerradura que se me resista. ¡Para algo soy «El Ganzúa»!
«El Pirata».- ¡Baje el pirata que llaman!
«El Pellista».- ¡No es así!
«La Porrera».- ¿Y qué va a pasar con los porros? Si los liquidamos a todos desaparecen los camellos para siempre…
«El Pirata».- ¡Ya lo sé! ¡Ya me acuerdo! ¡Se dice bajel pirata que llaman!
«El Pellista».- ¡A mi me importa menos que un pepino si desaparecen los porros o si no desaparecen los porros! ¡A la porra!
«La Porrera».- Pero… ¿no podríamos dejar que se quede «El Mojamé»?…
«El Pellista».- ¡A ese le tengo más hincha que a todos porque es del Barcelona!
«El Pirata».- ¡Por mi bravura el temido!
«La Niña».- Si tú lo dices… pero… ¿no podría ser otra el cebo?… ¡»La Javi» también está muy buena!
«El Albañil».- ¡Yo ya tengo preparado el capacho de los ladrillos!
«El Pellista».- ¿Es que vamos a emparedar a alguno?
«La Niña».- Repito que por qué no puede ser «La Javi» el cebo.
«La Javi».- ¡Prudencia, mucha prudencia! ¡Tenemos que actuar con mucha prudencia y asegurarnos el triunfo! ¡Yo no puedo ser el cebo porque me pongo muy nerviosa!
«La Niña».- ¿Y tú te crees que yo soy Agustina de Aragón?
«La Trapera».- ¡Resolvamos el conflicto del cebo haciendo una votación democrática!
«El Pirata».- ¡No tenemos urnas ni tenemos tiempo! ¡Mi hermana será el cebo como ya ha dicho «Max» y «Max» sabe muy bien lo que dice!
«El Tirado».- ¡Como se me inflen las narices tiro a unos cuántos por el barranco!
«La Niña».- ¡No tires tanto, «Tirado»!
«El Tirado».- ¡Yo tiro a todo lo que haya que tirar!
«El Pellista».- ¡Menos lobos, Caperucita, menos lobos!
«La Niña».- ¡Tira a quien quieras menos a mí!
«El Tirado».- ¡Si te pones a tiro no sé lo que me hago!
«El Albañil».- ¿Qué hacemos con tantos ladrillos? ¿Se los tiramos o no se los tiramos?
«El Tirado».- ¡Que repito una vez más que yo tiro a todo lo que haya que tirar!
«La Porrera».- ¡Si seguimos tirando no vamos a parar nunca de tirary ya está bien de tanto tirar porque el asunto clama al cielo!
«El Albañil».- ¡Tengo el arma perfecta para las barbas del «Mojamé»! ¡La paleta!
«Max».- ¿Quién es la paleta? Sigue Leyendo...

Noches de bohemia con luna menguante (Teatro) -12-

Escena Duodécima.

Personajes.- «Max», «Dino», «La Niña», «El Pellista», «Ganzúa», «El Pirata», «La Porrera», «El Albañil», «La Javi», «La Trapera», «El Tirado», «Reno».

Escenario.- Noche cerrada. Garaje abandonado en la calle Puerto Alto, de Vallecas, en Madrid. Están reunidos toda la pandilla completa. Al fondo de la escena, y colgando del techo, una luna menguante.

«Max».- ¡Es la última vez que «Los Moracos» se chulean de nosotros!
«Dino».- ¡La zurra que les vamos a dar va a hacer historia en las Crónicas de España!
«Max».- ¡Los muy canallas parecen mosquitas muertas!
«Dino».- ¡Tararí que te ví! ¡Ni queremos a Alá ni queremos a Alí!
«La Niña».- ¡Maricas! ¡Cobardes! ¿Qué tengo que hacer yo?
«Max».- ¡Tú serás el cebo! ¡Ya veréis como esos caen como mosquitos trompeteros! ¡Van a aprender, pero que muy bien aprendido, lo de a un pastel de rica miel diez mil moros acudieron y por salidos murieron presos de patas en él!
«Dino».- ¡Cómo se te notan las clases de Literatura de Don Porfirio!
«Max».- Yo… que tengo buena memoria… solamente eso…
«La Niña».- ¿Y no puede ser otra la que haga de cebo? Es por si las moscas son demasiado verdes…
«El Pellista».- ¡Mientras yo sea un pillo no te tocan ni el flequillo, chavalilla!
«El Ganzúa».- ¿Y por qué no vamos a su guarida y les asaltamos directamente? A mí no hay cerradura que se me resista. ¡Para algo soy «El Ganzúa»!
«El Pirata».- ¡Baje el pirata que llaman!
«El Pellista».- ¡No es así!
«La Porrera».- ¿Y qué va a pasar con los porros? Si los liquidamos a todos desaparecen los camellos para siempre…
«El Pirata».- ¡Ya lo sé! ¡Ya me acuerdo! ¡Se dice bajel pirata que llaman!
«El Pellista».- ¡A mi me importa menos que un pepino si desaparecen los porros o si no desaparecen los porros! ¡A la porra!
«La Porrera».- Pero… ¿no podríamos dejar que se quede «El Mojamé»?…
«El Pellista».- ¡A ese le tengo más hincha que a todos porque es del Barcelona!
«El Pirata».- ¡Por mi bravura el temido!
«La Niña».- Si tú lo dices… pero… ¿no podría ser otra el cebo?… ¡»La Javi» también está muy buena!
«El Albañil».- ¡Yo ya tengo preparado el capacho de los ladrillos!
«El Pellista».- ¿Es que vamos a emparedar a alguno?
«La Niña».- Repito que por qué no puede ser «La Javi» el cebo.
«La Javi».- ¡Prudencia, mucha prudencia! ¡Tenemos que actuar con mucha prudencia y asegurarnos el triunfo! ¡Yo no puedo ser el cebo porque me pongo muy nerviosa!
«La Niña».- ¿Y tú te crees que yo soy Agustina de Aragón?
«La Trapera».- ¡Resolvamos el conflicto del cebo haciendo una votación democrática!
«El Pirata».- ¡No tenemos urnas ni tenemos tiempo! ¡Mi hermana será el cebo como ya ha dicho «Max» y «Max» sabe muy bien lo que dice!
«El Tirado».- ¡Como se me inflen las narices tiro a unos cuántos por el barranco!
«La Niña».- ¡No tires tanto, «Tirado»!
«El Tirado».- ¡Yo tiro a todo lo que haya que tirar!
«El Pellista».- ¡Menos lobos, Caperucita, menos lobos!
«La Niña».- ¡Tira a quien quieras menos a mí!
«El Tirado».- ¡Si te pones a tiro no sé lo que me hago!
«El Albañil».- ¿Qué hacemos con tantos ladrillos? ¿Se los tiramos o no se los tiramos?
«El Tirado».- ¡Que repito una vez más que yo tiro a todo lo que haya que tirar!
«La Porrera».- ¡Si seguimos tirando no vamos a parar nunca de tirary ya está bien de tanto tirar porque el asunto clama al cielo!
«El Albañil».- ¡Tengo el arma perfecta para las barbas del «Mojamé»! ¡La paleta!
«Max».- ¿Quién es la paleta? Sigue Leyendo...

Noches de bohemia con luna menguante (Teatro) -13-

Escena Decimotercera.

Personajes.- Darío, Lara, Madama Coletas, Piris, Claudia, Martini, Basinake, El hortera, Un camionero.

Escenario.- Noche cerrada. Fiesta de Carnaval en la Plaza Mayor de Madrid. La Peña de «El Grupo» lo está celebrando bebiendo como cosacos y como cosacas. Al fondo del escenario, y colgada del techo, hay una luna menguante.

Darío.- ¡A las cuatro viene el señor alcalde!
Lara.- No puede ser cierto tanta felicidad.
Darío.- ¿Usted no tenía un reloj en la muñeca, Madama Coletas?
Madama Coletas.- ¡Por mis dos coletas a lo Calzaslargas que no sé quién me lo habrá robado!
Piris.- Quien haya sido se ha dado el pire.
Darío.- ¡No hay derecho! ¡Es una infamia! ¡Es un descrédito! ¡Es una injusticia! ¡Es una fechoría! ¡Es un deshonor! ¡Esto es un atraco! Sigue Leyendo...

Noches de bohemia con luna menguante (Teatro) -14-

Escena Decimacuarta.

Personajes.- Juan Escudero, Junior Escudero, Rubén, Radamés.

Escenario.- Noche cerrada. Chalé de la calle de Arturo Soria de la Ciudad Lineal de Madrid. El conjunto musical «Los Zapatines» está reunido parsa ensayar un nuevo repertorio de composiciones. En el fondo del escenario, y colgada del techo, hay una luna menguante.

Juan Escudero.- ¡Esa peluca tiene mucho polvo, Junior!
Junior Escudero.- ¡Qué más quisieras tú que tu peluca tuviese tanto lustre como la mía!
Juan Escudero.- ¡La tuya no tiene lustre sino un lustro!
Junior Escudero. ¡Pues hace un lustro que tú no te comes ni media rosquilla! ¡Tienes una cara de boniato que pareces todo un papayal!
Juan Escudero.- ¡Tú siempre dando la nota! ¡Vas a ir a papá!
Junior Escudero.- ¿Quién te has creído que eres tú? ¿El Llanero Solitario de sálvese quien pueda? ¡No te jode el Pollo del Arete!
Juan Escudero.- ¿Y tú de donde has sacado ese piercing tan chabacano? ¡Eres un pringao!
Junior Escudero.- Fue idea genial del manager. Lo piden mis fanáticas y tengo encanto.
Juan Escudero.- Pues si tus fanáticas te piden eso es que están bastante extraviadas. ¿Te estás extraviando por culpa de esas extraviadas? ¡Lo llevas claro! ¡Quizás hasta pueda que tengas encanto si son todas ellas tan cegatas, pero no sabes ni cantar los pollitos dicen pío pío pío cuando tienen hambre cuando tienen frío! ¡Cantas peor que una gallina afónica!
Junior Escudero.- ¡Ni pío, Juan, no digas ni pío porque tú cantas como un pollino con paperas!
¿Te has enterado ya bien enterado del todo? ¡So enterado! ¡No eres más que un so enterado!¡Papá me prefiere a mí! ¡Chínchate! ¡Como le diga a papá que me estás haciendo llorar se te va a caer la peluca para siempre!
Juan.- ¡Releches! ¡Qué mal gusto tiene papá y qué mala suerte tengo yo con un hermano tan bobo! Sigue Leyendo...

El Juicio de José (Teatro).

Mesa preparada para desayuno. Vajilla y cubertería con cierto lujo característico de la clase media-alta. Reloj de pared. Buena luz. 5 sillas alrededor de la mesa. 4 personas sentadas. Están desayunando. Son Anita, Tania, Jaimito y Leandrita. El que falta es José.

Anita.- Apúrense niños. Dénse prisa o llegarán tarde al colegio. ¡¡José!! ¡¡José!! ¡¡Que se te pasa la hora!!

Voz de José.- ¡¡Ya bajo Anita!! ¡¡Es esta dichosa corbata que me regaló tu mamá!!

Anita.- ¡¡No eches la culpa a mi mamá y baja rápido que se te enfría el café!! Sigue Leyendo...

El Juicio de José (Teatro). Escena Segunda.

Sala de hospital. Una camilla con bulto «humano» bajo la sábana. Foco de luz blanca. Botellín de suero. Un aparato medidor de pulsaciones de corazón con sonido muy lento (bip… bip… bip…). Al frente hay una Luz Azul.

José (Monologando).- ¿Qué ocurre? ¿Dónde estoy? ¿Por qué visto así? ¿Qué es todo esto? ¿Dónde está mi terno? ¿Y estas zapatillas? ¿Por qué llevo puestas estas zapatillas en lugar de mis zapatos? ¿Y esa camilla? ¿Quién yacerá ahí?

(José se acerca despacio hacia la camilla mientras el aparato medidor sigue lentamente con su bip… bip… bip… hasta que levanta la sábana. José se vuelve repentinamente hacia el público. Está completamente perplejo) Sigue Leyendo...

El Juicio de José (Teatro). Escena Tercera.

Mesa preparada para cenar.Vajilla muy humilde. Vela encendida. Están cenando Luisa y sus cinco hijitos de corta edad (dos niños y tres niñas). Tristeza en todos los rostros. Ropajes muy humildes.

José (Volviendo su mirada hacia ellos).- Pero… ¡si es mi cuñada Luisa con sus cinco hijos! ¿Cómo puede ser que vivan en tal pobreza? ¿Y mi hermano Pablo? ¿Dónde está mi hermano Pablo?

(José se acerca a la mesa y la rodea para atraer la atención de todos ellos)

José.- ¡Luisa! ¡Sobrinos! ¡Escuchen! ¿Qué les ha sucedido? ¿Por qué están todos tan trsites? ¡Cuéntenme! ¿Es que no me oyen? ¿Es que no me ven? ¡Luisa!… ¿dónde está mi hermano Pablo? Sigue Leyendo...